«El escritor es el guardián de las palabras ante la posverdad»

El escritor Tomás Sánchez Santiago./SANTOS PERANDONES
El escritor Tomás Sánchez Santiago. / SANTOS PERANDONES

El novelista zamorano presenta hoy 'Años de mayor cuantía', Premio Tigre Juan 2018, donde explora la historia reciente de España Tomás Sánchez Santiago.

KAY LEVINGIJÓN.

El escritor Tomás Sánchez Santiago (Zamora, 1957) llega hoy a Gijón para presentar su última novela, 'Años de mayor cuantía', editada por Eolas. Será en la antigua Escuela de Comercio en un acto del Aula de Cultura de EL COMERCIO en colaboración con el Ateneo Jovellanos y la librería La Buena Letra (19.30 horas). Una obra por la que en noviembre de 2018 recibió el premio Tigre Juan, otorgado por la Asociación Tribuna Ciudadana con la colaboración del Ayuntamiento de Oviedo y dotado con 10.000 euros. Un galardón que, reconoce, todavía está «saboreando, a pesar del susto». Su novela fue reconocida por el jurado por ser «una suerte de autobiografía sentimental que también se configura como una pequeña historia de la política de España». En ella mezcla realidad y ficción con «una mirada puesta en las hojas del calendario y otra bien fija en los sucesos aparentemente menores que terminan por perfilar las fronteras del carácter», con pasajes de la Guerra Civil española, la dictadura franquista y la Transición.

-¿Qué ha supuesto para usted alzarse con el premio Tigre Juan?

-Los premios tienen una alta dosis de agradecimiento, todavía lo estoy saboreando. Uno no se presenta: me cayó encima. Eso siempre me deja con la sospecha de que el libro tiene unos merecimientos que uno no acaba de ver, quizás por estar demasiado cerca, especialmente porque tiene mucho de mi médula personal.

-¿Cómo surgió su novela y cómo se podría calificar?

-Es un libro de ficciones entre varios géneros, lo que da lugar a una serie de pasadizos entre relatos con un coro de voces más o menos consonantes o disonantes que hace difícil calificarlo. En él apuesto por la esencia de la vida: lo híbrido, lo irregular, lo incompleto, lo inseguro o las zozobras. Hay una poética personal incluida en sus trazos.

-Mezcla memorias, crónicas, diario, cuento y poesía. ¿A qué se debe esta variedad?

-No soy un novelista, por lo que el libro no fue perpetrado, sino que se fue fraguando a sí mismo. Los formatos se generaron de manera no deliberada, al margen de mi voluntad. El detonante para escribirlo fue un relato de la Guerra Civil de mi padre. Lo hice con la estricta vocación de devolver a mi familia lo que nunca se nos quiso contar del todo. Ahí entro en terrenos resbaladizos, porque ¿hasta dónde es la memoria objetiva? ¿La historia es una sola o hay varias? Cada relato lleva un concepto como subtítulo: el miedo, la compasión, el azar... los mimbres que nos configuran a todos.

-En el mundo de hoy en día, ¿cuál es el papel del escritor?

-El escritor es o debe ser el guardián de las palabras, de la verdad que contienen, el que debe velar porque no caigan en el desdoro desdichado al que le someten los poderes fácticos, entre políticos y publicistas, en una época que llamamos de la posverdad. Por eso, ser escritor hoy me parece realmente un ejercicio heroico, porque no vive en la complacencia, sino a contracorriente, es lo que le distingue.

-¿Qué pueden encontrar los lectores que les atraiga en este libro?

-Es probable que se radiografíen a sí mismos en esta obra, porque en ella planteo mi versión de la vida como una serie de hechos compartidos, con un factor humano que es común a todos nosotros: no se van a sentir extraños.