«España es ingrata con sus héroes mientras venera a los poderosos»

Isabel San Sebastián. / E. C.
Isabel San Sebastián. / E. C.

Isabel San Sebastián, periodista y escritora, presenta en Oviedo su último trabajo literario, 'La peregrina', ambientada en el Camino Primitivo de Santiago

DIEGO MEDRANO OVIEDO.

Isabel San Sebastián (Chile, 1959), periodista y escritora con gran éxito de público y ventas en novela histórica ('Astur', 'Imperator', 'Un reino lejano'...) vuelve al ruedo literario con su novela 'La peregrina' (Plaza & Janés), ya en las listas de los diez libros más vendidos, que presenta esta tarde (19.30h) en el Teatro Filarmónica de Oviedo.

-Retoma a uno de sus personajes más famosos, protagonista de 'La visigoda'. ¿Quién es Alana de Coaña?

-Es la relatora en primera persona, a título de diario, del viaje que realiza Alfonso II El Casto entre los siglos VIII y IX desde la capital de Asturias a un bosque perdido, el llamado 'Finis Terrae', cerca de 'Iria Flavia', en pos de las legendarias reliquias del apóstol Santiago. Viaje que sienta las bases actuales del Camino de Santiago y cambia el mundo.

-¿Por qué cambia el mundo?

-El Camino de Santiago es la primera autopista cultural de Europa. Se establecen relaciones, intercambios, fruto de la convivencia, de primera magnitud. Es fuente de saber ancestral y cada uno de los peregrinos hace todo lo posible porque se conozca lo suyo, su cultura. Por eso es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, según la Unesco.

-¿Y esa extraña rivalidad entre los diversos caminos?

-Todos los caminos a Santiago son igual de válidos. Cada uno, desde tiempos inmemoriales, llega como puede. Yo recreo el primigenio, el que tuvo que hacer el rey Alfonso II. Todos los caminos llevan a Roma y todos a Santiago. Pero el del interior, por sus dificultades geográficas, unidas a las estratégicas, es el más desconocido e insólito.

-¿Hay burbuja editorial en España?

-Escribo libros y no los vendo. Mis libros se venden muy bien y no me quejo. Un asunto, sujeto a reflexión, debería ser por qué libros y periódicos son los únicos productos susceptibles de devolución. Es un tema muy complejo.

-¿La fase de documentación de novela histórica es la peor?

-Todo lo contrario, es la más sabrosa. Yo aprendo mientras investigo. Recorro el camino y me lleno de sabores, de olores, de gente, de paisaje y paisanaje. Es una máquina del tiempo mediante la cual recorro el espacio que quiero novelar. El final del proceso es invitar al lector a subirse a esa máquina convulsa para realizar juntos el viaje. En la fase de documentación todo empieza: la trama, los primeros personajes, el boceto previo... la escritura son entre ocho y diez horas diarias, sin levantarte de la silla.

-¿Quiénes son sus personajes?

-Nobles enredados en intrigas, fieros soldados, cautivos sarracenos, monjes custodios de turbios secretos... un rey determinado a salvar su reino en mitad de todas las turbulencias. Alana de Coaña, compañera de cabalgadura, con la que espera encontrar a su hijo desaparecido y el desafío de narrar, sin saberlo, la primera peregrinación jacobea de la Historia.

-¿Su mundo es la actualidad y su pasión la Historia?

-Amo mi profesión, me moriré siendo periodista, pero la actualidad me decepciona. Soy crítica con el tiempo que me ha tocado vivir y no son tiempos atractivos. Busco tiempos ejemplares, el del Ángel de Budapest, mi anterior novela, que salvó a miles de judíos o el de Alfonso II lo eran.

-¿No quedan héroes en el presente?

-Hay héroes contemporáneos, claro que sí, pero solo damos cuenta de los villanos. Nuestro presente ensalza la villanía. Cuando quise sacar héroes en mis programas las audiencias se desplomaban. Denostamos a los héroes sin la mínima prudencia: no lo son mientras viven y, cuando se mueren, los olvidamos. Ahí está la memoria colectiva sobre los años del terrorismo. España es ingrata con sus héroes, muy desagradecida, mientras venera sin tasa a los poderosos.

-¿Cree en el progreso moral?

-En arte puede que no haya progreso. Me gusta más cualquier pintura de Altamira que Picasso, pero en cuanto concierne al ser humano, sí hay progreso. Otro tiempo es el de la medicina, la tecnología, la informática. En el plano moral involucionamos: es tiempo de gente muy cobarde, la palabra honor carece de sentido, en la Edad Media había sacrificios personales, hoy nos dejamos llevar por la facilidad y la comodidad sin destacados desafíos personales.

-¿Nos enamoramos u odiamos igual que en la Edad Media?

-Todas las pasiones del alma están en los mitos griegos y no han cambiado. Las pasiones son las mismas: el amor es el amor, el odio es el odio, la ambición es la ambición... la emoción más poderosa es el miedo seguido del amor. Cambia la cultura, la posición, los instrumentos, los códigos, pero el alma humana es idéntica.

-¿Cuál es su relación con Asturias?

-Tengo casa en Cudillero y paso el mayor tiempo posible. Me enamoré de Asturias, sin tener ninguna relación previa con ella. Es mi hogar, amo su gastronomía, sus hayedos, el mar Cantábrico, la forma de ser del asturiano: acogedor, humilde, digno, respetuoso con el prójimo. Hay matices en toda la geografía peninsular, según los orígenes, pero en Asturias me encuentro en mi salsa.

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