«El éxito, para el que lo trabaja; me gano la vida honestamente y puedo decir lo que quiera»

García Martín, en su 'despacho' de Salesas./HUGO ÁLVAREZ
García Martín, en su 'despacho' de Salesas. / HUGO ÁLVAREZ

El colaborador de EL COMERCIO presenta hoy una nueva entrega de su diario que titula 'Hablando claro' José

PABLO A. MARÍN ESTRADAOVIEDO.

'Hablando claro' (Renacimiento) es el título de la nueva entrega de los diarios que José Luis García Martín anticipa cada domingo en EL COMERCIO y que hoy presenta en la librería Cervantes de Oviedo (19 horas), acompañado del escritor Xuan Bello. Horas antes desvelaba algunas de las claves a las que sigue fiel tres décadas después de haber iniciado su serie literaria más personal y, tal vez, la más leída de este autor.

-En 1989 publicaba la primera entrega de sus diarios. Usted sigue siendo el mismo, pero el paisaje ha cambiado, ¿no?

-Me he dado cuenta de que en estos treinta años he escrito una especie de episodios nacionales. Es la historia de España vista no por un protagonista sino un testigo, ni siquiera principal, solo un ciudadano que está alerta. El primer tomo comienza con la caída del Muro, Felipe González, y en este último aparece el problema catalán. Sale la política, pero lo esencial son los hechos históricos. Y aunque se anticipe en un periódico, trato de contar lo que no cuentan los periódicos.

-Pasado el tiempo y ya en libro, ¿no se corre el riesgo de haber errado en sus percepciones?

-Me ha ocurrido en parte con la réplica al Rey por su discurso sobre Cataluña. Decía que fue el gobierno quien se lo hizo leer y después he sabido que fue la Casa Real. Sigo pensando que fue un error y ahí ha quedado constancia de alguien que se atrevió a decirlo públicamente. Recuerdo el comentario de un camarero aquel domingo: «Esas cosas las había visto en internet, en un periódico impreso nunca». Es lo que tengo que agradecer a EL COMERCIO, que se me deje escribir con total libertad. En otros medios no podría.

-¿Le molesta que algunos lectores amigos piensen que su posición en temas como el catalán son por su afición a llevar la contraria?

-Tengo sentido común, conciencia de historia y muchos amigos: Azorín, Larra, Cervantes recordándome que no se escribe solo para este momento. Me gustaría que en 100 o 200 años, si alguien estudia qué se pensaba, no me apunten entre los que defendían la esclavitud. En 1812 en las Cortes de Cádiz, aquellos diputados liberales votaron a favor de la esclavitud y Blanco White escribió en contra. Quiero estar con Blanco White y no con los aliados de los esclavistas.

-'Un español que razona', titula una anotación sobre ese asunto. A alguien le sonará a provocación.

-Está tomado de Gil Albert y puede sonar pretencioso. Lo recordé para acentuar deliberadamente mi patriotismo. Soy un español que valora a su país y que considera que serlo es un honor y no un castigo ni una condena. Es una elección libre. Si quieres que los catalanes estén a gusto en el estado español convénceles de que es la mejor opción.

-Su diario tiene más ingredientes...

-Un diario es siempre una estilización de la vida y lo que de ella pueda interesar a los demás. No escribo para mí mismo ni para atormentar al lector. En los míos hay lecturas, libros viejos que se encuentran por las librerías o en el Fontán, mi relación de enamorado con ellos. También la rutina, tomar café cada mañana en Nueva York o Venecia, todas las ciudades a las que voy y en las que cabe Oviedo y más. Otro ingrediente que ha ido decreciendo es el mundo literario, las sátiras y burlas a escritores, como si me interesaran menos.

-¿Le aburren los ajustes de cuentas?

-Escribo lo que honestamente pienso, no para vengarme ni para adular a nadie. Si reseño un libro de alguien que se ha metido conmigo procuro contrarrestar el sesgo negativo. Por eso dicen que trato peor a los amigos que a los enemigos. Martín López Vega me regaló un libro a condición de que no volviera a reseñar los suyos. Me sobornan para que no hable de sus libros.

-Pero sigue llamando 'al pan pan y al memo, memo'.

-Eso ya muy discretamente. Al pan pan y al memo, «entrañable amigo, apreciado poeta», con distancia, sin entrar en muchos debates. No me meto con alguien que no merezca la pena. También soy muy hipócrita, nunca en público, salvo en Facebook, como todo el mundo: veo un poema horrible y en lugar de decirle: «¿No te da vergüenza escribir eso?» pongo un me gusta y a otra cosa.

-A lo que sigue fiel es a sus frases repetidas. El domingo pasado hacía recuento de algunas.

-Las repeticiones marcan nuestras obsesiones y un ritmo. De todas ellas, la que más me gusta es la de que no sería tan listo como me creo si no supiera que no soy tan listo como me creo. Con esa paradoja he pasado a la historia de las paradojas.

-«El éxito es una vulgaridad», era otra.

-El éxito te corta las alas, tienes que estar pendiente de lo que dices o lo que no dices. Quien tiene un público amplio está preso de él, así que el éxito para el que lo trabaja. Yo por suerte me gano la vida honestamente y puedo decir lo que quiera cuando escribo. No es un mérito, simplemente no soy un escritor profesional.

-¿Lo último que ha aprendido?

-A no estar orgulloso de mis errores, aunque me ha costado. Y a pedir disculpas incluso cuando tengo razón, para no herir. Lo que pasa es que he estado tanto tiempo sin hacerlo que ya no me las aceptan, piensan que les estoy tomando el pelo.