Un fotógrafo descubierto para la historia

Servando García Carreño./
Servando García Carreño.

Un libro revela la peripecia profesional y vital en Asturias de José Zamora, que retrató la sociedad y el trabajo del XIX y el XX

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Fue un hallazgo casual. Planeaban los autores realizar una investigación sobre las fichas de los trabajadores de la Real Compañía Asturiana de Minas en los años 30 y se dieron de bruces con un artista, con un hombre que fue capataz de minas pero que, por pasión, por afición, fotografió a todos sus compañeros, y no solo eso, también la vida social, el devenir de Salinas y su comarca. Su nombre es José Zamora, nació en Cartagena en 1874 y en el año 1903 llegó a Asturias junto a su mujer, Julia Bañón, para incorporarse a la Real Compañía. Nunca más regresó a su tierra. Murió en Galicia en el año 1953, tras mudarse allí para pasar junto a su hijo, el único de los tres que tuvo que le sobrevivió, los últimos años de su vida.

No se cansa de decir Juan Carlos de la Madrid Álvarez, coautor junto a Alfonso García Rodríguez del libro 'Fotografía, industria y trabajo, José Zamora Montero' (Trea), que la vida de este fotógrafo es absolutamente novelesca. «Cuando nos pusimos a estudiar esas fichas, empezamos a ver que no eran fotos de carné, cortadas por los hombros sin más, sino que hay fotos de medio cuerpo, que son unos retratos maravillosos, en los que quedan definidos cómo eran los trabajadores de los años treinta», afirma este investigador curtido en mil territorios que unió fuerzas junto al archivero de Arnao para dar a luz este descubrimiento.

Aparecieron fotografías de niños, de mujeres, hasta de ancianos en activo con setenta años y los dos investigadores se afanaron en saber quién estaba detrás de aquellas imágenes sin firma, sin ningún atisbo de autoría. «Casi por casualidad, por una persona que que aún vive en Alemania y que había hecho fotos para la fábrica, dimos con él; nos soltó su nombre, más bien su apellido, Zamora», explican los autores. A partir de ahí se fue ampliando la búsqueda, se dio con la familia que aún queda en Galicia del fotógrafo y consiguieron rastrear más de dos mil fotografías, tanto impresas en papel como en negativo.

Sus nietos gallegos, los hijos de su hijo Luis, que fue fotógrafo aficionado, trabajó en la Junta de Obras del Puerto de Vigo y murió con cien años, no sabían siquiera que su abuelo había nacido en Cartagena, pero sí aportaron datos de interés para reconstruir su aventura. Vivía en Salinas y en su casa tenía un pequeño laboratorio, donde además de revelar las fotos de la industria de la época, hizo lo propio con otros aspectos de índole social y familiar.

Con todo el material, surgió el libro, que reproduce unos 150 retratos de trabajadores y otras 600 imágenes personales e industriales. Pero, más allá de las instantáneas, están las palabras que las acompañan, con un completo análisis de todos sus retratos, desde el punto de vista tanto fotográfico como el estrictamente laboral. «Lo que hacemos es darle vida a esos retratos, analizamos los trabajos que hacían, cómo eran, por ejemplo, los turnos de un fundidor. Es un rescate de la memoria de los trabajadores».

José era un trabajador con un cierto estatus en la Real Compañía Asturiana de Minas que nunca se consideró a sí mismo como un fotógrafo, y eso que además de la industria disparó sobre otros acontecimientos, como la visita del Príncipe Alfonso de Borbón en 1925. Fue también autor de imágenes que forman parte de una colección de postales antiguas sobre el tranvía eléctrico de Piedras Blancas editadas en Madrid. Los investigadores fueron tirando del hilo e incluso dieron con algunas fotos obra suya que aparecieron firmadas en periódicos asturianos y nacionales como 'Abc' y también en publicaciones científicas y técnicas de países extranjeros. Pero, pese a todo lo hecho, su nombre cayó en el olvido hasta ahora, en que su legado capturado con una cámara Vollenda se torna libro que será presentado el jueves (19 horas) en el Museo de Bellas Artes de Asturias, en Oviedo. Pero este es solo un primer paso. Los autores no descartan que en un futuro se pueda hacer algún tipo de exposición con sus fotografías, porque su trabajo lo merece, y confían también en poder llevar su libro hasta Cartagena, hasta el lugar que abandonó José Zamora siendo muy joven y al que nunca jamás volvió. Quizá ahora sea el momento.