«Al igual que sucedió hace 500 años, América puede entrar en Europa de la mano de España»

Milton Cohen-Henríquez, en la embajada de Panamá en España, en Madrid, con su primera novela. / IÑAKI MARTÍNEZ
Milton Cohen-Henríquez, en la embajada de Panamá en España, en Madrid, con su primera novela. / IÑAKI MARTÍNEZ

El diplomático presenta este viernes en Gijón su primera novela, en la que indaga en la historia de Pedro Arias, fundador de la Ciudad de Panamá Milton Cohen Embajador de Panamá en España

IGNACIO DEL VALLE MADRID.

Milton Cohen-Henríquez, embajador de Panamá en España, presenta este viernes en Gijón 'Los cuadernos delirantes de Pedrarias', en un acto organizado por el Aula de Cultura de EL COMERCIO en colaboración con el Ateneo Jovellanos. Será en la antigua Escuela de Comercio, a las 19.30 horas. Cohen-Henríquez ha ejercido el Derecho, la administración de empresas, la comunicación social, la política, la docencia y la diplomacia. Su primera novela cuenta la historia de Don Pablo, un importante empresario panameño que compra un exótico libro a un anticuario sirio hondureño que le asegura que es uno de los diarios del famoso Pedro Arias D'Ávila, Pedrarias, fundador de la Ciudad de Panamá y feroz gobernador de Panamá y de Nicaragua en los tiempos de la Castilla de Oro y el Reino de Tierra Firme.

-¿De dónde salió el impulso de escribir sobre Pedro Arias Dávila, una figura oculta por las tinieblas de la historia, y más en comparación con Núñez de Balboa?

-Cuando un rabino me explicó que PNM en hebreo (en donde se escribe normalmente sin vocales y estas 'se asumen') podía decir Panamá o Penima ('de mis entrañas' o 'de mi interior') y luego supe que Pedrarias era de un linaje judeo converso, se me ocurrió que tal vez el muy denostado fundador de la Ciudad de Panamá pudo ser un cabalista secreto que tenía un propósito místico y oculto. Su ascendencia judía también explicaría que le hubieran hecho tan 'mala prensa' cronistas como Pedro Mártir de Anglería.

-Utiliza en la novela una vieja técnica: el manuscrito encontrado. Ya lo hizo Cervantes con su Cide Hamete Benengeli...

-Y otros tantos más. Por supuesto que en la novela hay varios guiños a Cervantes ya que, además, cumplen parte del propósito de la novela en cuanto a la verdad común que debemos descubrir para comprender que somos una sola espiritualidad viviendo diversas experiencias humanas.

-El componente judío que usted defiende en Pedrarias impregna toda la novela.

-Es que sin este no se puede explicar la época ni la épica del Nuevo Mundo. Ni tampoco darle un nuevo significado a las conductas 'exóticas' de Pedrarias.

-El humus cultural y religioso tanto musulmán como judío en España es un patrimonio que muchos quieren preterir: Maimónides, Ibn Gabirol, Averroes, Avempace, Avizena...

-Es que España es la Tartesos o Tarsis antigua poblada por íberos, y la Keltike de los celtas, y la Ispán u Ofiusa fenicia, la Sefarad judía, la Iberia de los griegos, la Hesperia y luego Hispania romana, la Gotia visigoda y la Al Andalus arabe, que se decanta en una escencia cultural única y que luego continúa su mestizaje en América. No se puede entender a España y Portugal sin esa acumulación socio-histórica a la que le han dado resalte las ideas de quienes nacieron en su suelo (como los que mencionas), pero también los descendientes de éstos ya no nacidos en la peninsula, como Baruj Spinoza (Benedicto Espinosa) o Elías Canetti (Cañete), para nombrar un par.

-Volviendo a Pedrarias, este es un personaje más grande que la vida, como se suele decir. Tiene una historia fantástica con un ataúd.

-En efecto, cito en el libro la anécdota histórica de que estando Pedrarias en su posesión de Torrejón de Velasco, se sintió enfermo y lo dieron por muerto. Al ponerlo en la sepultura un criado abrazó el ataúd y sintió un movimiento; lo abrieron y vieron a Pedrarias que había recobrado el conocimiento. Desde entonces, Pedrarias tomó la costumbre de repetir el evento en cada aniversario. Es más, siempre llevaba el ataúd consigo y si bien no dormía en él, siempre lo tenía en sus aposentos. De allí yo saco otras explicaciones místicas y rituales que planteo en la novela.

-Su libro trata muchos temas, y uno de ellos me interesó especialmente: el registro Akhásico.

-Es una tradición muy antigua que señala que todo lo que hemos vivido cada ser humano se conserva en una especie de 'Google espiritual' al cual se puede acceder mediante ciertos, digamos, 'algoritmos místicos'. Esta idea no es algo exclusivo de las escuelas herméticas o de la literatura, el Dr. Carl Jung, por ejemplo, lo llamaba 'Inconsciente Colectivo' y lo usaba en sus terapias.

-¿Cuántas vidas ha tenido Milton Cohen-Henriquez?

-La verdad, no lo sé. En esta he sido líder juvenil, vendedor, abogado, político, diputado,periodista, empresario, ministro y en esta 'última encarnación' diplomático y novelista. Antes del 15 de octubre de 1961, y después de junio 2019 ¿quién sabe?

-Otra característica irrenunciable del texto es el sincretismo entre ciencia y religión.

-Yo creo que quien no puede conciliar la ciencia y la espiritualidad es porque no ha leído suficiente. Una vez dije eso en un tuit (usé los términos 'ciencia y religión' en esa ocasión) y tuve un gran debate con un médico ateo militante por ello. Yo pienso que la 'verdad escencial' es sencilla y que el sincretismo entre las distintas religiones (en ese punto escencial) al igual que el sincretismo entre ciencia y espiritualidad nos conducen a 'La Verdad' (así en mayúscula). Pienso que estamos en esta vida para descubrirla y para compartirla.

-La poesía es otro de los pilares de su narración. Hablemos de sus poetas clásicos preferidos.

-La verdad es que, al igual que en la música, no tengo un acervo de poetas o compositores preferidos, sino que admiro el genio que logra producir la armonía a través de la revelación de La Verdad o de los elementos para el autodescubrimiento. Hay poemas que me gustan y hay melodías que me arroban, pero normalmente separo la obra del autor. De hecho las vidas privadas de muchas de estas personas no son tan bellas ni edificantes como su obra.

-Usted es embajador de Panamá en España. ¿Son nuestras relaciones lo suficientemente fluidas?

-Nuestras relaciones son excelentes. Panamá sabe que puede contar con España en Europa y España sabe que puede contar con Panamá en América. Así como gracias a Panamá se pudo desplegar España en América hace 500 años, así mismo lo pueden hacer hoy las empresas españolas en el continente. Así como el intercambio de lo nuestro con Europa se hizo hace 500 años a través de España, hoy podemos entrar en Europa de la mano de España.

-«Si naciste pa martillo, del cielo te caen los clavos», como cantaba Rubén Blades. Descúbranos el arte panameño: escritores, pintores, cineastas...

-Es muy difícil ser artista en Panamá. El arte no siempre tiene tiempo y espacio para florecer. Nuestros artistas más destacados han tenido que ir a profetizar en otras tierras, pero cuando vuelven les mostramos todo nuestro cariño y orgullo de ser sus compatriotas. Rubén Blades, Omar Alfanno, Erika Ender y Los Rabanes, en la música contemporánea, el Maestro Zachrisson, el Maestro Sinclair y su hija la Maestra Olguita, en las artes plásticas, para darte solo unos pocos ejemplos, han tenido primero que triunfar afuera para ser realmente valorados adentro. Estamos dando los primeros pasos en la cinematografia con cineastas como Abner Benaim, Arturo Montenegro, Alberto Serra o Ana Elena Tejera, también solo como ejemplos de esta industria. Por supuesto que para nosotros hay grandes poetas nacionales como Ricardo Miró o Santiago Anguizola y pintores de la talla de Manuel E. Amador (también autor del diseño de la Bandera Nacional) o Roberto Lewis o el Maestro Cedeño y también cantautores de música folclórica y popular, como Victorio Vergara, Yin Carrizo, Osvaldo Atala y los Hermanos Samy y Sandra Sandoval.