«Todo lo interesante le ha ocurrido a la humanidad estando de viaje»

Juliana González-Rivera./
Juliana González-Rivera.

La escritora Juliana González-Rivera reflexiona sobre los relatos que han contado el mundo en la obra 'La invención del viaje'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

La escritora y periodista colombiana Juliana González-Rivera (1984) cree, con Rosi Braidoti, que «ser nómada no es no tener casa, sino la capacidad de recrear tu casa en cualquier lugar». Ella lo ha hecho en Medellín, Bogotá, Madrid, Barcelona y Estocolmo, y todos esos cambios de residencia acabaron en una sistematización del concepto del viaje que se convirtió primero en una tesis doctoral y después en un libro, 'La invención del viaje', que publica ahora Alianza Editorial.

«Todo lo interesante le ha ocurrido a la humanidad estando de viaje», cuenta González-Rivera. «La estructura de los grandes relatos es siempre la misma: la partida, el tránsito y el regreso. Y en ese trasiego sucede todo», asegura la autora, que cita obras tan dispares como la 'Odisea', 'La Guerra de las Galias', 'El Quijote' o 'El señor de los anillos' para resaltar las características comunes en la gran literatura. «Nuestra visión del mundo está marcada por los viajeros que han ido y han vuelto para contarlo. Del viajero es el relato con el que conocemos a los demás hasta que podemos comprobarlo con nuestros propios ojos», apunta.

Pero incluso detrás de libros que aparentan estar escritos sin salir de una habitación hay siempre un gran viaje. «Flaubert contaba que se le había ocurrido 'Madame Bovary' subiendo una pirámide en Egipto«, asevera la escritora.

Traza González-Rivera una línea continúa entre los grandes viajeros, desde Marco Polo a las misiones a la Luna, con paradas en Cristóbal Colón, en la vuelta al mundo y en Darwin, que en el Beagle llevaba anotados los libros de Humboldt. «Los grandes viajeros son motores de los siguientes viajeros y para ellos, 'ir' y 'volver' son dos palabras que acaban perdiendo sentido», resalta la autora.

En tiempos del turismo de masas, el libro de González-Rivera es también una reivindicación del espíritu de los viajeros, que contrapone al sentimiento de aquellos que sólo buscan hacerse un selfi en monumentos y ciudades que desconocen y nunca llegarán a apreciar. «El turista privilegia la experiencia recreativa, en grupo, reclama que todo esté organizado, pide encontrarse con lo mismo que ha visto en los folletos, se hospeda en hoteles que son iguales en todas las partes del mundo y aprecia los parques temáticos, que al final no son sino simulacros».

«Pero lo peor del turismo», continúa González-Rivera, «es que es muy predecible y que acaba siendo peligroso porque el turista siempre compara: 'Lo que hay en mi casa es mejor'. Ante semejante prepotencia cultural, sólo cabe preguntar al turista: '¿Por qué sales de tu casa?'». «En cambio, el viajero», prosigue, «es alguien que tiene una carencia, que no sabe qué es, pero sale de casa para buscar eso que le falta. Desarrolla una visión propia con el objetivo de entender el mundo, así que el viaje es un método científico para conocer el mundo»,