Laura Restrepo: «El discurso feminista no debe ser excluyente, sino cómplice»

Laura Restrepo: «El discurso feminista no debe ser excluyente, sino cómplice»
Laura Restrepo, momentos antes de la presentación, en el Puerto Deportivo de Gijón. / JOAQUÍN PAÑEDA

La autora colombiana habló de su última novela, pero también de la culpa y el silencio en un acto del Aula de Cultura de EL COMERCIO

PACHÉ MERAYO GIJÓN.

Cuenta Laura Restrepo su historia, la historia de su novela 'Los Divinos', como si sus personajes fueran seres reales. Los ha creado con tantos matices, con tanto tiempo, recuerdos, rasgos y precisión, que se han salido del libro, pareciendo capaces de caminar y hablar de la vida. Y así lo hicieron ayer con ella, que volvió a ponerles voz. Esta vez, sin tinta, para presentarlos en el Ateneo Jovellanos, en un acto del Aula de Cultura de EL COMERCIO.

Sin olvidar que pese a ser ficción soportan su existencia novelada sobre un hecho real -el rapto, tortura, violación y asesinato de una niña de siete años ocurrido en Colombia-, los protagonistas que integran la pandilla de «impresentables» de 'Los Divinos' no cobijan en sus movimientos una novela negra, sino un relato que va mucho más allá de los hechos. «El dilema entre el bien y el mal es el verdadero sostén, el verdadero hilo conductor de la novela», decía la premiada autora de Bogotá.

Se lo decía a la muy atenta concurrencia del Ateneo, pero también al escritor y colaborador de este diario Ignacio del Valle, que convirtió su analizada lectura del libro en una serie de preguntas sobre sus pilares. Todas tuvieron respuesta. Y, con las respuestas, la mirada hacia una serie de temas fundamentales que se acarician en la narración, en las maneras de ser contada y en los elementos que utiliza para lograr contexto, veracidad y crítica de una sociedad que, como dice la escritora, «está trivializando tanto la existencia que se está borrando el sentido de la vida».

De una sociedad en la que el silencio está empezando a romperse para dejar de esconder el mal y la voz de las gentes «puede hacer que las cosas cambien». De hecho, Laura Restrepo contó cómo el crimen que da cobertura a su novela -protagonizado por un joven arquitecto que lo tenía todo: belleza, inteligencia, dinero y admiración social- no acabó impune «porque Bogotá salió a la calle y su grito se tuvo en cuenta». Le sirvió a la autora colombiana este hecho para rozar el de 'La manada', que aún mantiene las calles llenas en España -donde ella vive desde hace un tiempo- y recordar que existe algo que se llama «cosificación de la mujer» y una «capacidad asombrosa para crear eufemismos que nos disculpan de lo terrible». Además de un evidente «escenario machista que revela, finalmente, relaciones de poder».

Otro de los grandes temas de su libro, irremediable e imprescindible en sus páginas, la culpa, también estuvo en la presentación, como concepto por el que transitar para describir el presente, para conocer el «caldo de cultivo de los psicópatas. Idea que le hizo reflexionar sobre un hecho latente: el peso de la educación materna en el delito. «Esa madre que no solo disculpa, sino que ante las debilidades del hijo tiende una mano de silencio, permitiendo con su poder satisfacer cuanto él desea».

El diablo -recordó Del Valle- no solo se crea en torno a la falta de amor, sino «al amor en dosis demasiado elevadas».

Los protagonistas de 'Los Divinos' -al margen de la propia Bogotá, que es otro de los sillares- son hombres. El asesino y sus amigos, que tapan el mal, tras un pacto de clase. Pero ayer se habló, sobre todo, de mujeres. Mujer es la víctima. Las víctimas, más allá del libro, de «esa cadena de desprecio que empieza con actos pequeños y acaba desencadenando actos brutales». Laura Restrepo los conoce porque los ha investigado. En cada capítulo de su obra fue «delineando la relación que los varones mantenían con las mujeres de su vida». Las empleadas de la casa, las novias, las esposas, las amantes, las prostitutas. La madre. Cada una de esas relaciones les define y define la situación que, por fin, «está cambiando, que va a cambiar». Pero no, dice la escritora, con «un discurso feminista excluyente, sino con uno feminista y cómplice. Los hombres están empezando a participar y deben hacerlo para que todos avancemos».

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