«Con este libro de poemas cierro muchos círculos»

Pedro Luis Menéndez, instantes antes de la presentación. /  CAROLINA SANTOS
Pedro Luis Menéndez, instantes antes de la presentación. / CAROLINA SANTOS

Pedro Luis Menéndez presentó ayer en Gijón su poemario 'La vida menguante' tras más de treinta años «atascado» en el género

KAY LEVIN GIJÓN.

La infancia perdida, el amor, el desamor, el miedo y la derrota son las cuestiones existenciales en las que se centra Pedro Luiz Menéndez (Gijón, 1958) en su nuevo libro, 'La vida menguante' (Ediciones Trea), que presentó ayer en la Escuela de Comercio. En un acto que presentó el vicepresidente del Ateneo, Luis Rubio, Menéndez recalcó que escribió la obra entre 2002 y 2013 tras «un largo silencio editorial» en su vertiente de poeta, al verse «atascado en un túnel sin salida» por lidiar con «demasiada» carga literaria en sus escritos. Ahora, sin embargo, con este poemario sentía que cerraba «muchos círculos». Entre ellos citó el hecho de que el acto fuera organizado por el Aula de Cultura de EL COMERCIO, «que leo desde niño», y con la presencia de su responsable, María de Álvaro, «antigua alumna mía», recordó. También gracias a este libro ha «logrado colaborar» con Eduardo Yagüe, que creó el vídeo-poema que se estrenó para dar comienzo al acto, y «convencer» a César Iglesias, escritor y «amigo» para presentarlo. Iglesias glosó la figura del protagonista y resumió su nueva publicación como «la elegia de un hombre consciente de estar en las vísperas del final de todos los finales». Además, Menéndez se mostró satisfecho por lanzar 'La vida menguante' en el Ateneo Jovellanos, que en su día presidió su padre, quien se encontraba entre el público. Y, como último círculo cerrado, señaló la importancia que tiene para él publicarlo con Trea, «que es como volver a casa», ya que con el editor, Álvaro Huici, fundó la mítica colección Aeda en los años 80.

En este volumen, el primero en verso desde 'Canto de los sacerdotes de Noega' en 1985, el también profesor de Literatura de varias generaciones en el colegio de La Inmaculada de Gijón retorna a sus orígenes con un diálogo entre la infancia, el paso del tiempo y los laberintos sin salida en que se va convirtiendo la existencia. Pese a este tono, Menéndez quiso indicar que «este yo que hay aquí en el libro no es exactamente el yo que soy ahora, por eso es bueno que los libros reposen... aunque a lo mejor no hacen falta otros 30 años», añadió en tono de humor. Asimismo, defendió «la artesanía» de la poesía, que permite que una persona «conecte con otra mientras lee en su soledad o en silencio», un acto «mágico de comunicación íntima» frente al hábito actual de «las ocurrencias a la que estamos acostumbrados con las redes sociales». Por último, reivindicó la visión del arte como «un juego al que nos sigue gustando jugar».