«Mi libro recuerda que la vida es muy frágil»

El escritor Pedro Luis Menéndez. / CAROLINA SANTOS
El escritor Pedro Luis Menéndez. / CAROLINA SANTOS

Tras décadas sin publicar poesía, regresa con 'La vida menguante', que presenta el miércoles de mano del Aula de Cultura de EL COMERCIO

PABLO A. MARÍN ESTRADA GIJÓN.

Pedro Luis Menéndez (Gijon,1958) publica 'La vida menguante' (Trea), su nuevo libro tras décadas sin editar poesía. Autor de obras como 'Horas sobre el río' o 'Escritura del sacrificio', retorna a sus orígenes literarios en el que tal vez sea su título más personal. El miércoles, presentará su nuevo trabajo en la Escuela de Comercio (19.30 horas) en un acto del Aula de Cultura de EL COMERCIO en colaboración con el Ateneo Jovellanos y la librería La Buena Letra.

-¿Cómo definiría 'La vida menguante'?

-Un libro necesario. Hacía más de 30 años que no publicaba un volumen de poesía. Está escrito entre 2000 y 2013. Ha tenido tiempo de reposar y eso me sitúa a cierta distancia. Fui yo, pero el 'yo' de ahora no es aquel. Algo curioso es que desde un principio vi que ahí había un libro, no eran poemas que haces sin saber a dónde van a ir.

-¿Cuál era ese nexo común?

-El paso del tiempo o la infancia perdida. Luego entró el amor, que parece que lo cura todo y acaba en desamor, demostrando que no todo lo curaba. Es la historia de Teseo y el laberinto: 'Ariadna', se titula una de las secciones, pero no hay el final guapo a lo Disney donde el Minotauro es destruido, no, aquí termina con su victoria y la derrota de Teseo. La derrota está muy presente en el libro.

-Una derrota que es esa 'Vida menguante' del título, ¿no?

-Claro. Es curioso lo que me comentaba una chica joven al conocerlo. Se extrañaba argumentando que en la vida vamos creciendo, y es cierto, nos vamos llenando de experiencias. Ella lo veía así. Pero el tiempo pasa y está claro que nos queda menos del que tuvimos. ¡Ya me gustaría a mí decir hoy eso de 'en el medio del camino de la vida'! En todo caso aquí no hay lamento, es la constatación de un hecho.

-También ha pasado el tiempo desde sus primeros poemas, donde ya estaban esas preocupaciones, aunque de un modo tal vez menos personal.

-Este es un libro tremendamente íntimo y es cierto que no evidencia la vertiente social de aquellos, pero sí tiene algo de social, porque el vértigo de nuestra sociedad es como que nos empuja a que la vida no mengua nunca: «Usted tire», como si esto no se fuera a acabar. Apenas hay reflexión y yo creo que la poesía actual debe invitar a ella. En ese sentido me sitúo muy lejos de esa inmediatez expresada hoy por los tuiteros y youtuber (risas).

-Hay igualmente diferencias en lo formal

-Es evidente. Al escribirlo percibía que a menudo los poetas, como los filólogos, yo lo soy, llevamos demasiada literatura dentro y necesitaba desprenderme un poco de ella. Tenía la impresión de que en mis anteriores poemas existía esa sobrecarga literaria y en estos sentí una gran liberación.

-Lo ha publicado en la editorial de Álvaro Huici, con quien fundó la mítica colección Aeda en los 80. ¿Una vuelta a los orígenes?

-Sin duda. Publicarlo con Huici es volver a casa. En 2016, cuando retomé el libro para revisarlo, tuve claro que el destino que le iba a dar era a Trea. En mi caso volver a la poesía era retornar a ese origen.

-Allí publicaron a autores hoy ya clásicos como Gamoneda o Víctor Botas. ¿Cómo ha visto evolucionar la poesía desde entonces?

-No es algo que me haya desvelado especialmente. A mis alumnos siempre intento transmitirles la idea de que todo lo filtra el tiempo y de que esos autores que ahora estudian, dentro de cinco siglos quién sabe dónde estarán. Es una lección de humildad para los poetas, que somos tan vanidosos. En este libro hablo de eso también, hay un recordatorio de que la vida es muy frágil y debemos aprender a convivir con esa fragilidad.