«Mi hija ayudó a pulir el texto, quitando cosas cuando decía: 'Esto me aburre letalmente'»

El diseñador Adolfo Domínguez mostrará en Gijón su faceta como escritor./
El diseñador Adolfo Domínguez mostrará en Gijón su faceta como escritor.

Adolfo Domínguez Diseñador y escritorEl famoso modisto presenta el próximo viernes en Gijón 'Juan Griego', una novela sobre el camino interior a la verdad escrita con «un punto de voluntad épica»

PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA GIJÓN.

El diseñador Adolfo Domínguez acaba de publicar 'Juan Griego' (Defausta), una novela que vio su primera versión en 1992 y que ahora cobra vida en un texto trabajado desde entonces. El próximo viernes estará en Gijón, en la antigua Escuela de Comercio (19.30 horas) presentando la nueva obra, de la que ahora nos desvela sus claves.

-El público descubrirá en esta novela al Adolfo Domínguez escritor casi secreto. ¿Cómo afronta el reto?

-Para mí uno más, aunque llevo ya muchos años en ello. No es una dedicación secreta, pero no es de la que uno vive. Escribir es un reto habiendo tantos buenos libros. Lo decía Borges: si no es posible escribir algo memorable, vamos a leer lo bueno que se ha escrito. Siempre he sido un lector, de pocas cosas, pero muchas veces eso poco de los grandes: Shakespeare, Tolstoi, Rulfo.

«Mi hija ayudó a pulir el texto, quitando cosas cuando decía: 'Esto me aburre letalmente'»«La clave de la historia es encontrar el nombre justo de las cosas para poder entenderlas»

-En 1992 publicó una primera versión de 'Juan Griego', ¿qué le llevó a seguir trabajando en ella veinticinco años más?

-Solo con tenacidad se llega al centro de las cosas. Ya tenía título y trama, ¿para qué seguir el texto de forma ilimitada? Por la misma razón que escucho sistemáticamente a Mozart. Soy como los niños, tuve hijos y tengo nietos, sé por eso que les encanta que les repitan la misma historia si es buena. Esta obra es infinitamente mejor que el texto publicado en 1992.

-El resultado es otra novela...

-Completamente. He aumentado los personajes y los que ya estaban han cobrado una vida y una densidad que es lo que dan los años. De modo que hice bien. La lectura final de mi hija Tiziana y de la editora Susana Prieto me ayudaron a pulir el texto, eliminando muchas páginas. Especialmente los hachazos de mi hija cuando me decía: «Esto me aburre letalmente». Me sirvió para trabajar la parte reflexiva en una novela que lo es, evitando que fuese una piedra de molino frenando la narración.

-Y lo hizo verso, aunque no en lenguaje poetizado...

-La claridad y la sencillez fue mi primer propósito. Una escritura sustantiva, adjetivos los justos, si sirven para emocionar o te aportan conocimiento y profundidad. Lo escribí en verso porque ayuda a ser más conciso. Me refiero a la poesía que a mí me interesa: Lope de Vega, Jorge Manrique, Salinas.

-¿Juan Griego sería un Ulises de este tiempo?

-Hay un punto de voluntad épica. Juan es un personaje homérico o shakespeareano en la voluntad, otra cosa es que lo haya conseguido. Refleja un lugar y un tiempo. Uno de los personajes de la novela dice que nació en el lado equivocado del mundo.

-La Argentina de los 70...

-Un momento de tremenda decadencia en el que pasó de ser una de las primeras rentas per cápita del mundo a la 150. Eso pasó en esos tiempos, dramáticos de rotundo fracaso y desacierto.

-Y de horror ¿no? El protagonista fue un militar torturador. ¿Puso usted rostro al Mal?

-No fue mi intención. Es un personaje de una enorme complejidad como todos los seres humanos. Al final cuando Juan le pregunta a Cruz (un soldado con el que combatió en Las Malvinas) qué le pediría a Dios, el otro se vuelve y dice: «Que me desvele el nombre exacto de las cosas». Es la clave de la novela. La historia de un camino interior y el objetivo de esa búsqueda el nombre exacto de las cosas para entender.

-La verdad es esquiva, pero alcanzable, dice usted.

-Exacto y para llega a ella hay un método que es el utilizado por los científicos: prueba y error. No creo en el relativismo y en que todas las verdades sean iguales, no es cierto.

-La literatura, la filosofía también acercan a esa verdad.

-Por supuesto. Shakespeare está al lado de Einstein. Desde luego con las leyes de la física uno no capta nuestras complejidades, aunque actualmente los algoritmos sobre los comportamientos humanos están muy avanzados. La mejor literatura es conocimiento. Nos revela como es la vida, cómo somos. No solo nos entretiene, aunque también.

-Aún así afirma que nada es más poético que la física ¿y la libertad?

-La física es la metafísica del día a día, no creo en otra. Estamos todos sujetos a sus leyes. La libertad un espejismo como el tiempo, que hoy sabemos es relativo. Las hormigas también se creen libres. Es un espejismo útil, claro, yo prefiero una sociedad organizada en la libertad que en la tiranía. El concepto del libre albedrío aún no se ha matematizado lo suficiente. Seguramente quedarán miles, tal vez millones de años hasta que consigamos desentrañar el cerebro humano hasta el último átomo, por tanto aún nos queda mucho tiempo para pensar que somos libres.