«La mujeres siempre llevan la iniciativa»

Fulgencio Argüelles, Manuel Gutiérrez Aragón y Xuan Bello, en la presentación del libro 'El ojo del cielo'. /  MARIO ROJAS
Fulgencio Argüelles, Manuel Gutiérrez Aragón y Xuan Bello, en la presentación del libro 'El ojo del cielo'. / MARIO ROJAS

Fulgencio Argüelles y Xuan Bello participaron en un acto del Foro Abierto que contó con el apoyo del Aula de Cultura de EL COMERCIO Manuel Gutiérrez Aragón presenta en Oviedo 'El ojo del cielo', su novela ambientada en el Valle del Pas

DIEGO MEDRANO OVIEDO.

El cineasta y escritor Manuel Gutiérrez Aragón presentó ayer en La Granja, junto a Foro Abierto de la Librería Cervantes, la Red de Bibliotecas de Asturias y el Aula de Cultura del diario EL COMERCIO 'El ojo del cielo' (Anagrama). Fue un diálogo a tres bandas con los colaboradores de este periódico Fulgencio Argüelles y Xuan Bello. El primero subrayó la condición de Aragón de «pleno contador de historias». Dejó clara la poética de Carlos Fuentes cercana al cineasta, según sospecha propia. «La obra de arte añade algo a la realidad que antes no estaba allí». Literatura que añade algo al mundo, crea complementos verbales de ese mundo, nada cierra ni agota el sentido. Enmarca Argüelles la historia en una historia de supervivencia, desplegada en el Valle del Pas, donde la lucha por la vida une a tres mujeres bajo una sombra de padre ausente y «ese ojo del título no sería otro que el presente». «Novela realista repleta de trazos fantásticos, mágicos, enclavada en la tradición oral de un mundo primigenio, simbólico, donde cada una de las cuatro protagonistas sobrevive a su modo: hace la guerra por su cuenta, gracias a la inocencia, por medio del sexo, desahuciadas por un banco y por la vida». Tuvo palabras para «los animales, personajes de colores, y la cotidianidad dentro del edificio narrativo, que acentúa la dramática soledad en una historia breve pero grande».

Xuan Bello ejemplificó en el caso de Gutiérrez Aragón la ficción de la que se siente deudor. «Una literatura que sabe volar y tiene los pies puestos en el suelo, crece a partir de unas raíces y desconoce las fronteras en toda su amplitud». Califica la obra de Aragón de «personal y sentimental». Ve mucho simbolismo en el texto. «El ojo del cielo como Dios inmisericorde, Dios difícil frente a cuanto sucede, una madre y tres hijas al borde del abismo que conducía a una historia demasiado conocida por los periódicos». Tuvo palabras cálidas para hermanar a pasiegos y vaqueiros, para subrayar un instinto de supervivencia dentro de una historia contemporánea, «la del campo del 2008 y del siglo XXI, donde la gente se va y las mujeres se quedan aunque no pueden con la sociedad patriarcal». Novela lúcida, «donde la verdad conoce el corazón y esa España rural siempre se salvará por medio de las mujeres». El viaje, para Bello, no sabe de continentes y sí de contenidos. «Paul Auster decía que en un vuelo en avión de Nueva York a París pasaban mucho más cosas que la azafata te pusiese tres cafés. En el viaje de mi abuela de la fuente a casa, con el cántaro al hombro, también sucedían muchas cosas, cercanas a la fortuna o la desgracia».

Gutiérrez Aragón alabó las presentaciones de Bello y Argüelles y definió su territorio literario, cinematográfico y sentimental. «Todo cuanto he narrado sucede en el Valle del Pas. Es un ambiente raro, extraño, presidido por el mundo vaqueiro, cercano pero al que al mismo tiempo cuesta mucho llegar. Son trashumantes: cambian cada tres meses de cabaña, huraños, queda muy lejos cualquier iglesia o centro industrial y para un niño ese marco es todo asombro». Huye de etiquetas similares a «mágico» y gusta en hablar de mundos «remotos». Novela de mujeres por una razón simple: «Las mujeres son las que se atreven y deciden. Las que siempre llevan la iniciativa. Se trata de cuatro mujeres: una hermana mayor formal, pero liada con un hombre casado, en una relación sustentada por el sexo, otra hermana sin estudios, una niña tonta o disminuida que trae la llave de la picaresca al conjunto y una tercera en plena pubertad».

Novela en clave femenina que le obliga a salir de sí mismo y donde homenajea a las pasiegas. «Fueron las amas de cría de la época de Alfonso XIII y XIV, tuvieron que dejar a sus hijos para dar de mamar a otros, quisieron salir de su sitio y de la pobreza».

 

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