«Una novela es como una obra musical, las palabras, como las notas, deben ser las justas»

Jesús Ferrero, en el Café Gijón. /  IÑAKI MARTÍNEZ
Jesús Ferrero, en el Café Gijón. / IÑAKI MARTÍNEZ

Zamorano que presume de «aspecto de asturiano de origen godo», logra el galardón por 'Los abismales', una narración sobre el miedo, los mitos y la realidad Jesús Ferrero Premio Café Gijón 2018

PACHÉ MERAYO GIJÓN.

Tiene 65 años (Zamora, 1952) y un buen número de galardones literarios a sus espaldas. Jesús Ferrero, nuevo Premio de Novela Café Gijón, y desde ayer uno de los hombres más felices del planeta por entrar en ese club, practica todos los géneros del lenguaje. Narrativa, poesía, ensayo, guion. Construyó con Pedro Almodóvar el de 'Matador'. Pero es la narrativa la que le da el mayor de los placeres porque le permite mecer su voluntad en el lenguaje, buscar la vida en sus palabras y envolver la realidad de todos sus misterios. Precisamente de misterio va 'Los abismales', la obra destacada ayer en el local de la madrileña calle de Recoletos. Ese será su título 38, cuando Siruela lo publique a principios del próximo año. A la historia del Café Gijón se une como el 68 y lo hace tras haber sido considerado su texto el mejor de 625 por un jurado integrado por Rosa Regás, Mercedes Monmany, Antonio Colinas, Marcos Giralt y José María Guelbenzu.

-Antes que nada, enhorabuena. Tengo entendido que le hace especial ilusión este premio

-Sí y por mil cosas, por los grandes autores y autoras que lo han recibido y por el prestigio que tiene, pero también por tener que ver con Asturias, porque yo tengo antepasados de esa tierra que adoro. Mi padre realizó una exhaustiva investigación que le llevó a descubrir que venimos de asturianos de origen godo que en el siglo XVIII viajaron a León.

-El mismo Café Gijón le es muy cercano. Aparece en sus libros.

-Sí, cuando mis personajes circulan por Madrid acaban yendo irremediablemente al Gijón. Yo también lo hago, allí se practica la amabilidad. Los lugares que quiero siempre acuden a mis novelas.

-Asturias espera aún.

-Pero llegará. Tarde o temprano aparecerá en una de mis novelas.

-Háblenos de 'Los abismales', que tanto ha gustado al jurado.

-Es una novela que transcurre en el Madrid del presente, con un narrador en tercera persona. Trata del terror, el que tenemos a lo desconocido y también el que nos provoca aquello que conocemos y sabemos que es malo. Hablo de ambos a través de una serie de personajes y de una ciudad que sumerjo en una situación de extrañeza, procurando que todo sea realista para que lo extraño sea más inquietante.

-El miedo y el mal siguen siendo temas de lo más literario.

-Sí. Mi protagonista es un mitólogo, yo también lo he sido, que vincula todo lo que está ocurriendo con los mitos de la antigüedad y no tiene más remedio de abrazar razón y mito para salir adelante. He querido jugar con lo que no tiene explicación.

-Dice el acta que ha sido valiente «al plantear una historia sólidamente anclada en la realidad más apremiante y con acertadas referencias filosóficas y simbólicas».

-Y así es. La historia está llena de elementos simbólicos y de referencias filosóficas, pero también de elementos líricos, porque para mí el ritmo lo es todo. Si no lo encuentro no sigo escribiendo. Una novela, como un poema, es como una obra musical, las palabras, como las notas, deben ser las justas.

-Firmó el guion de 'Matador' de Almodóvar y abandonó el cine. ¿No le gusta tanto como la literatura?

-He hecho pequeñas cosas en Francia y hasta un guion en Japón, pero efectivamente el guion me gusta menos. Tienes que instrumentalizar el lenguaje, olvidarte de tus ambiciones, de tu estilo y hasta de tus rarezas. Esas que vuelcas sin problema en las novelas.

-Ya que habla de la importancia del lenguaje. ¿Qué estamos haciendo con él?

-No lo sabemos. No lo podemos analizar y creo que es un error pensar que la juventud lo está empobreciendo. Los jóvenes de ahora tienen un bagaje cultural impresionante y sí hay gente que habla y escribe con 500 palabras, pero yo he leído textos de jóvenes con una belleza, una sutileza y un cuidado de la forma y el fondo que solo me obligan a pensar una cosa. Creo, realmente, que hay esperanza.

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