«Quien pretende manipular a las personas empieza por manipular las palabras»

El filólogo José María Martínez Alonso. / E.C.
El filólogo José María Martínez Alonso. / E.C.

El filólogo asturiano repasa la situación del castellano en el mundo y en su próximo destino antes de tomar posesión en la sede de Marruecos

KAY LEVIN GIJÓN.

El filólogo y profesor de español José María Martínez Alonso (Oviedo, 1957) lleva más de un cuarto de siglo trabajando en el Instsituto Cervantes y, a partir del 1 de junio, se trasladará a la ciudad marroquí de Rabat para ejercer como director del centro allí. Un puesto que, en esta entrevista con EL COMERCIO, define como «un sueño», y en el que, avanza, tratará de ampliar la presencia del castellano en el sistema educativo del país magrebí.

-La sede del Cervantes en Rabat es importante para todo el norte africano, ¿qué perspectivas tiene?

-Quiero contribuir a los fines para los que se creó el Cervantes: una mayor presencia del español y un mejor conocimiento de nuestra cultura. Ello sin olvidar que este trabajo es siempre de ida y vuelta, así que habrá que tener muy en cuenta qué se espera de nosotros y cómo podremos facilitar el imprescindible diálogo intercultural para la comunidad de Rabat.

-¿Cómo está actualmente la situación del español en Marruecos? ¿Y qué proyecciones hay?

-En Marruecos se oye hablar español más que en otros muchos países, por la cercanía con el nuestro, pero la situación en la enseñanza reglada debería mejorar considerablemente respecto a cómo está actualmente. Anteriormente fui profesor de literatura en la universidad de la ciudad. Creo que sobre todo sería bueno para los propios jóvenes marroquíes, pues es una lengua que les abre un mundo de casi 600 millones de personas. Estudiar español hoy significa disponer de una herramienta sumamente útil, abre oportunidades profesionales porque, junto con el inglés y el chino, es una de las grandes lenguas de comunicación internacional en el siglo XXI.

-¿Y qué tal ve la salud del castellano en el mundo?

-La salud del español es magnífica. Y eso que se trata de una lengua que, frente a lo que ocurre con las restantes de mayor circulación, no está respaldada por ninguna gran potencia económica ni militar del presente, sino por un conjunto de países que se tratan de igual a igual y que se sienten orgullosos de su cultura. Somos tantos y tan distintos quienes la hablamos que la hemos convertido en mestiza y, por tanto, preparada para el futuro. Por otra parte, un futuro que ya es presente. Se trata del producto de nuestro país con mayor demanda en todo el mundo.

-¿Está cambiando algo en cómo se utiliza la lengua en los últimos tiempos? Entre redes sociales, tendencias culturales o usos políticos.

-Las tensiones en la evolución de las lenguas son permanentes, precisamente porque no se trata de productos de laboratorio, aunque hay quienes las ven así y por eso pretenden imponer ingenierías lingüísticas a los demás. Pero lo cierto es que no hay nada más democrático que el lenguaje, y por eso la corrupción política comienza siempre por la corrupción del lenguaje, como decía Octavio Paz, porque quien pretende manipular a las personas empieza por manipular las palabras. Las grandes transformaciones son siempre a largo plazo y el tiempo dirá lo que permanece y lo que no. Hace poco más de dos décadas un ilustre filólogo publicó un libro de resonante éxito acerca del uso correcto de la lengua, y resulta que la Real Academia Española acepta hoy más de un 80% de lo que él consideraba incorrecciones entonces.

-Y, como asturiano, ¿qué opina de la situación actual de la llingua?

-Lo que sirve para una lengua sirve para todas: el futuro del bable lo decidirán los hablantes, independientemente de las decisiones políticas.