«La reconciliación se invocó poco después del final de la guerra civil»

Jesús García Calero y Juan Fernández-Miranda, entre Luis Bardón y María de Álvaro, en la Escuela de Comercio de Gijón. /  DANIEL MORA
Jesús García Calero y Juan Fernández-Miranda, entre Luis Bardón y María de Álvaro, en la Escuela de Comercio de Gijón. / DANIEL MORA

Juan Fernández-Miranda y Jesús García Calero presentan 'Don Juan contra Franco', un libro que revela el complot para derrocar al caudillo

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Desbarata unos cuantos mitos el libro 'Don Juan contra Franco' (Plaza y Janés), de Juan Fernández-Miranda y Jesús García Calero, que ayer se presentó en el Ateneo Jovellanos de la mano del Aula de Cultura de EL COMERCIO. Uno habla de que existió una oposición de centro derecha que batalló contra el dictador, otro niega que don Juan Carlos I llegara a España por deseo de Franco y un tercero apunta a que los deseos de reconciliación de los españoles siempre estuvieron ahí, incluso aún con las heridas sangrando abiertamente. «Los años cuarenta fueron un hervidero político, se invocó la reconciliación poco después de la guerra civil», afirma Jesús García Calero.

Aquellos años cuarenta con el mundo aún en guerra y España saliendo de la suya propia dieron para mucho. Además del dolor y el hambre, se vivieron tiempos de espionaje y de conspiraciones, como la que recoge este libro fruto de una investigación de los dos periodistas del diario 'Abc', que primero publicaron una serie de reportajes en el rotativo madrileño y después se adentraron en el análisis más profundo de esa época. Todo ocurrió a partir del hallazgo de unos documentos del espionaje que la Falange llevaba a cabo sobre la figura de don Juan, el conde de Barcelona, que intentó por todos los medios, buscando aliados en la izquierda y la derecha moderadas, la manera de derrocar a Franco y reinstaurar la monarquía. Pero falló en su propósito, porque la comunidad internacional no dio el paso necesario para que el complot triunfara.

De todo ello hablaron ayer en el salón de actos de la Escuela de Comercio, lleno para la ocasión en un acto presentado por Luis Rubio y por la coordinadora del Aula de Cultura de EL COMERCIO, María de Álvaro, que fue guiando la narración de toda esa aventura, que podría perfectamente ser una novela o un peliculón con formas de thriller. Pero el final es conocido: todos los intentos de don Juan fueron baldíos y Franco gobernó 40 años. De nada sirvió el pacto de San Juan de Luz ni que el duque de Alba y militares como Kindelán o Aranda apoyaran la monarquía, así que el hijo de Alfonso XIII optó por sacarse de la manga un as para jugar a largo plazo: envío a España con diez años a su hijo Juan Carlos.

Don Juanito se le llamaba entonces y, en el seno de la oposición interna al régimen, a Franco le llamaban Franquito o el Generalito. El libro, como explicaron sus autores, se detiene en detalles reveladores, en curiosidades, en personajes secundarios que le pusieron las cosas difíciles al dictador. «Franco aprendió a surfear esas olas», anota García Calero, a navegar en un escenario complejo en el que él mismo leía los informes de la Falange y los subrayaba en rojo y azul, con más saña cuando la lectura le resultaba menos grata. Rojo y azul, la metáfora de una España dividida en dos que no se ajusta cien por cien a la realidad. Porque siempre existió una tercera España con el corazón helado y porque, como anota Juan Fernández-Miranda, «en los matices está la verdad».

Los autores hablaron del olvido por parte de la historia de esa oposición de derechas, hablaron de la España de hoy, de la Transición, de posibles reformas constitucionales y hasta citaron a Jovellanos en su Ateneo. «Fue Jovellanos el que dijo que la Constitución histórica de España es la monarquía», concluyó García Calero.

Más