«La renta básica será una herramienta inexorable para que funcione el capitalismo»

Carlos Delgado, en su casa de Madrid, hojeando 'El robot socialista'. / IÑAKI MARTÍNEZ
Carlos Delgado, en su casa de Madrid, hojeando 'El robot socialista'. / IÑAKI MARTÍNEZ

El autor presenta este jueves su nuevo libro de la mano del Aula de Cultura de EL COMERCIO y de la Sociedad Cultural Gijonesa

MIGUEL ROJOGIJÓN.

Carlos Delgado (Madrid, 1941) es periodista, Premio Nacional de Gastronomía en 2002 y uno de los que más saben de vinos de este país, pero es mucho más. Bajo el seudónimo de Carlos Tuya, lleva años escribiendo sobre temas políticos y, cuando firma como Carlos Bobes, lo hace como novelista, poeta y autor teatral. Este jueves llega a Gijón de la mano de la Sociedad Cultural Gijonesa y el Aula de Cultura de EL COMERCIO con 'El robot socialista' (Antigua Escuela de Comercio, 19.30 horas), un libro en el que analiza los retos de la sociedad ante la revolución digital. Con casa en Tazones -«a donde voy siempre que puedo, salvo en agosto»-, tiene raíces asturianas. De hecho, los apellidos que usa en lugar del suyo son reales y asturianos: Bobes como su abuelo Eduardo, emigrante a cuba y fundador del Centro Asturiano de La Habana, y Tuya como su abuela Balbina. «Mi primer recuerdo es una ola de mar cuando tenía tres años. El norte es mi paisaje, pero nací en el exilio y aquí sigo», nos cuenta.

-¿Qué lleva a un gastrónomo a escribir sobre política?

-Desde los años 70 he desarrollado una intensa actividad política y esa preocupación siempre ha estado presente en mí. Ahora estamos ante una situación novedosa: todos los fundamentos y bases conceptuales sobre las que se basaba la actividad política de la izquierda transformadora empiezan a no tener validez, pues entramos en un proceso histórico donde los paradigmas de la revolución industrial empiezan a no ser válidos. La digitalización, que se expande por toda la sociedad, los está cambiando, y creo que este hecho no está bien asumido por la sociedad. Estamos en una nueva era en la historia de la humanidad: la era digital.

-¿Por qué se caracteriza esa era?

-Hay un cambio fundamental: la externalización del cerebro humano. Con la revolución agraria externalizamos nuestra fuerza física, usando animales y máquinas simples. Después llegó la revolución industrial. Y en esta tercera revolución son las máquinas las que piensan por nosotros, lo que supone una gran transformación de la sociedad y del sistema socioeconómico. Además, ocurre a una velocidad tan rápida que no nos permite una adaptación: el futuro está aquí, en nuestro presente.

-Las ventajas de internet, de la inteligencia artificial y del avance tecnológico son obvias. ¿Qué problemas plantea?

-La destrucción de empleos no se sabe si se podrá compensar. Y, aunque así fuese, será algo distinto, porque la empleabilidad no es equivalente. El trabajo humano basado en el esfuerzo físico o intelectual rutinario lo harán las máquinas, así que habrá desempleados e inempleables, gente que por su edad no se podrá adaptar a las nuevas necesidades del mercado laboral. Ahora aflora el cognitariado: si las máquinas realizan las tareas físicas, las empresas demandan una fuerza creativa, intelectual.

-Aún así, a lo largo del libro usted se muestra optimista, ve salidas.

-Los tecnopesimistas hacen mucho ruido. Tampoco es que sea optimista, pero creo que hay que ver las dos versiones de la realidad y adaptarse a ella. Esta era agudiza el proceso de desigualdad, que es congénito en el sistema. Los dueños de los medios de producción, en el capitalismo, se quedan con más parte de la riqueza, eso es inevitable. Pero debemos aprovechar al máximo las potencialidades del nuevo sistema, avanzar hacia un socialismo digital dentro del capitalismo digital.

-¿Qué podemos hacer para que el sistema no nos engulla?

-Como dijo Macron, hay que poner más el acento sobre las personas que sobre las empresas. Yo creo, por ejemplo, quela renta básica será una herramienta inexorable para que funcione el capitalismo digital. Ya Popper, desde el liberalismo, lo propuso. Si la gente no tiene dinero para consumir y no trabaja, ¿a dónde vamos? La falla que yo encuentro es que las fuerzas sindicales tradicionales y las fuerzas transformadoras de izquierdas no parecen saber lo que se está dilucidando.

-¿A qué se refiere?

-A que un tuit puede ser más importante que una intervención parlamentaria. Están cambiando las formas de dominación, mediación, socialización y de producción. No tiene ningún sentido usar unos esquemas basados en mecanismos de la revolución industrial, como las huelgas, porque apenas son válidos. Y hay partidos de la izquierda que no entienden que la revolución debe hacerse sobre lo que existe, no derrumbar lo anterior para iniciarla.

Estatuto de los trabajadores

-Por eso apuesta por el socialismo en vez de por el anticapitalismo.

-Y por eso me llaman traidor en muchos foros...Pero pensemos en el movimiento #Metoo, el 15-M, las revoluciones de los países árabes... El propio sistema genera procesos y reacciones contra sí mismo en los que internet es un instrumento poderoso. Hay que estar ahí, incluirse en ellos y dar la batalla en ese campo sin amedrentarse porque haya 'trols' o 'fake news'. No podrán parar la transformación. Aún así, es necesaria una propuesta constructiva y, para ello, los sindicatos deben recuperar su papel político, más que ejercer la fuerza sindical. Las fuerzas políticas tienen que plantearse un programa en la dirección del socialismo digital, porque si no solo podremos paliar el ajuste, no transformar la sociedad.

-¿Alguna medida concreta?

-Por ejemplo, la autogestión en lo público y la cogestión en lo privado, con el horizonte de que la democracia entre en las empresas, ampliar la democracia también a la economía. Eso es cuestionar el poder del empresario, pero no la propiedad, como hacen desde posturas radicales. Ahora se va a estudiar el nuevo estatuto de los trabajadores y ahí es donde hay que empezar a conquistar parcelas para que el gobierno de la sociedad digital no esté en manos de una minoría, sino en las de toda la sociedad. Ahí hay que dar una gran batalla.

-¿Ha llegado la democracia también a la gastronomía y al vino?

-Sobre todo en el control de la planta, en la viticultura. Toda mejora científico-técnica redunda en beneficio de la calidad, aunque hay un riesgo de estandarización. Pero el gran cambio en la gastronomía es el haber pasado del boca a boca a la red social. Antes, la clientela llegaba a un restaurante porque habías comido muy bien y lo contabas. Ahora las grandes plataformas globales asesoran al cliente, tienen una incidencia determinante en el éxito.