Sergio C. Fanjul, escritor
«Trabajar menos y tener soberanía del tiempo es libertad en estado puro»El periodista cultural expone en su último título, 'Cronofobia', las paradojas y obsesiones sobre el paso del tiempo en el mundo actual
Escritor, periodista cultural y astrofísico, Sergio C. Fanjul (Oviedo, 1980) reflexiona en su último ensayo, 'Cronofobia' (Arpa), sobre el paso del tiempo como una de ... las grandes metáforas de nuestro tiempo y sus inhumanos ritmos, con su brillante y ameno estilo habitual.
–Se confiesa cronófobo. ¿No lo somos todos hoy?
–Claro, además de mi rayadura, me interesaba la dimensión social y colectiva, las malas relaciones que tenemos como sociedad con el tiempo y su gestión. Es cada vez más acelerado, hemos perdido la noción de los ritmos del ser humano y estamos movidos por los del sistema económico y la tecnología. También el miedo al futuro en una época donde el progreso está estancado, no hay ideas y todo son opciones del apocalipsis. Y a raíz de eso parecemos enfermos de nostalgia hacia un pasado supuestamente mejor, el antiguo régimen para la extrema derecha o el estado del bienestar o cosas pasadas que no estuvieron tan bien como las recordamos.
–La ilusión por prolongar la vida sí está hoy muy en boga, ¿no?
–Está en todas partes, en las redes todo es fitness, cómo mantenerte sano, comer bien y esa obsesión por la inmortalidad, y toda esa industria del transhumanismo, que parece una cuestión científica, pero tiene más de mesiánica y religiosa: para ellos la muerte no es un ciclo natural, es un error técnico que se puede solventar. Creo que tiene que ver con que en estos tiempos que son muy individualistas y narcisistas somos el centro de nuestra existencia y desaparecer es como si lo hiciera todo el universo. Tengo la intuición de que, en épocas más comunitarias o donde no importaba tanto el individuo, la gente le daba menos importancia a la propia existencia, eso explicaría que fuesen a morir con tanta facilidad a las guerras o a las revoluciones.
–El tiempo está también en la agenda política. ¿Es un derecho social?
–Ahí está la reducción de la jornada laboral que no acaba de salir. Ahora que la derecha está con el término libertad, que básicamente es la de hacer lo que te dé la gana sin responsabilidad moral o comunitaria, creo que la izquierda debería disputarle ese término y no veo que lo haga. Porque libertad es reducir la jornada laboral, poder conciliar, aumentar el salario que también compra tiempo, tener más para vivir. Trabajar menos, eso es la libertad en estado puro, tener soberanía del tiempo, al menos en lo posible. Aunque es cierto que luego el tiempo va a su bola.
–Sobre su gestión y disfrute hay toda una industria al alza. ¿Es el chollo del siglo XXI?
–Hay toda una obsesión por gestionarlo, desde influencers como ese Amadeo Lladós, que me tiene loco. Dice que tienes que levantarte a las cinco de la mañana para vencer al día y cuando amanezca tienes que haber hecho mucha gimnasia para estar cachas. Y hay una oferta increíble de experiencias, como que se nos queda corto el día y la vida. Y la tecnología, es curioso que la idea era que nos iba a liberar mucho tiempo y lo que ha pasado es que cada vez tenemos menos porque requiere nuestra atención constantemente. El negocio de las redes se basa precisamente en la economía de la atención. Entonces en vez de liberarnos el tiempo nos lo está absorbiendo para mercantilizarlo. Por eso a los jóvenes se les queda también corto el día.
–Hablando de ellos, ¿el edadismo cómo casa con el querer ser eternamente jóvenes?
–Es curioso, vivimos en una sociedad que es a la vez juvenófila y juvenófoba. Se adora a la juventud, sus virtudes y luego se la trata fatal en el tema de la vivienda, la precariedad, etc. Es una esquizofrenia porque se anima al envejecimiento activo y la llamada 'silver economy' está en auge, el mercado se dirige más a ese sector porque tiene más dinero para consumir que la juventud.
–Cambiando al tercio filosófico: ¿La memoria es un ancla frente al paso del tiempo?
–En el libro entrevisto a un catedrático experto en la memoria y él me habla de que es fundamentalmente importante para mantener la identidad de las personas y de los colectivos. Nos mantiene conscientes a través del tiempo de nosotros mismos, de todo lo que ha sido almacenado en nuestra vivencia. Si las cosas no se recuerdan se pierde su sentido y sería como volver a empezar de cero. Ese es el valor de la memoria.
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