«La vida de 'El Lobo' corre más peligro ahora que antes de la disolución de ETA»

El periodista Fernando Rueda conversa con 'El Lobo', de espaldas para preservar su identidad y que mañana intervendrá por teléfono en la presentación de sus memorias. / E. C.
El periodista Fernando Rueda conversa con 'El Lobo', de espaldas para preservar su identidad y que mañana intervendrá por teléfono en la presentación de sus memorias. / E. C.

El periodista presentará mañana en un acto del Ateneo Jovellanos y el Aula de Cultura de EL COMERCIO la biografía del espía que se infiltró en la banda terrorista

AZAHARA VILLACORTA GIJÓN.

En 1974, Mikel Lejarza -entonces un chaval que hablaba euskera criado en una familia conservadora- fue captado por los servicios secretos españoles para infiltrarse en ETA con el alias de 'Lobo' hasta convertirse en una pieza clave en la estructura de la banda terrorista y conseguir descabezar su cúpula, con decenas de detenciones simultáneas en varias ciudades. Una operación a la que el propio Lejarza se opuso, porque, en su opinión, de haber esperado un poco más, se podía haber desarticulado definitivamente. Pero, tras aquel golpe maestro, la identidad del mejor agente secreto español de todos los tiempos quedó al descubierto, lo que le obligó a someterse a una operación de cirugía estética. Hoy, con otro nombre, Lejarza sigue trabajando para el CNI como 'agente negro', sin figurar en ningún registro y, por primera vez, se ha decidido a contar su historia al periodista Fernando Rueda (Madrid, 1960), que mañana (a las 19.30 horas) presentará unas memorias escritas a dos manos en la Escuela de Comercio de Gijón. Será durante un acto del Aula de Cultura de EL COMERCIO organizado en colaboración con el Ateneo Jovellanos.

-¿Cómo comienza su relación de amistad con 'Lobo'?

-Le conocí físicamente cuando yo era subdirector de 'Interviú' y me lo presentó mi director. Luego seguimos coincidiendo y trabamos amistad. Yo ya había escrito varios libros sobre espionaje, cuando, hace poco, mientras estaba preparando una novela y buscando un personaje, me dijo: «Fernando, creo que ha llegado el momento de hacer mi biografía».

-¿En este 'Yo confieso: 45 años de espía' está todo o se han callado muchos secretos inconfesables?

-Hay algún nombre de alguna persona que todavía está operativa que no hemos mencionado, pero lo básico de estos 45 años está aquí. Desde la infiltración en ETA hasta los quince años posteriores, en los que estuvo dando vueltas por toda España a la caza de etarras cuando algunos dijeron que se había marchado a las Bahamas, lo que era absolutamente falso, y todo lo que llegó después.

-Una vida apasionante, pero durísima, que incluye detenciones, cárcel y hasta una grave depresión.

-Sí. La vida de un topo es muy complicada. Porque, además, él es un 'agente negro', alguien que cobra del servicio secreto pero que no está en la nómina oficial. Y, de hecho, sigue cobrando en efectivo, sin derecho a pensión ni a Seguridad Social, porque nunca ha cotizado. Y cobrar en sobres quiere decir que él acepta que, si le descubren, no puede decir que es un agente. De hecho, le han detenido varias veces en estos 45 años y él ha negado trabajar para el servicio secreto. Eso es muy duro. Es aceptar que te metan en la cárcel y que tu servicio no va a hacer nada por sacarte. Es una vida extremadamente difícil.

Alerta previa al 11-S

-¿Ha llegado a arrepentirse de la decisión que tomó en su día?

-No. Él ha aceptado que esa es su vida. Y, a pesar de su dureza, al poner en una balanza éxitos y fracasos, volvería a hacer lo mismo.

-Lo que el mundo percibió como un éxito absoluto -con decenas de detenciones de etarras-, para él fue la gran oportunidad perdida de terminar con la banda.

-Es algo que él todavía no entiende y yo tampoco. A Mikel le dicen: «Vamos a llevar a cabo una operación y vamos a detener a todo el mundo que tenemos localizado». Él les contesta que no. Y, a cambio, les propone: «No me llevéis a un hotel a mirar cómo sucede todo. Detenedme también». Porque hay que tener en cuenta que él, en aquel momento, ya era miembro de la cúpula de ETA. Y la cúpula iba a quedar detenida. Les dice: «Luego, a mí me dais la oportunidad de escapar. Me herís en el hombro para darle a la huida más credibilidad y me escapo con uno o dos que no sean muy importantes en el escalafón. Llego al sur de Francia, me convierto en el jefe de ETA y entrego el poder político a 'Pertur', que defendía una línea alejada de la violencia. De esa forma, acabaremos con ETA». Pero no fue así.

-El libro plasma muchas otras decepciones con el servicio secreto y varias traiciones de compañeros.

-Sí. Que ETA será siempre su enemiga estaba previsto. Pero lo que él nunca pudo prever fue encontrarse con cosas como que sus propios compañeros del servicio pusieran una bomba para matar a toda la cúpula, incluido él. Ha vivido situaciones absolutamente desagradables con la Policía y la Guardia Civil a pesar de tener grandes amigos en ambos Cuerpos.

-Otra de las cosas llamativas de estas memorias es que también interviene Mamen, su mujer y cómplice, que cuenta cómo sucedió todo desde otro punto de vista.

-Es una de las grandes aportaciones del libro. De los 45 años que 'Lobo' lleva como el gran espía de España, cuarenta los lleva con Mamen. Es su compañera, su esposa, la persona que le quiere, la madre de sus hijos... Pero también ha colaborado con él en operaciones en las que la necesitaba. Cuando ha estado en la cárcel, incluso ha sido ella la que ha tenido que tocar las narices al servicio para que le ayudaran a salir de prisión y no se hicieran los locos. Una vez, también estando Mikel en la cárcel, el juez la avisó de que ETA podría intentar secuestrar a sus hijos. Entonces, fue ella la que diseñó la estrategia para salvaguardarlos. Para poder entender la vida de Mikel, hay que entender el papel fundamental de Mamen. Tras concluir su gran misión, cuando el servicio secreto le abandona, cae en depresión y la que le ayuda a salir es Mamen. El servicio secreto jamás le puso un psicólogo. Ella le obligó a pelear.

-Además de cercar a ETA, consiguió alertar sobre Mohamed Atta, uno de los pilotos del 11-S.

-Esa es otra historia tremenda también. Informa de que sucede algo muy raro con él, ¿y qué fue lo que pasó luego? Nada. No hicieron nada. Para mí, eso demuestra que hubo mucha inutilidad en el servicio secreto americano o que alguien se calló los datos que tenía al alcance de la mano.

-Y descubrió los tejemanejes del clan Pujol...

-Así es. Hablamos de los años noventa. Mikel informó entonces al servicio secreto de que la familia Pujol estaba sacando dinero de España para llevarlo a Andorra, pero nadie utilizó esa información. La tenía Felipe González, la tenía Aznar, pero nadie hizo nada. Su teoría es que todos somos títeres en manos del poder.

-¿Cómo es su vida ahora?

-Su vida corre más peligro ahora que antes de la disolución de ETA, porque ahora sabe que no solo está sentenciado por la banda, sino por cualquiera. Ellos ya lo advirtieron en ese comunicado en el que escribieron: «El pueblo vasco no perdona». Así que sabe que puede matarle cualquier loco, un cazador solitario. Alguien que piense: «A mi padre lo metieron en la cárcel por tu culpa y ahora me voy a vengar». Ya ocurrió con el IRA. Denis Donaldson, ex miembro del Sinn Fein y espía de los servicios secretos británicos, fue asesinado con varios disparos de escopeta. Y aún más grave: ya no sería un asesinato de ETA, sino que lo harían pasar por un delito común. Por eso cambia constantemente de apariencia. Alguien que lo viese hace un año, ahora no lo reconocería si se lo cruzase por la calle.