Les Luthiers viajan a su pasado

Componentes del grupo Les Luthiers introducen sus objetos en la caja 1.224. / EP
Componentes del grupo Les Luthiers introducen sus objetos en la caja 1.224. / EP

El Instituto Cervantes homenajea al grupo con un espacio en la Caja de las Letras | Los argentinos, Premio Princesa de Comunicación 2017, han depositado partituras, libros e instrumentos

IKER CORTÉS

«Nos enteramos de que algunos ilustres solo habían dejado un objeto. Ana Belén depositó un libro, ¡un libro! Nosotros no queríamos pecar de poco generosos». Con retranca e ironía trataba de explicar Carlos López Puccio, integrante de Les Luthiers, que la Caja de Las Letras, la cámara acorazada que el Instituto Cervantes tiene en los sótanos de su sede madrileña, se hubiera convertido casi en un mercadillo del grupo cómico musical. El organismo cultural homenajeaba a los argentinos con uno de sus mayores honores: reservarles un hueco en esta suerte de banco de las artes y las letras.

Y, claro, los componentes de la formación se vinieron arriba, depositando toda clase de objetos. «Estamos emocionadísimos de agregar nuestro legado al de tantas figuras. Nos consta que hay muchos ilustres que han venido hoy a exigir que les devuelvan el suyo», explicaba con sorna Puccio, al tiempo que disculpaba la ausencia de Marcos Mundstock.

A su lado, Jorge Maronna comenzaba a desgranar las distintos objetos que ya reposan en una caja, la 1.224, que no se volverá a abrir hasta el 4 de septiembre de 2042. En ese cofre, uno de los más grandes de la institución, descansa ya la primera partitura del añorado Gerardo Masana, la 'Cantata Modatón'. Escrita con plumín y tinta china en los papeles transparentes que Masana solía utilizar como arquitecto, la partitura es «la piedra fundamental» de lo que acabaría siendo I Musicisti y, posteriormente, Les Luthiers. «Era una parodia de 'La pasión según San Mateo', de Bach, con once instrumentos, y el texto era el prospecto de un laxante que también vamos a introducir en la caja». «El prospecto -continuaba Puccio- es un mensaje importante para las generaciones que vengan en el futuro, bueno, en un futuro inmediato, porque en dos o tres horas hace efecto».

Cartas, fotografías, la colección completa de DVD, vinilos, programas de mano, libros y hasta la primera nota de prensa del conjunto han encontrado su hueco en esta cápsula del tiempo. «Era un comunicado profético porque sería la primera de muchas veces que rogaríamos a la prensa que nos hicieran caso», apostillaba Puccio, que hace dos años recogió junto a sus compañeros en Oviedo el Premio Princesa de Comunicación.

Y no podían faltar objetos del gran Johann Sebastian Mastropiero, el compositor ficticio al que Les Luthiers deben tanto. «Hemos traído su ejemplar de 'El Quijote'. En realidad es 'Mi primer Quijote', una edición muy sencilla que nunca logró entender del todo», explicaron entre risas. Artesanos del instrumento, cerraban la terna de objetos con tres turutas elaboradas a partir del mate argentino con las que interpretaron un descacharrante 'Himno de la alegría'.

Fue el punto de partida a un homenaje que luego continuó con una mesa redonda conducida con desparpajo por el escritor Daniel Samper. Joan Manuel Serrat, Álex Grijelmo, Rosa León, el Tricicle y la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, participaron en un acto en el que, como apuntó el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, se celebró «el humor elegante» de los argentinos, «toda una referencia a la hora de usar el ingenio y la sutileza del idioma».