Memoria histórica e historia humana

Jorge Moreno dirige desde la mesa uno de los ensayos en la sala del Teatro Jovellanos, donde se estrenará el sábado. / FOTOS: ARNALDO GARCÍA
Jorge Moreno dirige desde la mesa uno de los ensayos en la sala del Teatro Jovellanos, donde se estrenará el sábado. / FOTOS: ARNALDO GARCÍA

El sábado se estrena 'J'attendrai', el montaje teatral ganador del Premio Jovellanos | Con Mauthausen como trasfondo, es un relato de culpa, remordimiento y perdón dirigido por Jorge Moreno sobre un texto de José Ramón Fernández

M. F. ANTUÑAGIJÓN.

Es memoria histórica, pero ni histérica ni histriónica. Es un drama que viaja al corazón de Mauthausen, pero que se adentra en el holocausto, en la crueldad del nazismo solo de una manera tangencial. Lo que importa es la historia humana que exige paz, reflexión, palabras y gestos. «En realidad, cuenta la relación entre dos personas que tuvo lugar en un campo de concentración, pero de lo que habla es de saber pedir perdón, de remordimientos, de la necesidad de reconciliarse con uno mismo a la hora de afrontar la propia muerte», explica Jorge Moreno, que dirige 'J'attendrai', un texto de José Ramón Fernández que el sábado próximo se estrena en el Teatro Jovellanos y que es el montaje ganador del premio homónimo a la producción.

Ánimo de Lucro lo ganó para poner en pie una aventura escénica que va a la contra de los tiempos teatrales actuales, que exige calma en el espectador para adentrarse en la historia que lleva el título de la canción que popularizó en los años treinta Rina Ketty. «Voy a esperar, día y noche, siempre esperaré tu vuelta», dice el tema, que tiene su relevancia en una trama emotiva e intensa que sume a los actores en un mar de lágrimas.

Pepe Mieres, que da vida al protagonista, no niega que no suelta el pañuelo desde que hizo la primera lectura. «Este es un papel de esos que pasan una vez, un papelazo. Cuando lo leí en casa me emocionaba porque, además, el personaje se llama como yo, piensa como yo, tiene mi misma retranca y utiliza el sentido del humor para esconderse de las penas», anota el actor, sabedor de que les une todo lo dicho, pero les separa un auténtico infierno: el de Mauthausen. «Todos los días lloro. Este hombre ha sufrido mucho y tiene una deuda pendiente del campo concentración que no cumplió y que tiene que cumplir antes de morir, es una persona al final de su vida, que confunde cosas, que no sabe si lo vivió o lo soñó», explica, sin querer revelar más datos de la trama de los estrictamente necesarios, porque ha de ser el público el que vaya componiendo el puzle, descubriendo qué paso, el porqué de ese remordimiento que le atormenta.

El texto de José Ramón Fernández, solo representado hasta la fecha por un grupo amateur francés, se lo pone fácil a los actores para ir ubicando las piezas del rompecabezas. «Es sencillo, cotidiano, plagado de frases simples y muy cargado de contenido. Te lleva de una emoción a otra, de un estado de ánimo a otro», explica Marga Llano. Ella da vida a una mujer francesa que regenta un hotel rural a un par de horas de París y que de pronto se encuentra con un veterano de la guerra y se desencadenan una serie de descubrimientos. La historia, en realidad, se desarrolla en menos de 24 horas en torno al año 2000, aunque el viaje en la máquina del tiempo para buscar qué pasó en aquel campo de concentración está siempre activa. «Es una obra de vivos y muertos», apunta Jorge Moreno, que explica cómo precisamente la iluminación desempeña un papel fundamental para discernir quiénes son unos y otros en un relato que, ante todo, es conmovedor, y que evita los fuegos de artificio, que en el plano puramente escenográfico juega la simplicidad. «Hay que reivindicar la necesidad de contar una historia, simplemente contarla. Hoy camuflamos todo en efectos de luz y sonido, que tienen que ser aliados, pero nunca coartadas», explica un Jorge Moreno que ha querido huir de la prisa que todo lo infesta, que ha querido poner en la palabra el acento para mirar atrás. «A veces, la memoria histórica es memoria histérica, se tergiversa, se hace negocio. Esta es la memoria de un grupo de personas que existió aunada en una sola, que cuenta lo que vivieron en Mauthausen, pero sin centrarse en el drama. Si comenzáramos la obra proyectando imágenes de las atrocidades de los nazis, ya tendríamos mucho ganado, pero la cosa no va por ahí. Contamos la historia de un hombre que viene de un campo de concentración y trae una culpa consigo y él no era un oficial nazi», resume Moreno. Y Sonia Vázquez, actriz y que también ha trabajado en todo el proceso de producción, añade algo más: «Es una historia de personas y objetos, de cosas pequeñas, de detalles, de abrazos, de silencios».

Hay alusión asturiana en el montaje, que también apela en algún momento a la guerra civil y que tiene entre sus protagonistas a una niña de la guerra llegada a Francia en el 'San Luis', un barco salido de Avilés. En La Rochelle y en otras localidades francesas aún existen muchos apellidos que atestiguan la llegada de aquellos niños cuando arrancaba la contienda española y allí aspiran a poder llevar algún día en el futuro su espectáculo. Aún hay tiempo para rastrear todas esas historias, para hacer esas preguntas que, como apunta Marga Llano, no hicimos. «Esta obra es una galería de personajes que han sufrido las consecuencias de la II Guerra Mundial y de la guerra civil y habla también de que es muy raro que un nieto le pregunte a su abuelo cómo fue la guerra, porque da reparo hacerlo, y de que los abuelos no quieren contarlo porque no quieren hacerles partícipes del horror, porque han visto cosas que nunca deberían haber pasado».

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