Un millar de fotografías en el Bellas Artes

En 1926 se editó una colección de postales en la que aparecía el tranvía eléctrico de Avilés, con fotografías de Zamora./
En 1926 se editó una colección de postales en la que aparecía el tranvía eléctrico de Avilés, con fotografías de Zamora.

Entre el arte, la historia y la divulgación, mostrará retratos de trabajadores de la Real Compañía Asturiana de Minas en los años treinta El día 25 llega a Oviedo la muestra que reivindica a José Zamora, el fotógrafo desconocido

M. F. ANTUÑAGIJÓN.

Un millar de fotografías de José Zamora, la inmensa mayoría inéditas, verán la luz el próximo día 25 en el Museo de Bellas Artes de Asturias en una exposición a mitad de camino entre la historia, la divulgación y el arte, una muestra muy diferente a las que acostumbra la pinacoteca asturiana y que saca a la luz la vida y obra de un hombre que disparó con su Vollenda sobre los trabajadores de la Real Compañía Asturiana de Minas en los años treinta y dejó como legado imágenes nunca o muy pocas veces vistas.

Poco o nada se sabía de esas instantáneas que, de forma casual, fueron halladas cuando Juan Carlos de la Madrid y Alfonso García Rodríguez, ahora comisarios de la muestra y también autores del libro editado por Trea que reproduce su peripecia vital, planeaban realizar una investigación sobre las fichas de los empleados de la empresa y se encontraron con todo el arte de un capataz de minas que fotografió a sus compañeros e igualmente enfocó sobre diferentes aspectos de la vida de Salinas y su comarca.

Nacido en Cartagena en 1874, en 1903 llegó a Asturias junto a su mujer, Julia Bañón, para incorporarse a la Real Compañía. No volvió al Mediterráneo y murió en Galicia en el año 1953, tras trasladarse junto a su hijo Luis, también fotógrafo, y el único de los tres vástagos que tuvo que le sobrevivió. 'Fotografía, industria y trabajo, José Zamora Montero' fue el título del libro que recogió la novelesca vida de un hombre que no se conformó con captar fotografías de carné sin más, sino que hizo retratos maravillosos en los que se ve a las claras toda una época, se aportan luz, gestos, modos y maneras sobre aquellos trabajadores de principios del siglo XX.

'El fotógrafo que nunca existió' es el título de la exposición que abrirá sus puertas para quedarse hasta el 6 de octubre en la planta baja del Palacio de Velarde con material novedoso. «Cuando Alfonso y yo hicimos esta investigación, obtuvimos datos que, una vez analizados, se convierten en conocimiento que hay que presentar. Lo habitual es que se lleve a un libro, pero también se pueden dar otros formatos», explica De la Madrid. Quiere así decir que los contenidos son similares, pero ahora se narran fundamentalmente sobre la pared. Claro que, además, a la propia muestra se unirá otro libro catálogo también coeditado por Trea en el que se incluirán unas cuatrocientas imágenes.

El grueso de la exposición será retratos de esos trabajadores, pero habrá más. Habrá estampas como la del tranvía eléctrico de Avilés a Piedras Blancas que forma parte de una colección de postales editadas en el año 1926 y cuyas imágenes sí eran conocidas, aunque hasta ahora se ignoraba quién era el autor, u otras como las de la visita de Alfonso XIII a la Real Compañía Asturiana en 1925. Publicaciones, objetos, como una cámara idéntica a la que utilizaba Zamora, configurarán una propuesta que prevé mostrar nada menos que mil instantáneas seleccionadas sobre un fondo global de unas 2.200. Habrá copias de época -muchas de ellas fotos de carné-, también otras positivadas especialmente para la ocasión, y los formatos de esas estampas serán muy dispares. «Queremos reconstruir la vida de Zamora y la época en la que vivió a través de este fondo tan singular», apunta De la Madrid, quien subraya que se han empleado criterios históricos para narrar esa peripecia, pero también se ha tratado de darle cabida a todo tipo de fotografías. Por ejemplo, las imágenes de mujeres son clara minoría, como las de los niños, pero tendrán una notable representación. «Digamos que queremos contar que existió un fotógrafo, José Zamora, al que nadie conocía y que trabajó cuarenta y tres años para la Real Compañía, y también las cientos de pequeñas historias de esos modelos que nos mirarán desde las paredes», anota De la Madrid.

Saben bien los comisarios que el fondo documental que manejan es extraordinariamente valioso. «Hicimos hace poco una presentación en Santander y un profesor de Historia de la Economía nos decía que lleva años usando para sus publicaciones imágenes de diverso cuño, muchas de ellas inglesas o de otros países, para ilustrar la Revolución Industrial, y resulta que nosotros tenemos fotografías auténticas, de aquí».

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