Música cercana y evocadora en las manos de la pianista madrileña Rosa Torres Pardo

Sobre estas líneas, Rosa Torres Pardo, ayer, al piano, en el Teatro de la Laboral. A la izquierda, público asistente al recital del festival gijonés. /  DAMIÁN ARIENZA
Sobre estas líneas, Rosa Torres Pardo, ayer, al piano, en el Teatro de la Laboral. A la izquierda, público asistente al recital del festival gijonés. / DAMIÁN ARIENZA

Interpretó con sutileza y expresividad a Debussy y Granados en el XX Festival Internacional de Piano Jesús González Alonso

RAMÓN AVELLOGIJÓN.

Rosa Torres Pardo, Premio Nacional de Música en 2017, es una pianista bien conocida del público asturiano. La escuchamos hace años en Gijón, en su faceta más camerística con el Cuarteto Melos; la recordamos interpretando 'Iberia', de Albéniz en un marco, no incomparable, pero sí fabril: uno de los almacenes de Arcelor, en Avilés; por último, hace dos años cerró la temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón en un peculiar recital en el que se fusionaba poesía, danza flamenca y música española para piano. Ayer, en el Teatro de la Laboral, Rosa Torres Pardo regresó a Gijón, dentro de los actos del XX Festival Internacional de Piano de Gijón. En el programa, la juvenil 'Suite Bergamasque' y 'Estampas', de Debussy, y una selección de 'Goyescas', de Granados.

Como comentó la pianista al inicio del concierto, es un programa complementario y muy diferente. Rosa Torres Pardo manifestó su atracción, cada vez mayor, por Debussy, un autor al que considera de plena actualidad. Respecto a Granados, posee un interés dramático. Es un compositor romántico con ideas wagnerianas, de una gran fuerza expresiva. De hecho, Rosa Torres Pardo está colaborando en un documental sobre este compositor bajo la dirección de Arantxa Aguirre.

La 'Suite Bergamasque' debería llamarse también 'Suite Verlainesca'. Inspirada tanto en las máscaras de la Comedia del Arte, de Bergamo, como en poemas de Paul Verlaine, las cuatro piezas de la suite evocan músicas de otras épocas, con recursos que a finales del XIX se consideraban la cima de la modernidad. Una puerta al impresionismo musical, con un innegable equilibrio y buen gusto francés.

La versión fue muy cuidada en articulaciones y fraseos y muy cercana y comunicativa. Especialmente, el 'Claro de luna', la obra más famosa de este esta suite. Decía Debussy que la imaginación es el mejor medio para viajar. Hay en 'Estampas' muchos elementos viajeros, desde el viaje al extremo oriente, en 'Pagodas', al viaje a la cercana y poética Granada en 'La Soiree dans Grenade', al viaje al mundo y los juegos de la infancia en 'Jardines bajo la lluvia'.

Debemos reseñar esa claridad polirrítmica sobre un tema pentatónico y el juego de colores y volúmenes en 'Pagodas', bellísima la primacía de la habanera casi obsesiva. Esta obra la utiliza Falla para su 'homenaje' a Debussy. Y, finalmente, las calidades melódicas de canciones infantiles, con sonidos de carillón, en 'Jardines bajo la lluvia'.

En la segunda parte, Rosa Torres Pardo interpretó una selección de 'Goyescas', de Granados, evocación sonora de la España galante, en mezcla de gracia y cierta amargura, germen pianístico de la última ópera del compositor español.

Tocó primeramente 'El fandango del candil', muy rítmico y con cierto deje popular. Después, 'Quejas o la maja y el ruiseñor', un tema muy expresivo, con adornos muy emocionales de la enamorada celosa a la que responden los trinos que sugiere el ruiseñor. Y, finalmente, 'El amor y la muerte', la pieza más larga de las 'Goyescas', con recuerdos de temas escuchados antes. Como propina, la 'Oriental' de las 'Danzas españolas'.