Un tenor clásico, purista y popular

Joaquín Pixán se acompañó, al final del concierto, de Miguel Ángel Revilla. /
Joaquín Pixán se acompañó, al final del concierto, de Miguel Ángel Revilla.

Joaquín Pixán ofreció en el Jovellanos un repertorio que abarcó desde la música italiana del XIX a las canciones asturianas

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

El tenor asturiano Joaquín Pixán (Cangas del Narcea,1950), acompañado al piano por Noelia Rodiles y en la cuerda del chelo por Elena Miró (dos jóvenes promesas que ya empiezan a cumplirse de modo virtuoso), ofreció ayer en el Jovellanos una amplia muestra de su talento musical, artístico y vocal.

Lo hizo ante algo más de 400 personas que tuvieron que contener sus aplausos iniciales. Y es que fue el propio cantante quien reclamó el silencio del público para no interrumpir la coherencia de las ocho canciones italianas que interpretó. «Después, si no pueden contenerse, aplaudan todo lo que quieran», reclamó el artista, que nada dijo de las toses, siempre tan molestas en el teatro y más en estos tiempos de catarros invernales. Más de una sonó en el patio de butacas, por más que convenga siempre acudir a estos espectáculos bien tosido de casa. Pero por supuesto que, escuchadas y saboreadas esas interpretaciones de Pixán, solo con la compañía del piano, hubo aplausos con los que premiar la calidad y el esfuerzo.

La técnica sobresaliente de Pixán quedó patente una vez más en un concierto académico y purista con un programa dividido en dos partes, para dar descanso a su voz, y rico en variedades. La música italiana de salón del siglo XIX de Francesco Paolo Tosti, con versos consoladores de Gabriele d'Anunzio; canciones españolas de concierto de María Rodrigo; cantares gallegos apelando a estrofas de Rosalía de Castro y partituras de Joaquín Rodrigo; la hermosa fraternidad cubana de Ernesto Lecuona en 'Se fue' y las 'Lágrimas negras' de Miguel Matamoros, dos de las piezas más aplaudidas de la noche; la hondura de Borges en 'La milonga de dos hermanos'; las hermosas palabras de Ángel González con sus canciones asturianas -que se adelantaron a la primera parte pese a que estaban previstas para el final y con las que llegó el sonido del chelo a la sala- y las canciones asturianas de Jorge Muñiz -incluido el 'Paxarín parleru' que encendió al público- que escribieron el epílogo del recital sonaron en el teatro pasadas por el tamiz de las cuerdas vocales y el estilo de Pixán. Además, el concierto sirvió para estrenar en la propina final la canción asturiana 'Yes igual que la nieve'

Además, existió la contribución singular y cargada de simpatía compartida del expresidente de Cantabria Miguel Ángel Revilla, quien puso su sello intransferible en el recitado de 'Si yo fuera picador'. Fue ya en el final de la noche, después de que Pixán al piano le cantara a Santander y anunciara a su amigo cántabro como «el mejor valedor de la música asturiana». Revilla confesó su inmenso amor a Asturias y su amistad con Pixán y procedió al recitado de la obra, que entonó el tenor cangués.

En suma, una función que dio cuenta de un artista privilegiado y de una velada en la que se recogieron voces y ecos de una música que nos concierne a todos, clásica y popular, clausurada con encendidos aplausos del público.