Sabina, una fiesta total y en casa

Joaquín Sabina, con su sempiterno bombín, sobre el colorido escenario del Palacio de los Deportes./
Joaquín Sabina, con su sempiterno bombín, sobre el colorido escenario del Palacio de los Deportes.

El jienense pone en pie a las seis mil almas que llenaron el Palacio de Deportes de Gijón. Rebosó felicidad en la ciudad en la que, según confesó, ha vivido algunas de las mejores cosas de su vida y la peor, aquel redimido 'gatillazo' del Jovellanos

ALBERTO PIQUEROGijón

Fue aquí, en este mismo Pabellón de Deportes de Gijón, donde un 2 de agosto de 1999, Joaquín Sabina puso de largo en estreno absoluto el que sería uno de sus álbumes estelares. Llevaba por título '19 días y 500 noches'. Quince años después, volvió para celebrarlo al mismo lugar, esta vez con la gira '500 noches para una crisis' y con la la capacidad de convocatoria intacta, porque tan abarrotado estuvo el Palacio en aquel verano, como anoche. 6.000 personas, todas las del aforo. Ni una entrada en taquilla.

Con los minutos de demora convencionales, el rito se inició poco después de las diez de la noche al compás de 'Ahora que', precediendo los temas renovados de '19 días y 500 noches', tema que vino a continuación. Y el personal en la plaza no dio tregua desde el principio hasta el final, secundando estrofas y músicas al pie de la letra, en pleno y armónico arrebato. De modo que la noche se inundó con un espíritu coral, ajeno a cualquier aviso de 'Cerrado por derribo' y más bien a la manera de celebrantes de unas 'Noches de boda'.

Desde mucho antes de que se abrieran las puertas ya era muy ostensible la expectación por los alrededores, uniendo generaciones que abarcan desde las 'Malas compañías', de principios de los 80, a quienes se han ido embarcando posteriormente en la singladura de este hombre que ya tiene 'Alivio de luto' desde 2005, superado el infarto cerebral que no le ha afectado en absoluto las neuronas artísticas.

Por el medio, ya se sabe, estuvo aquel famoso 'gatillazo' que le interrumpió la garganta en el Teatro Jovellanos en la quinta canción. Y que él mismo recordó ayer en uno de sus infinitos guiños al público. También recordó Sabina el regreso, de rodillas, para pedir perdón unos meses después en el mismo escenario que ayer. «Me han sucedido tres o cuatro cosas de las mejores de mi vida, y la peor...», contó entre tema y tema. Y no se olvidó, entre las mejores, de la Semana negra ni de Ángel González. Tampoco de cumplir la promesa que le hizo el día anterior a Juanma Castaño en su entrevista con EL COMERCIO. O sea, cambió la letra de 'Barbie superstar' para incluir que «en los billares se mastica que el Sporting va a subir a Primera». Delirio. Uno de tantos.

La felicidad se respiraba ayer en el Palacio también sobre el escenario. Bajo el bombín, Sabina se sentía en casa y lo hacía notar, al igual que los músicos acompañantes, tan eternos como él, empezando por Pancho Varona y Antonio García de Diego.

Para la segunda parte del recital se reservó glorias clásicas como 'Princesa' o 'Y nos dieron las diez...'.

Un recital en forma y fondo de quien hace tres lustros tenía 'cuarenta y diez' y en la extraordinaria velada de anoche, a sus 'cincuenta y quince' cumplidos, parece en posesión de esa juventud creativa que sólo se alcanza negociando con el diablo. Una fiesta total dentro y fuera del escenario con Sabina emocionando y emocionándose.