Las mujeres abren fuego

La colegiata de San Juan Bautista se llenó de ritmo con Fee Reega. /
La colegiata de San Juan Bautista se llenó de ritmo con Fee Reega.

Fee Reega y La Villana llevan su música a la Colegiata de Revillagigedo con dos propuestas entre la trasgresión y el lirismo más íntimo

PABLO A. MARÍN ESTRADA gijón.

El Gijón Sound Festival abrió ayer sus puertas con voz de mujer. La cantautora alemana afincada en Asturias Fee Reega y La Villana, el proyecto más personal de Natalia Quintanal, ofrecieron sus distintas propuestas musicales en el marco íntimo de la Colegiata del Palacio de Revillagigedo como una estimulante entrada a los otros platos del programa repartido en diversas salas de la ciudad.

Ese cajón de sastre al que llamamos, tal vez por inercia o pereza, música independiente -para distinguirla de los productos destinados al mero consumo comercial- sigue siendo en ocasiones una maravillosa caja de sorpresas. A Reega y a Quintanal las hemos escuchado más de una vez en alguno de sus no muy pródigos conciertos en Xixón. Afortunadamente ya no son un descubrimiento, sino el resultado de una obra en marcha, abierta a cualquier pellizco de la novedad. Sus directos, sin embargo, tan diferentes, poseen el feliz don de la sorpresa.

Fee Reega mostró ayer, de hecho, su cara más radical y trasgresora. Hasta ahora nos tenía acostumbrados a sus directos tan íntimos como oscuros, pero para su directo en la Colegiata mostró el terreno por el que ahora se mueve, buscando nuevas distorsiones de la realidad. Sonido acerado y voz hiriente como una cuchillo firmaron este nuevo rumbo de la música alemana.

En una dimensión sonora muy distinta se mueve Natalia Quintanal en su proyecto La Villana. Rodeada de unos músicos que funcionan con la relojería de una orquesta de cámara -pop- y una gran cercanía con la vocalista, la artista gijonesa ha logrado dibujar una geografía propia entre la poesía cotidiana de sus canciones y la sonoridad que busca para que cobren vida ante los demás.

Si tuviésemos que calificar de alguna manera rápida su estilo, probablemente le vendría bien la etiqueta de música cómplice. Las suyas son canciones que persiguen completarse en quien las escucha. Ayer volvimos a comprobarlo en este feliz preludio del Gijón Sound.

 

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