Lole Montoya pierde a su Manuel

Lole Montoya, a la izquierda, que en los años sesenta formó el duo Lole y Manuel, canta ante el féretro del cantaor en presencia de, entre otros, Alba Molina, la hija de ambos (a la derecha de blanco). /
Lole Montoya, a la izquierda, que en los años sesenta formó el duo Lole y Manuel, canta ante el féretro del cantaor en presencia de, entre otros, Alba Molina, la hija de ambos (a la derecha de blanco).

El cantaor Manuel Molina, pionero del flamenco fusión, fallece a causa de un cáncer

CECILIA CUERDO SEVILLA.

Un cáncer se llevó ayer y en apenas unos meses a Manuel Molina (Ceuta, 1948), guitarrista y compositor que a finales de los años 70, y junto a su compañera Lole Montoya, modernizó el género flamenco abriendo la puerta a la fusión y la mezcla con nuevos ritmos como el rock. Los restos mortales del artista fueron velados durante varias horas en la capilla ardiente instalada en el Teatro Romero de San Juan, en el municipio sevillano de San Juan de Aznalfarache, y posteriormente fueron incinerados en la intimidad, según deseo de la familia, para ser esparcidos entre Triana y Algeciras.

Fue precisamente su hija Alba Molina, también cantante, quien anunció la triste noticia a primera hora de la mañana en sus redes sociales, donde rápidamente se multiplicaron los mensajes de dolor y pésame. De entre los primeros, el de Alejandro Sanz, quien escribió «Y se va otro maestro... Don Manuel Molina... Espera que las galaxias se desperezan en mis lamentos. Hasta siempre a Triana hecha persona». También la presidenta en funciones de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, lamentó ayer la pérdida de «un artista único e irrepetible», mientras que la directora del Instituto Andaluz del Flamenco, María Ángeles Carrasco, subrayó que Molina supuso «un antes y un después» en la historia del género.

El artista fue diagnosticado hace dos meses de un cáncer de páncreas, pero decidió que prefería enfrentar la enfermedad como viniera y no someterse a ningún tratamiento médico de resultados inciertos, pasando sus últimos días en casa y entre los suyos. Su familia conocía su voluntad de cantar hasta el último quejío, expresada en algunas de sus letras («que nadie vaya llorando el día que yo me muera, es mas hermoso cantar, aunque se cante con pena» o «si me dieran a escoger yo escogería morirme cantando»), por lo que Alba le estaba preparando un concierto homenaje que finalmente se tuvo que suspender. Por la capilla ardiente, donde se cantó y bailó, pasaron a lo largo del día artistas como 'Chiquetete', el guitarrista Ricardo Miño, la bailaora Pepa Martos, Antonia 'La Negra', madre de Lole, su primera mujer, y el torero Francisco Rivera Ordóñez.

Manuel Molina era la mitad del dúo Lole y Manuel, llamado a revolucionar el flamenco a finales de los 70 junto a Camarón o Paco de Lucía. Hijo de guitarrista e instalado en Triana con sus padres desde que era un niño, la música corría por sus venas. De pequeño empezó a componer y se juntaba con amigos como 'Chiquetete' e incluso flirteó con el rock a través del grupo Smash y la música electrónica, ya que no ocultaba las influencias de Pink Floyd o The Beatles.

Su vida cambió en todos los sentidos cuando conoció a Dolores Montoya, Lole, perteneciente a una de las sagas más genuinas del flamenco. Ambos se casaron en 1975, y junto a la vida de pareja empezaron una vida artística que revolucionó el cante hondo con 'Nuevo día', un disco que mezclaba flamenco con la música 'hippie' en boga por entonces, con letras que hablaban de paz y amor, y con una fuerte carga política, ya que muchos entendieron que respaldaban el fin de la dictadura franquista. Ella cantaba y componía algunas piezas junto a Manuel, calificado por expertos como el «poeta del cante hondo», que la apoyaba con la música y su peculiar forma de tocar la guitarra, en vertical y con largos silencios.

El disco dio pie a lo que se llamaría flamenco fusión y que abrió las puertas del género a otros públicos. Después llegarían otros discos como 'Pasaje del agua' (1976), 'Lole y Manuel' (1977), 'Al alba con alegría' (1980), acompañados por Imán, Califato Independiente, 'Casta' (1984), 'Lole y Manuel cantan a Manuel de Falla' (1992), 'Alba Molina' (1994), dedicado a su hija Alba, y 'Una voz y una guitarra', el directo grabado en 1995 en el Teatro Monumental de Madrid. Ya entonces Lole y Manuel empezaban a tomar caminos diferentes y realizaron conciertos por separado, y fue cuando él aprovechó para cantar, que decía era lo que le de verdad le gustaba aunque no tuviera voz para ello.

 

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