«Hago de malo y estoy un poco harto: los tenores siempre son los buenos»

Ángel Òdena, momentos antes de uno de los ensayos en el Teatro Campoamor. /
Ángel Òdena, momentos antes de uno de los ensayos en el Teatro Campoamor.

Ángel Òdena Barítono

A. VILLACORTA OVIEDO.

Ángel Òdena (Tarragona, 1968) es el mismísimo duque de Alba en la ópera del mismo título, un drama romántico ambientado en la ocupación española de Flandes durante el reinado de Felipe II. Pero también es una historia universal sobre la represión de los pueblos y lo absurdo de las guerras que plantea una pregunta: «¿Cómo disparar contra una persona del bando contrario cuando te une a ella algún tipo de relación o conexión afectiva?». Esta es la tragedia a la que se enfrentan dos enemigos irreconciliables que descubren ser padre e hijo.

¿Tiene su personaje algo en común con el actual duque de Alba?

No (Risas). Nada que ver. Además, el montaje es rompedor y va a ser muy atractivo para la gente. Y la música también. La terminó un alumno de Donizetti y yo diría que se parece más a un Verdi. Tiene una orquestación más dura. Es una ópera con suspense. A ver qué pasa. Hago de malo y estoy un poco harto porque últimamente solo hago de eso. Lo que pasa es que los tenores siempre son los buenos. Pero estoy contento. Muy contento.

¿Algún pasaje peligroso?

Vocalmente, sí. Además, hay pocas referencias porque es una ópera que se ha hecho muy poco y el aria es complicada, pero creo que la resolvemos bien. Y, luego, escénicamente, también, porque tengo que encontrarme con un hijo mío que forma parte de los flamencos, que son los enemigos.

Menuda faena, ¿no?

Así es. Mi personaje es un tipo que tiene contradicciones personales. Y son unas contradicciones que tú tienes que mostrar al público en muy poco tiempo. Eso es lo bonito.

Ha ganado el Premio Lírico Teatro Campoamor, así que juega en casa.

Sí. He venido muchas veces y la verdad es que es envidiable porque aquí tenéis una actividad musical que no hay en ninguna parte. Espero que los políticos lo sigan entendiendo.

La política catalana también anda revuelta. Sería curioso ver a un duque de Alba independentista.

Yo he venido aquí a hablar de mi libro (Risas).

Tíreles de las orejas.

Solo hay que fijarse en un telediario, en cuánto hablan de cultura y de deportes. Ronaldo, Messi... ¡A mí qué me importa! Y eso que soy culé a tope. Es el reflejo de nuestra sociedad. A veces, cuesta mucho en que los políticos crean en esto, que es una industria cultural hecha por gente que trabaja en ella. Y gente que es de aquí. En Asturias, los políticos lo tienen claro hace tiempo, pero hay otras partes donde no. Se habla mucho pero luego se tiene que apostar: poner dinero, buscar sponsors... Necesitamos una ley de mecenazgo como Dios manda, el IVA ha hecho mucho daño... A ver si esto cambia.

¿Le queda algo por hacer?

Sí. Personajes, óperas, teatros... Lo más importante es que ya son 20 años de carrera, estar ahí. Porque, hoy en día, las carreras son como cuando abres una botella de cava. A veces, solo oyes hablar de esas personas un tiempo y yo he estado ahí 20 años. Y contento.

¿Se ha cruzado con mucho divo?

Cada vez menos. Es un mito como que tenemos que estar gordos. Pero también hay que entender que tenemos un trabajo complicado. Estás fuera de casa, cada uno saca sus nervios como puede y cantas delante de cientos de personas. Es un trabajo muy expuesto y eso provoca mucha tensión. Aunque, al final, uno para relajarse piensa que un cirujano lo pasa peor y que aquí no se muere nadie. Eso y que hay que ser egoísta: porque, si tú disfrutas, el público también disfruta.