«Sin la música, habría arrojado la toalla»

Rosa María Lobo, ayer, junto al Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo./
Rosa María Lobo, ayer, junto al Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo.

Rosa María Lobo. Cantante

ALBERTO PIQUEROOVIEDO.

Ha tenido diferentes nombres artísticos: Rosa Mar, Rosa María Patallo (segundo apellido de su padre), Maya y, definitivamente, Rosa María Lobo (primer apellido materno). Pero siempre ha sido ella misma, reconocible desde cualquier nota inicial, sensible, delicadísima en las modulaciones, artista de los pies a la cabeza. Nacida en el pueblecito de Boo (Aller), en 1947, lleva sobre los escenarios cinco décadas. Y, devolviéndole todo lo que ha entregado a la música, que ella viste además de profundos sentimientos, son muchos los colegas que esta tarde (19.30 horas) la acompañarán en el auditorio de Oviedo para conmemorar esa fecunda trayectoria profesional, que ha pasado por el Festival de Benidorm y el de la OTI, que ha puesto voz a las estrofas de Atahualpa Yupanqui o tejido hermosas composiciones al lado de sus hijos, Manuel y Juan Luis, fallecido en el año 2000. En la velada de este martes, la rodeará el cariño en el escenario de, entre muchos otros, de Elsa Baeza, Gloria, Olga María Ramos, Cristina (de 'Los Stop'), Helena Bianco (de 'Los Mismos') o la amplia representación asturiana, con el Coro Santiaguín, el Ochote Langreano, Pipo Prendes, Cholo Juvacho o el relevo generacional que encarna Silvia Riera.

-El título del disco que acaba de grabar, que es también del concierto, lleva por epígrafe '50 años cantando'. Se dice pronto... ¿Qué sensaciones tiene cincuenta años después?

-Llevo un tiempo, desde que me hicieron el trasplante de hígado, sin subir a los escenarios. De modo que es un reto que me han ayudado a afrontar todos los amigos que me acompañarán. Pero siempre que he hecho un concierto, siempre, es como si fuera la primera vez. Con ganas de dar lo mejor, respetando infinitamente al público y eligiendo el repertorio adecuado. Siento un cosquilleo, que nace de la responsabilidad y del deseo de entregar cuanto puedo dar.

-Sería imposible mencionar al elenco completo que estará sobre las tablas, por numeroso. ¿Nos orienta un poco respecto a lo que el público verá y escuchará?

-Lamento muchísimo no poder citarlos a todos... Empezaremos la velada con la 'Nana de la risa', de Gustavo Arias, un himno de paz, en el que estaré al lado del Coro Manín de Lastres; una parte del Coro Santiaguín y Samuel Baragaño y Eduardo López. A continuación, un popurrí de algunas de mis canciones, como 'Viviré', con la que concursé en el Festival de la OTI y me abrió las puertas en aquellos países. Tampoco dejaré de pasar por la copla, que me sale del alma. Mi hijo Manuel es guitarrista flamenco. O por el sabor latinoamericano, en temas como 'La flor de la canela', apoyada en Rafael Aparisi, que pinta las canciones con su voz. No quiero olvidarme de la bellísima composición de Manuel Casquero 'Tú'. O de las que interpretaré respaldada por Pipo Prendes: 'Un paso más' -que me dice tanto- y 'Respiraré'. O 'Yolanda', la canción de Milanés que haré de la mano de un joven y sabio cantautor, que además es quien ha realizado la portada del disco, Luciano González. O 'Palabras para Julia'... Qué puedo decir, más que expresar un enorme agradecimiento, a Gloria, a Cristina, a Helena Bianco, a Olga María Ramos, a Cholín Juvacho, a Elsa Baeza, que me ha enseñado a respirar de nuevo, llevándome a pasear cada día...

-¿Cuánto ayuda la música en los momentos difíciles?

-Desde luego, si no hubiera sido por la música es probable que yo hubiera arrojado la toalla hace tiempo. Además, a veces parece que te pone delante las canciones que necesitas.

-¿A qué se ha debido el que cambiara de nombre artístico en varias ocasiones?

-Ya cuando tenía ocho años y estaba interna en un colegio, al volver a Moreda, hacía teatro por los portales y sabía que lo mío sería cantar. Formamos un trío, 'Primavera', Peruchi, Lolina y yo, y la gente me señalaba como la 'fía' de Patallo. Ahí comenzó la historia. Luego, por aquello de las bromas, Patallo se convirtió en 'pata de gallo' y lo mudé por Rosa Mar. Al grabar el primer disco, pasé a ser Maya... Hasta recuperar mi nombre actual.

-Ese primer disco al que alude se vincula a Atahualpa Yupanqui...

-Sí, supe de Yupanqui por Pedro Mario Herrero, que ha sido muy importante en mi vida. Y Yupanqui vino a verme al lugar en el que cantaba, en Madrid, 'El rincón del tango', donde también actuaban Alberto Cortez, Carlos Acuña, Betty Missiego... Nos hicimos muy amigos, comiendo manitas de cerdo en el restaurante 'La Estrella'. Podía escucharle durante horas. Era un hombre sencillo, natural, de una rebeldía romántica, nada agresivo. Aprendí mucho con él, a ser y a pensar.

-En el concierto, participará 'La caravana del verso', un grupo que recita y canta. ¿Qué valor le concede a la poesía en el mundo de la canción?

-Cantarle a la vida enriqueciéndola mediante la poesía es una culminación. Es el ejemplo de Joaquín Sabina, al que adoro (entona un fragmento de 'Calle Melancolía').

-En sus inicios, se asomó al panorama artístico ganando los concursos 'Rumbo a la gloria' y 'Salto a la fama'. ¿Fueron la gloria y la fama como las había imaginado?

-Tampoco fueron desbordantes, me hubiera gustado llegar a mucha más gente; pero llegaron paso a paso, descubriéndolas poco a poco, conscientemente. De modo que las asumí de una forma natural. Al contrario de lo que sucede ahora en algunos certámenes televisivos que pueden hacer mucho daño a personitas muy valiosas.

-¿De qué modo preserva su sensibilidad ante los reveses de la vida?

-He tenido que sufrir la muerte de mi hijo Juan Luis, que fue insoportable; aneurismas cerebrales que padeció Manuel, la separación de otro hijo, Angelín, que por circunstancias se quedó con su padre; mis propias travesías por la enfermedad. Pero hay un mundo interior que logra que lo afrontes y lo aceptes. Creo firmemente en la reencarnación.