«Mozart es como una medicina, Haendel hace que brillen las voces»

María Eugenia Boix, soprano, en el auditorio de Oviedo, antes de un ensayo./
María Eugenia Boix, soprano, en el auditorio de Oviedo, antes de un ensayo.

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ALBERTO PIQUEROOVIEDO.

Es una de las estrellas ascendentes en el firmamento del 'bel canto' y mañana, viernes (20 horas), María Eugenia Boix (Monzón, Huesca, 1982) dará muestras de todo su talento en el Auditorio Príncipe Felipe, de Oviedo, como soprano en el oratorio de Haendel, 'El Mesías'. La acompañarán la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, dirigida por Rossen Milanov; el Coro de la Fundación Princesa de Asturias, así como la mezzosoprano Sara Couden, el tenor Davide Giuste y el bajo Luis Ledesma.

-El manantial de su pasión musical parece que brotó a partir de su padre, miembro del Coro Montisonense...

-Así es. Y como buena aragonesa, canto jotas desde los cuatro años (ríe con el buen humor que caracteriza sus modales). La verdad es que, al principio, la música clásica me parecía un rollo, cuando comencé en el conservatorio de Monzón. Pero la pasión fue creciendo.

-¿Es verdad que empezó tocando el oboe?

-Sí, porque fuí de los pocos que consiguió hacer sonar la caña en las pruebas de aptitud... Pronto pasé al canto, de Monzón al Conservatorio Superior de Salamanca; después, un máster de lied en Bruselas, música de cámara en Ginebra y un post-grado de canto clásico.

-En los cursos de perfeccionamiento que realizó aparecen grandes figuras: Pedro Lavirgen, Teresa Berganza, el barítono David Menéndez... ¿Fueron muy importantes en los inicios de su carrera?

-Con David Menéndez, hice un curso de verano que fue definitivo, empecé a creer que podría dedicarme al canto. Allí donde él fuera, yo iba. Con Teresa Berganza establecí una comunicación muy buena en lo musical y en lo personal, que también es importante. Pero asimismo han sido muy importantes el pianista Javier San Miguel, Carlos Mena... Muchos.

-Los críticos han escrito sobre usted elogios encendidos, que incluso la juzgan como 'la nueva María Callas'. ¿Cuál es su propia consideración?

-Esa comparación procede de mi tierra y sólo puede obedecer al cariño. Me siento cómoda en las líneas sutiles y pienso queuno de mis puntos fuertes es la expresividad, sin la cual el canto no tiene sentido. Según los repertorios, mis referentes pueden ser distintos, de María Callas a Teresa Berganza; pero como inspiración, no como imitación. Es preciso conocerse bien para dar lo mejor de ti misma.

-¿El secreto es el equilibrio entre la emoción expresiva y la técnica?

-Están ligadas la una y la otra. No obstante, es cierto que sin una técnica de base no puedes expresar todo lo que quieres. Yo soy bastante emocional y si dejara de sentir al cantar me plantearía qué es lo que ocurre. En cualquier caso, cada uno es como es, no hay recetas universales.

-Haendel ya le resulta artísticamente familiar por sus interpretaciones en 'Dixit Dominus', 'Aminta e Fillide' o encarnando a Morgana, en 'Alcina'. ¿Qué sensibilidad le despierta?

-Del mismo modo que Mozart me sugiere algo así como una medicina sanadora al cantar, Haendel, que conocía muy bien los registros vocales y escribe de manera natural, logra que brillen las voces. Así espero que ocurra en esta versión con una gran orquesta.

-Las arias se suceden. ¿Hay alguna que le resulte particularmen significativa?

-Quizá la última. Pero también un dúo con la contralto, precioso. El oratorio tiene pasajes de alegría máxima y exaltación, junto a otros muy dulces y líricos.

-¿Qué juicio le merece la evolución de la música clásica en España?

-Cuando accedí a este mundo, en 2007, todavía se disponía de dinero para la cultura. La crisis, como siempre, hizo las mayores rebajas en el campo cultural. Sin embargo, yo soy positiva. Hay mucha gente joven interesada en la música clásica.

-Ha participado en un disco de homenaje a José Antonio Labordeta. ¿Hay músicas mayores y menores?

-Creo que no. Si se hacen con respeto, dedicación y vocación, dignamente, no hay músicas superiores e inferiores. Ahora bien, cada cosa en su sitio, no es lo mismo un aria que una jota.