Paco León en el 'Madriz' de las maravillas

Paco León, en el centro, rodeado del elenco de '¡Cómo está Madriz!', en el Teatro Campoamor de Oviedo. /
Paco León, en el centro, rodeado del elenco de '¡Cómo está Madriz!', en el Teatro Campoamor de Oviedo.

El Campoamor recibió con aplausos la polémica pieza que cierra la temporada lírica

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

Precedido de polémica y con las entradas agotadas, ayer subió al escenario del Campoamor '¡Cómo está Madriz!', la obra con la que se cierra el XXIII Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo. '¡Cómo está Madriz!' no es un programa doble de dos zarzuelas de Chueca, sino un espectáculo ideado y dirigido por Miguel del Arco, que se apoya en varios números de las zarzuelas 'La Gran Vía' y 'El año pasado por agua', de Chueca y Valverde, y de una manera más tangencial 'El barberillo de Lavapiés', de Barbieri, y 'Luces y sombras', también de Chueca. En comparación con cualquier otra representación en Oviedo, había varias diferencias. Recibía a la puerta del teatro un hombre de gesto hierático, bajo un paraguas, con un cartel que rezaba: «Hay escenas que ofenden a los católicos». Una vez dentro, se podía observar que al público habitual se habían sumado esta vez otros perfiles, muchos de ellos más jóvenes. Y, para qué negarlo, había cierta expectación por ver si aquello era para tanto o se había exagerado la cosa. El público se mostraba divertido, aplaudió todos los números y estuvo cómplice con los actores.

El espectador ha visto en '¡Cómo está Madriz!' una fantasía teatral, divertida, mordaz y algo chillona, en la que la música tiene una función que a veces recuerda las ilustraciones de la música cinematográfica. De hecho, los 'hablados' salidos en su mayoría de la pluma de Miguel del Arco y no de los libretistas de Chueca, constituyen la mayor parte del tiempo -dos horas y media largas- de la obra. De este modo, el equilibrio entre teatro y música propia del género lírico, se rompe y se alarga a favor de la historia teatral que describe el sueño y pesadilla de Paco 'El Durmiente' -Paco León-, vecino de la plaza Mayor de Madrid que en un viaje onírico salta del 2016 al 'Madriz' castizo de finales del siglo XIX. Tiempos diferentes, pero que tienen en común la esencia vital, movida, irónica y crítica de la Villa y Corte.

Como espectáculo teatral, Miguel del Arco realiza una obra de gran dinamismo, al que no es ajena la vitalidad que imprime a la acción un simpático Paco León. En la escena, se entremezclan lo virtual -algunos vídeos son muy buenos- con la representación real, un tanto esperpéntica. Hay un exceso de griterío y movimientos de masas en escena, una duración quizás excesivamente larga -rellenada con mucho texto de Valle-Inclán, Baroja, Pérez Galdós...-, pero tiene un gran impacto visual, gracias sobre todo a los recursos de 'video mapping', mezclando imágenes históricas de Madrid con elementos modernistas, muy coloristas.

La dirección musical estuvo a cargo de José María Moreno, al frente de Oviedo Filarmonía y la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, que actuó y cantó bien unas partituras coralmente no muy complejas, pero que hay que interpretar con gracia y salero. Un coro de zarzuela necesita moverse en escena, y la Capilla Polifónica lo hizo muy bien. Estuvo afinado, pero irregular en la dicción. Incluso algunos coristas actuaron como 'partiquinos' -un guardia, un chulo, una chulapa, una nena cursi o un hortera- con notable naturalidad. Respecto a los intérpretes, en primer lugar debemos resaltar la espontaneidad y la chispa de Pacó León como el ubicuo Paco 'El Durmiente', omnipresente en toda la representación. Recita, canta, baila y tiene esa vis cómica con la que aligera las partes del texto más prolongadas. Él es el eje de la función, llena el escenario.

La obra de un protagonismo más coral que individual,cuenta con cantantes de primera fila destacamos a María Rey Joly como 'La Menegilda' y Merche, la mujer de 'El Durmiente'. Actúa con naturalidad y canta con una voz de soprano muy apropiada para estos papeles. Luis Cansino muestra una excelente dicción en su papel doble de Caballero de Gracia y Guardia Municipal. Amelia Font (Doña Virtudes), recuerda a Esperanza Aguirre en su caracterización y fue muy aplaudida. Amparo Navarro, la cantante y actriz que personifica a El Eliseo, hizo una buena actuación.

En definitiva, un divertido viaje por las esencias del casticismo madrileño en el que el público fue a divertise, y lo consiguió plenamente. Aplusos y ovaciones que obligaron al elenco a hacer un bis, el 'Lalaralalá' de 'El año pasado por agua'. Los actores acabaron coreando reiteradamente '¡Cómo está Oviedo!, ¡Cómo está Oviedo! El día uno, polémicas cero. Y todas las entradas vendidas para las dos funciones que quedan.