La clásica es para el verano

Jóvenes actuando en las calles de Oviedo. /
Jóvenes actuando en las calles de Oviedo.

La Fundación Princesa reúne a jóvenes de todo el mundo en Oviedo; la Filarmónica de Asturias viaja a Santander para actuar con Raphael y estrena el domingo en Gijón un avance de la primera ópera mitológica asturiana, de Juan Carlos Casimiro. El violinista Ara Milikian actúa mañana en Avilés y el viernes, en la Laboral

LAURA BARRERO

La vida sin música sería un error, ya lo decía Friedrich Nietzsche, y ayer pude comprobarlo de primera mano. La música está en cada rincón, en cada recuerdo, en cada sentimiento y nos transporta a otro mundo, aunque solo sea por unos minutos. Una buena canción es aquella que entra por el oído llegando hasta el corazón ocupándolo todo. «Todo» es lo que decían al unísono los protagonistas de este reportaje al preguntarles sobre el sentido de la música para ellos, cuatro alumnos de los Cursos de Verano 2016 de la Escuela Internacional de Música Princesa de Asturias, venidos de Venezuela, Portugal, Luxemburgo y México; que entre clase y clase nos recibieron animadamente con sus instrumentos en la mano. Hablamos de David Bolaños, Adriana Biaggi, Rita Barbosa da Mota y Pierre Fontenelle, que entusiasmados con esta experiencia contaron su historia desde los inicios.

El mexicano David Bolaños Rivera fue el encargado de romper el hielo en el Conservatorio Profesional de Oviedo. «Toda mi familia está llena de músicos, mi abuelo era mariachi y mi padre continuó con la música», algo que él mismo define como «una cadena». Una tradición que le tiene enganchado al violín desde los cinco años. Adriana Biaggi Quintero, venezolana, confesó también que sus inicios fueron del lado de las cuerdas de un violín. «Antes de los cuatro años empecé a tocarlo, pero no acababa de llenarme. Me aprendía las partituras y cuando llegaba a casa lo intentaba sacar con las teclas del piano, era lo que más me gustaba». Años más tarde, «cuando tenía ocho años, dejé el violín y por fin me dediqué al piano».

Una historia completamente contraria es la de la portuguesa Rita Barbosa da Mota Araújo Raposo, que tras 13 años de carrera musical nos contaba satisfecha su decisión. «Mis padres querían que tocara el piano, pero yo quería el violín», confesaba. El último, pero no menos importante protagonista de este grupo, es el luxemburgués Pierre Fontenelle, veterano en este curso de verano, pues ya es el cuarto año que está en Asturias. La determinación de Pierre a la hora de escoger instrumento va por otro camino: «Tenía que decidir sobre los instrumentos de cuerda y el violín era muy pequeño, así que cogí el violonchelo». Además, es el único que rompe con las versiones de sus compañeros, «toco música clásica pero también hago versiones de otras canciones y hago rock».

Cuatro alumnos con «ganas de conocer el mundo de la música y de abrirse las puertas» que ven la música como un «todo» a través del que gira su vida. «Puedes tocar para ti y quedarte con ello, pero también puedes hacerlo en público y enseñárselo a todos» explicaba Pierre. Hacer música «es todo un privilegio», comentaban. «Es la pareja perfecta, te enfadas, lo dejas y cuando vuelves sigue ahí», bromeaba Bolaños. Nos despedimos de ellos tras una pequeña interpretación musical deseosos de seguir descubriendo al resto del grupo, un total de 155 alumnos que estarán tocando en las calles de Oviedo hasta este domingo.

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