«Si los extraterrestres existen, Plácido Domingo es uno de ellos»

Celso Albelo, en el escenario del Campoamor, antes de un ensayo. /
Celso Albelo, en el escenario del Campoamor, antes de un ensayo.

Celso Albelo Tenor, intepreta en Oviedo al Duque de Mantua del 'Rigoletto'

PACHÉ MERAYO OVIEDO.

«Puedo decir con orgullo que soy de una barriada. Mi padre era taxista. Mi madre, empleada del hogar y me siento con derecho de reinvicar la ópera como un elemento clave de la cultura». Habla así César Albelo, una de las voces de la lírica que más aplausos ha recogido en los últimos años, por sus «impresionantes agudos» y por la «sorprendente proyección de su voz». Y habla así porque siente la necesidad de hacer explotar con cordura ese sambenito de elitismo que rodea el mundo que le apasiona y que es su medio de vida. Él, que el próximo día 26 debuta en la temporada de Oviedo con el Duque de Matua, en 'Rigoletto', -el rol verdiano que le dio la alternativa, precisamente en la ciudad natal de Verdi, en Busseto-, que es aclamado por técnica, sentimiento y elegancia, se enfada cuando advierte que se establecen varas diferentes de medir la cultura. «¿Que es cara?, pues que prueben con la incultura, a ver qué pasa».

Pues dicen que se lleva mucha parte de las ayudas.

Hay un problema de dinero, pues claro. Vamos a intentar resolverlo. Vamos a buscar la manera, pero no rompamos lo que ya tenemos, como los Premios de la Lírica del Teatro Campoamor. Es tremendo que nos hayamos quedado sin ellos.

Usted tiene dos de esos premios. En 2010, como cantante revelación, y en 2012, como el mejor de la temporada nacional. Pero el caso es que las ciudades más importantes de Europa tienen un gran teatro de ópera y funcionan como una gran empresa. No hay que olvidar que aquí no solo estamos los cuatro que cantamos. Aquí hay carpinteros, personas que cosen, que diseñan, que reciben a los niños que vienen a ver el teatro. Hay varios oficios vinculados a esta cultura de la ópera.

¿Cómo hacen en otras ciudades para que funcione sin recortes?

Esa es la pregunta que deberían hacerse, pero no se han molestado siquiera en pensarlo.

Hábleme de su personaje, el Duque de Mantua, es el que mueve los hilos de 'Rigoletto'.

Es el malote. Ese que está super de moda, porque significa el poder. Todo lo que hace salpica a los demás.

Es el rol con el que debutó hace once años. ¿Qué significa para usted este Verdi?

El tiempo ha pasado tan deprisa que nunca me había parado a pensarlo, pero ahora que lo hago, me ha dado muchas cosas, muchas. Pero no tengo nada que ver con él, no me parezco ni en lo blanco de los ojos. Es un ser repugnante y muy antipático.

¿Su voz habrá ido cambiando, también el modo de cantar al Duque?

Claro. En aquella época, por ejemplo, no era padre. Ahora que lo soy no puedo encararlo igual. Todo cambia. No solo la voz. No somos los mismos que antes, ni mi cuerpo, ni mi vida lo son tampoco.

Suya es una de las arias más populares 'La Donna es mobile' y ese famoso do de pecho. ¿Lo vamos a escuchar?

En realidad no hay tal. Ese famoso do de pecho no existe. Algún crítico muy sabio en alguna ocasión escuchó un agudo muy agudo y dijo, «ha sido un do de pecho» y está. La tradición en este Verdi es cantar dos 'Si', uno bemol, que no está escrito y otro natural, que está en la partitura. Pero do de pecho, ninguno.

Esos cambios en las partituras, ¿qué le parecen?

Ese mundo es un negocio. Ahora se hace una versión crítica, ahora se halla un manuscrito. Creo que mientras se mantenga el espíritu del autor, es bueno mantener una ópera viva, en movimiento. Hay un debate, pero a mí no me interesa. Nos perdemos en discusiones

¿Qué le interesa?

Que la gente venga al teatro.

¿Y qué atrae más, una tecnica perfecta o la emoción?

Tecnicamente la formación no se acaba nunca. Nosotros estamos siempre aprendiendo. Hasta nuestra manera de pensar influye en nuestra manera de cantar. Luego está el dilema de que no hay una técnica universal. Yo puedo emocionar dejándome la garganta en el escenario y la técnica está también para controlar esas emociones, no solo para trasmitirlas.

¿Promete que emocionará este 'Rigoletto'?

Prometo salir sereno y con honradez y pido al espectador que venga a sentir.

¿Hay quien va de otro modo?

Está el experto que va con la lupa y se olvida de vibrar y el que va acomplejado, creyendo que no está preparado. Pero todos estamos preparados para llorar y para reir, por lo que todos estamos preparados para la ópera.

¿Qué partitura la enamoró?

'La Traviata'. Escuchándola perdí todos esos complejos, me dejé llevar y me enamoré y como soy muy curioso empecé a buscar a profundizar en ello.

¿Siempre quiso ser cantante?

Siempre me gustó cantar, pero nunca soñe con ser cantante de ópera. Estudie Historia del Arte y me hice tuno. Cantábamos por los bares para sacar dinero y pagar la universidad. Yo me quedaba afónico y una novia que tenía me dio el nombre de una profesora de canto para evitar esas afonías. Ahí empezó todo. Ella me descubrió este mundo que adoro.

A veces le comparan con Alfredo Krauss. ¿Qué opina?

Dicen sí que tenemos una manera parecida de entender el canto. Creo que hay mucho en el hecho de que somos de la misma tierra. Le conocí y le admiraba.

Este país ha dado grandes tenores.

Hay tantos y con tantas peculiaridades que no sabría a quién nombrar. Bueno sí, a Plácido Domingo. Si los extraterrestres existen, Plácido Domingo es, sin duda, uno de ellos.

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