Un 'Rigoletto' de claroscuros

Un 'Rigoletto' de claroscuros

Había sed de esta partitura, interpretada con brillantez desde el punto de vista musical y más floja en la escena

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

Desde hace trece años, las gracias y desgracias de Rigoletto no aparecen por el Teatro Campoamor. Precisamente, la última vez fue en enero del 2004. Para una ópera tan popular y sobre la que se conocen tantas referencias y versiones, trece años es mucho. Por eso se puede decir que hay sed de 'Rigoletto', manifestada especialmente cuando la ópera está protagonizada por un elenco de voces tan destacado como el que desde ayer hasta el próximo 4 de febrero clausura la 69 temporada. Así lo demuestra un Campoamor abarrotado en la representación de ayer y las entradas prácticamente agotadas para las siguientes funciones. El público, tan receptivo que hasta aplaudió el aviso que se dio al inicio de que el barítono Juan Jesús Rodríguez, que interpreta a Rigoletto, «está recuperándose de un proceso gripal», lo que no impidió que su actuación fuese esforzada e impecable.

Guy Joosten es un director de escena bien conocido por el público de la ópera de Oviedo. Hace unas temporadas, introdujo a Werther entre los azulejos de una cocina y más recientemente situó a Fígaro en el interior de un florido invernadero. En 'Rigoletto', también cambia atmósferas en aras de la actualización y mete a Rigoletto a un burdel, eso sí, siguiendo pautas escénicas verosímiles. Por ejemplo, al enfatizar escénicamente en el primer acto la maldición pronunciada por el conde Monterone resalta el elemento dramático de una ópera que inicialmente se titulaba 'La Maldición'. Tal vez como un símbolo de la intemporalidad del drama, el director de escena utiliza un vestuario de época -siglo VII- que después se cambia por uno de la segunda mitad del siglo XX. En el tercer acto, se ambienta en los suburbios de una ciudad portuaria actual, creando una escena a veces demasiado tétrica.

Marzio Conti, al frente de Oviedo Filarmonía, es un director efectista, pero, sobre todo, eficiente. Cualidades que se necesitan para una ópera como 'Rigoletto', en la que la orquesta tiene autonomía propia, y al mismo tiempo, un delicado sentido concertante. Conti llevó 'Rigoletto' con corrección. Ya en el preludio mostró la orquesta su voluntad de relieve, de claridad en los motivos y de contrastes dinámicos.

En 'Rigoletto' Verdi solo utiliza un coro de voces graves, pero le confiere una importancia escénica y musical de primer orden. El Coro de la Ópera de Oviedo, dirigido por Elena Mitrevska, consigue un nuevo éxito, especialmente a partir de la segunda escena, cuando cogieron más empaque. Partes como el secuestro de Gilda mostraron un coro de voces graves compacto y bien afinado.

Como apuntábamos más arriba, en una ópera tan conocida como 'Rigoletto', las exigencias vocales son especialmente altas. Por otra parte, los papeles principales son vocalmente complejos y difíciles. El bajo Ricardo Seguel interpreta un Monterone con fundamento. Su papel, reducido pero muy bien vocalizado, lo desempeñó con fuerza y vigor.

A la mezzo Alessandra Volpe la recordamos gratamente cantando hace años con la soga al cuello el papel de Fenema, de 'Nabuco'. Ayer dio vida a Magdalena, la prostituta prendada del duque de Mantua. La intervención en el cuarteto 'Bella figlia dell' amore' fue su momento estelar. Felipe Bou, habitual de las temporadas operísticas, interpreta a Sparafucile, el sicario de Rigoletto, con veracidad.

Y, aunque le habíamos escuchado en Asturias en galas líricas, una de las veces con el barítono Leo Nucci, hasta ayer el tenor canario Celso Albelo no había cantado en las temporadas de ópera. Excelente debut de uno de los grandes tenores líricos de la actualidad, muy aplaudido de principio a fin. Y también debutó ayer en Oviedo la soprano Jessica Pratt, con una voz de soprano lírica muy bonita, aunque le falta un poco de potencia, y se va centrando a medida que transcurre la acción, cuando pierde ese perfil inocente para convertirse en una mujer enamorada.

Indudablemente, Juan Jesús Rodríguez es en estos tiempos el barítono verdiano por excelencia y, aunque se avisó al principio de que estaba recuperándose de una gripe, su actuación, especialmente en la variedad expresiva que dio a Rigoletto, fue excelente.

Un 'Rigoletto' musicalmente bien llevado, sobresaliente en los papeles masculinos (especialmente el del bufón) y con una escena con luces y sombras. A veces buscados, pero con un ligero desenfoque en el tercer acto.