El canto de VAleria

La violinista Valeria Zorina se ha convertido ya en una realidad artística. Lo demostró en el Jovellanos acompañada por el pianista Daniel del Pino

RAMÓN AVELLO CRÍTICA DEL CONCIERTO DE LA SOCIEDAD FILARMÓNICA

A Daniel del Pino le habíamos escuchado varias veces en Gijón. La última, no hace mucho tiempo, como pianista del Trío Contzen. El miércoles, en el concierto que ofreció junto a Valeria Zorina en el Teatro Jovellanos para la Sociedad Filarmónica de Gijón, la labor de Daniel transcendió el mero acompañamiento para realzar el sentido dialogante que hace que un dúo no sea una voz principal y otra secundaria, sino dos voces complementarias, que a veces se refuerzan, a veces se oponen y otras se complementan. A Daniel del Pino se le podría aplicar aquello que alguna vez dijo Juan Carlos de Sofía: «Es muy buen profesional». Por su parte, Valeria Zórina, joven violinista moldava vinculada a Asturias -su padre es Yuri Nasushkin, profesor del Conservatorio de Oviedo, y ella colabora, entre otras actividades, con la Fundación Príncipe de Asturias -, más que una promesa se ha convertido en una realidad artística. Fogueada y galardonada en varios concursos, posee una musicalidad atractiva y una técnica segura.

El miércoles, en el Teatro Jovellanos de Gijón, este dúo ofreció para la Sociedad Filarmónica de Gijón un curioso y, en mi opinión, atractivo concierto, con un programa poco conocido, pero bien interiorizado por la violinista.

En la primera parte, Valeria y Daniel interpretaron la 'Sonata para violín y piano en Mi menor', de Edward Elgar. La sonata, una de las escasas contribuciones del compositor británico a la música de cámara, es una obra de gran riqueza melódica sobre densos desarrollos.

Lirismo muy cantábile, sutileza en los largos fraseos y un talante dialogante fueron los ejes de esta versión. La segunda obra fue 'YII', una composición de Giacomo Platini, compositor italiano contemporáneo. Tal vez en el nombre se aluda a un cierto sentido cósmico, como la sugerencia de planetas aislados que no se rozan. Musicalmente, la obra de Platini es un motivo en armónicos por parte del violín, con el contrapunto de unos trinos y acordes arracimados a diferente altura del teclado. Nos quedamos con unas sugerencias abstractas, en una obra que al menos en una primera audición nos resulta prescindible. Mayor atractivo tuvo el 'Poema elegiaco', composición romántica del violinista y director de orquesta Eugène Ysaÿe.

El poema está en el primer motivo, melancólico y con canto muy ligado; la elegía, uno de los momentos soberanos del concierto, en el tema fúnebre intermedio, cantado sobre la cuarta cuerda del violín con una limpieza sutil y una expresividad desbordante.

En mi opinión lo mejor del concierto que nos trajo a Gijón una violinista no sólo brillante, sino también de una expresividad intensa.