Andrés Calamaro, puerta grande en Gijón

Andrés Calamaro, sobre el escenario de Metrópoli. / FOTOS: DAMIÁN ARIENZA
Andrés Calamaro, sobre el escenario de Metrópoli. / FOTOS: DAMIÁN ARIENZA

El argentino ofreció en el Metrópoli un concierto redondo cargado de sus mejores éxitos y al que se sumó a la guitarra el local Jorge Ilegal

PABLO SUÁREZ

Apecho descubierto. Sin tiempo para calcular consecuencias y protegido por la certeza de quien se sabe con las mejores balas. Andrés Calamaro, cantante por vocación y leyenda por profesión (también en su acepción religiosa), llegó ayer al escenario del festival Metrópoli dispuesto a dar todo lo que la grada, entregada desde el comienzo, esperaba de él. El argentino se embolsó el partido antes de que este hubiera siquiera empezado. Con un primer disparo como 'Alta Suciedad' acertar en el blanco está garantizado.

Calamaro, testigo generacional de grandes delanteras, maneja un repertorio con más pegada que cualquiera de ellas. Su nuevo disco, base de la gira que lo trae a Asturias, amplía, como quedó ayer patente, la cuenta de himnos para el recuerdo. Y lo hizo ante una explanada, la de Metrópoli, abarrotada, que los coreó como si no hubiese un mañana.

El año pasado, con 'Cargar la suerte', el bonaerense, como hiciera tantas veces su mentor, Diego Armando Maradona, cerró las bocas de quienes llevaban tiempo dudando de si seguiría en plena forma. La sensación en directo es que el argentino, consciente de la dimensión de su obra, desborda seguridad en artes y efectos. Como los toreros, el cantante tiende a matar el nervio a base de envites. Sobre el escenario, Calamaro transmite una firmeza en lo que hace, una honestidad en lo que recita y una ausencia de vértigo que contagia a su público, dispuesto ayer a acompañarlo hasta el final del camino. De la mano, coreando cada verso como una barra en delirio constante. Puro sentimiento argentino. Pura imperfección. A su lado, invitado especial para escoltarlo a la guitarra y lanzarse en algún tema, Jorge Ilegal. Pareja de mitos. Y antes de juntarse sobre el escenario, un recuerdo para Camarón de la Isla. Un tercer mito que se sumaba a la fiesta desde el olimpo del flamenco.

El público gijonés coreó cada estrofa como una barra en delirio constanteLas canciones del nuevo disco ampliaron una lista de auténticos himnos

De su último trabajo, canciones como 'My Mafia' o 'Tránsito Lento', que ayer sonaron brillantes, forman parte ya de esa colección 'calamarista', imposible de abarcar bajo otra distinción. Son las canciones del Calamaro que mima la pelota, la esconde y la toca en corto para que el resto la hagan suya. El Calamaro que, guste más o menos, levantó estadios que el rock en castellano no se había atrevido siquiera a soñar.

Uno de ellos, a buen seguro, fue el 'Estadio Azteca', un regalo que ayer disparó en lo más hondo y que, lejos del intimismo que la guitarra de Niño Josele aporta en la grabación original, fue transformado por el público gijonés en canción de taberna, con la belleza pasional que ello conlleva. 'Prendido a tu botella vacía/esa que antes/siempre tuvo gusto a nada'. La gente coreó cada verso con el gesto desencajado por la emoción de quien ve aparecerse recuerdos en cada estrofa. En el escenario, Calamaro, artífice y director de la ceremonia, sonreía al tendido, saboreando la faena.

Éxitos anteriores

'Alta Suciedad' y 'Honestidad Brutal' son dos discos con una factura al alcance de pocos. También lo es el legado de ese grupo fugaz y no por ello menos esencial en el cancionero hispano que fueron Los Rodríguez. La atemporalidad que exhibieron ayer canciones como 'Paloma' o 'Mi enfermedad' demuestra que Calamaro no es un artista que viva de las rentas, pues no se puede llamar así a lo que a día de hoy sigue generando vida y sentimiento. Bailando sobre el repertorio, como un diestro de época, Calamaro fue manejando la muleta a su antojo, y cuando olió la sangre, se dispuso a matar. Gijón no dudó en ir a la guerra con él. Y él, a cambio, le dedicó unos versos. «En Asturias, mi destierro, que la garganta me aguante, de fatigado cantante, sufre con tanto desplante ni el Sporting de Gijón», recitó. «Espero en otra ocasión volver con más tiempo libre, asturiano de gengibre, espigado corazón», continuó. «Que suerte verte, Gijón». Y mencionó a Paco Loco, Manta Ray, Jorge Martínez... Y recibió una ovación.

Hubo quien ayer percibió algo de aquel teclista de 'Raíces' sobre el escenario del recinto ferial, ya completada su metamorfosis en leyenda del rock en castellano y al mando de una tripulación de perros viejos dispuestos para casi todo, con el aroma auténtico de estar siempre en el comienzo. Unas horas después, su Argentina, la selección de todos los amantes del fútbol visceral, se jugaría la final de la Copa América. La impresión es que con dar la mitad de lo que dio ayer su compatriota, la copa será albiceleste. El de ayer en Gijón, no fue el Andrés Calamaro que todos esperaban, pero sí el que todos querían.