Orozco brinda a la intimidad común

Antonio Orozco, durante su actuación en el Teatro de la Laboral en Gijón/E. C.
Antonio Orozco, durante su actuación en el Teatro de la Laboral en Gijón / E. C.

El intérprete compartió una concierto vibrante con una audiencia entregada que abarrotó el Teatro de la Laboral

KAY LEVIN

Sin fotografías. Sin vídeos. Sin pantallas de móvil reluciendo en la oscuridad. Solo música en vivo, con todo lo que eso significa. Eso es lo que Antonio Orozco brindó a quienes acudieron anoche al Teatro de la Laboral, que hace semanas que tenía vendidas todas las entradas. Un espectáculo barnizado por un ambiente de intimidad compartida en el que el cantante conectó, directamente y sin intermediarios, con su público.

«Llenar este sitio es algo que habíamos soñado, probablemente uno de los capítulos más importantes de nuestra carrera», fueron las palabras con las que el compositor comenzó esta cita enmarcada en la segunda temporada de su gira 'Único'. Orozco, muy hablador y de buen humor, respondió a quienes le piropeaban desde las primeras filas, arrancando las risas del público.La megafonía había pedido, unos minutos antes, que no se hicieran grabaciones o instantáneas con los teléfonos inteligentes para «mantener el secreto» de una experiencia singular, que mezcla el concierto con otros formatos más de teatro o cine, y que surge de «la búsqueda incansable de nuevas formas de contar la vida», como había avisado previamente el catalán, que estuvo toda la noche generoso en confidencias.

Fue una forma, este concierto, de desconectar del mundo exterior que tanto abruma y conectar con el presente, en el que Orozco encendió las gargantas de los aficionados que colmaban el coliseo con los primeros compases de 'Mi héroe', la canción que abrió el concierto. A ellos se sumaron la guitarra y los sonidos electrónicos de 'Podría ser', aunque después desaparecieron para que Orozco finalizara el tema a capela, entre los 'olés' que salían del patio de butacas. Bien rodeado por su banda, el intérprete se desplegó a gusto con la audiencia en un recital en el que, además de la química con los presentes, destacó el juego de luces que acompañaba a cada tema y una generosa vis cómica del protagonista, que llegó a arrancarse con los versos de 'Corazón partío', de Alejando Sanz. Orozco dio después paso a temas como 'Devuélveme la vida' –cantada casi exclusivamente por el público–, 'Moriré en el intento' y 'El viaje', con la respuesta inequívoca al otro lado del escenario por parte de un anfiteatro entregado de principio a fin. Con 'Estoy hecho pedacitos de ti' se lanzó a recorrer el patio de butacas.

Los asistentes le despidieron con una gran ovación, ya rociados de gotas de sudor, de emociones a flor de piel y de un sinfín de momentos que evocan un pasado no tan distante en el que no había necesidad de compartirlo todo en Instagram o comentarlo en Twitter. Se llevaron así estos instantes como recuerdos de una experiencia en directo, y no a través de una pantalla. Con esa distinguida satisfacción en las miradas, fueron abandonando el teatro. Como autómatas sin elección, al salir, muchos se llevaron las manos al bolsillo y, lentamente, sus caras comenzaron a reflejar los familiares destellos de una nube de brillantes pantallas que absorbió de nuevo su atención, uno a uno. Fue solo una ilusión, quizás, algo único.

 

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