El barroco sereno del Café Zimmermann

El Café Zimmermann, durante su actuación en el Auditorio de Oviedo. /  ÁLEX PIÑA
El Café Zimmermann, durante su actuación en el Auditorio de Oviedo. / ÁLEX PIÑA

El conjunto francés ofrece un aplaudido concierto en el Auditorio dentro del ciclo Primavera Barroca

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

A principios del siglo XVIII había en Leipzig un local, el café Zimmermann, en el que además de tomar un café u otra bebida, se ofrecía música. Varias cantatas profanas de Bach y numerosas obras de Telemann se estrenaron en este lugar, en donde se reunía, bajo la dirección de Telemann, una asociación de estudiantes de Leipzig denominada el Colegium Musicum. Hace veinte años, el violinista Pablo Valetti y la organista y clavecinista Céline Frisch cogieron el nombre de Café Zimmermann para formar uno de los grupos barrocos mas personales de Francia. Numerosas grabaciones discográficas, especialmente de la música instrumental de Bach, avalan la trayectoria musical de este conjunto. Ayer, en la sala de cámara del Auditorio Príncipe Felipe, dentro del ciclo de la Primavera Barroca, el Café Zimmermann, integrado por Pablo Valetti y Mauro López Ferreira (violines), Patricia Gagnon y Luzie Ucceni (violas), Ptr Skalka (violonchelo), Céline Frisch (órgano) y Shizuko Noiri (tiorba) ofreció un concierto centrado en algunos compositores centroeuropeos del barroco temprano: Frogerber, Biber y Schmelzer. Estos autores anteriores a Bach, cultivaron el llamado 'stylus fantasticus', una forma de componer para instrumentos relacionada con la improvisación sobre breves temas imitativos, y que se utiliza en formas como la sonata, el ricercare o la fantasía.

El concierto comenzó con las sonatas de Franz Von Biber. Eran sonatas, como explicó brevemente el violinista argentino y fundador del Café Zimmerman, Pablo Valetti, comunes a la iglesia y a la corte. Obras contrastantes en cuanto a movimiento, rápido, lento, rápido, lento, y en cuanto a la oposición de dinámicas, fuerte y piano, y de instrumentos. En la colocación del conjunto los violines y la viola estaban enfrentados en los extremos y en el centro el continuo formado por el órgano, la tiorba, el vilonchelo y el contrabajo. De Frogerber se interpretó una 'Tocata en re menor para órgano'. Céline Frisch tocó una versión muy limpia, con cierto carácter espontáneo, y que recuerda el espíritu de las improvisaciones barrocas. La otra obra de Froberger es el 'Ricercar en do mayor', una pieza muy imitativa en la que las voces parece que se van buscando unas a otras. La obra de Schmelzer más pintoresca fue el baletto a cuatro 'Escuela de esgrima', una composición programática que describe en seis breves movimientos aspectos relacionados con la esgrima. Otra obra de este compositor es el lamento sobre la muerte del emperador Fernando III. Aunque el nombre de lamento implica tristeza, esta obra tiene varios movimientos seguidos, el primero un tiempo muy lento, con un espíritu expresivo, de tristeza; luego le sigue una fuga que según Valetti sugiere el equilibrio del mundo, para pasar a una danza alegre que se relacionaría con la coronación del siguiente emperador. A rey muerto, rey puesto. De todo el conjunto, de todas las obras, lo más aplaudido fue la 'Suite en la menor' de Biber, en cinco movimientos, y en la que sobresalió la belleza de 'La chacona', introducida por la tiorba, cuyo bajo constante sirve de base a las diferentes variaciones de la obra. Esta chacona se bisó al final del concierto.

El repertorio que nos trajo el Café Zimmermann es poco conocido. Sin duda, hay muchos elementos, sobre todo en las fugas, que de alguna manera son antecesores de Bach, pero también tiene un valor musical intrínseco, con sus contrastes bruscos, sus cambios de tempo y sus diálogos instrumentales.

Respecto al público, más de tres cuartos de entrada en la sala. Y lo que es curioso es que se trata de un público diferente, en buena parte, al de los conciertos del Auditorio. Un público algo más joven.