«Bowie fue el primero que hizo de su propia muerte una obra de arte»

Víctor Guillot y Rubén Paniceres, ayer, en el CICA. /  AURELIO FLÓREZ
Víctor Guillot y Rubén Paniceres, ayer, en el CICA. / AURELIO FLÓREZ

Rubén Paniceres y Víctor Guillot trazan en un ensayo la genealogía emocional e intelectual del genio de Brixton

A. VILLACORTA GIJÓN.

«Tres días antes de su fallecimiento, en el que sería su último videoclip, 'Lazarus', Bowie nos brindaba la visión de su carne envejecida y demacrada por el cáncer, el cabello sin teñir, las arrugas en primerísimo plano, es decir, el profundo desvalimiento en que todos nacemos y morimos», escribe Mario Cuenca Sandoval en el prólogo de 'Ceniza a las cenizas. David Bowie: La revolución visual de la cultura pop', una genealogía emocional e intelectual firmada por el psicólogo Rubén Paniceres (Oviedo, 1957) y el periodista Víctor Guillot (Gijón, 1979) que ayer fue presentada en el Centro de Interpretación del Cine de Asturias (CICA).

Con el apoyo del propio CICA, el Casino de Asturias, el Grupo DC y Rema y Vive Editorial, este ensayo abre una vía inexplorada sobre el genio de Brixton, porque el objetivo era reconstruir el universo audiovisual de uno de los creadores más brillantes del siglo XX, «un artista total que tocó prácticamente todas las disciplinas del arte: desde la fotografía a la pintura pasando por el cine o la composición...», explica Víctor Guillot.

A través de ellas, cuenta el periodista gijonés, «Bowie va rastreando los grandes acontecimientos de la cultura occidental de las últimas cinco décadas. Desde la Guerra Fría, pasando por el 11-S, hasta llegar a su desaparición física, convirtiéndose en el primero que hizo de su propia muerte una obra de arte». Y, al mismo tiempo, «se analiza cómo su figura influyó en la cultura pop, porque es un intelectual que acumula una cantidad de lecturas impresionante».

Entre ellas, por ejemplo, «está Rimbaud y su máxima 'Yo soy el otro'». Y esa es otra de «las grandes semillas de la obra de Bowie, que defiende la idea de formar parte de los otros, pero respetando también la propia individualidad. Frente al egoísmo del capitalismo y los totalitarismos, él acaba asumiendo que tiene que compartir con los demás para defender su propia individualidad y ese es un mensaje político muy potente que llega hasta hoy». Y, por eso, Mario Cuenca Sandoval aventura que «tal vez David Bowie no falleciera en 2016. Tal vez protagonizara una última metamorfosis» el artista inclasificable.