Claridad y exuberancia sonora

Hilary Hahn, ayer, junto al maestro Mikko Franck, en el Auditorio de Oviedo. /  ÁLEX PIÑA
Hilary Hahn, ayer, junto al maestro Mikko Franck, en el Auditorio de Oviedo. / ÁLEX PIÑA

Hilary Hahn y la Orquesta Filarmónica de Radio Francia ofrecieron un magnífico concierto bajo la batuta de Mikko Franck

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

La Orquesta Filarmónica de Radio Francia transmite entusiasmo y rigor. Sin duda, es una de las orquestas europeas más versátiles. Hace un año, la escuchamos en Oviedo bajo la dirección del sabio coreano Myung-whun Chung, entonces director honorario de esta ejemplar orquesta francesa. Ayer, la volvimos a escuchar en el Auditorio Príncipe Felipe, en este caso bajo la batuta del director titular de la orquesta, el joven y prestigioso músico finlandés Mikko Franck, con la violinista Hilary Hahn. En el programa, el 'Concierto para violín y orquesta en re menor', de Sibelius, y la 'Sinfonía fantástica', de Berlioz. Una propuesta que gustó al numeroso público -y especialmente juvenil-, en el que se hacían notar muchos estudiantes de violín.

Sibelius era violinista y conocía bien los recursos y los límites de este instrumento. En su 'Concierto para violín', los pasajes extremadamente complejos transcienden al mero virtuosismo para adentrarse en una hondura expresiva, de carácter postromántico. La técnica al servicio de la expresión, sin exageraciones sentimentales, es una de las claves de una buena versión de esta obra como la que le escuchamos a Hilary Hahn.

La violinista americana tocó con expresividad, y también con cierta sobriedad, un fraseo y una afinación perfectos y muy implicada con la orquesta. Fueron muy interesantes las combinaciones en el tercer movimiento de percusión y violín o el lirismo encantador sin exageraciones del segundo movimiento. Y, tras los aplausos, Hilary Hahn interpretó como propina una zarabanda de Bach, mientras que en el descanso hubo grandes colas para su firma de discos.

La célebre 'Sinfonía Fantástica' de Berlioz es un hito de la historia de la música. Tanto por la idea de un programa que la música describe como por la existencia de lo que Berlioz llamó «la idea fija», equivalente francés del leitmotiv wagneriano: una melodía amplia que se repite y se transforma a lo largo de la obra, y que en este caso simboliza diferentes imágenes de una mujer, Harriet Smitson, amor platónico de Berlioz. A lo largo de la obra, envuelta en una exuberante orquestación, vemos a Harriet provocando ensueños y pasiones; a Harriet en un baile; a Harriet en una escena pastoril, paseando por el campo; a Harriet como ultimo pensamiento de un condenado a la guillotina y a Harriet montada en una escoba en un aquelarre nocturno.

Mikko Franck dirige a veces sentado y a veces de pie, con gestos muy claros y con una actitud muy amigable, muy cordial tanto con la orquesta como con el público. Ante una llamada telefónica inoportuna -afortunadamente, en el intermedio de dos movimientos-, hizo un gesto de «¿qué se va a hacer?» y esperó pacientemente. La versión fue muy plástica, con una sonoridad vibrante, muy fluida, y unas dinámicas que iban desde fortísimos muy compactos a matices en pianísimo muy audibles. Una versión viva de esta sinfonía.

Como propina y en homenaje a su tierra, Mikko Franck dirigió el poema sinfónico 'Finlandia', de Sibelius, cuyo himno final se utiliza como el himno nacional finlandés. ¡Viva Finlandia!