David Rusell y el corazón de la guitarra

Rusell, en el escenario del Jovellanos. /  JOAQUÍN PAÑEDA
Rusell, en el escenario del Jovellanos. / JOAQUÍN PAÑEDA

El gran guitarrista escoces abrió con éxito en el Teatro Jovellanos la 112 Temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón

RAMÓN AVELLOGIJÓN.

El corazón de la guitarra y la falta de corazón de los móviles, cada vez más insoportables y más altos. Seis veces sonaron en la primera parte del concierto de David Russell y dos de ellas, con estruendo.

Hace un siglo, en febrero de 1919, un entonces joven guitarrista, Andrés Segovia, tocó, por primera vez en Gijón en una Sociedad Filarmónica. El genial interprete siempre recordó con agradecimiento que la Filarmónica de Gijón hubiese abierto sus puertas a un instrumento que en palabras de Segovia «entonces no se consideraba digno de las salas de concierto». En cien años han cambiado mucho las valoraciones y un intérprete genial como David Russell trasciende la técnica impecable para adentrarse en un mundo de emociones variadas. El guitarrista escocés afincado desde niño en España, inauguró ayer la temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón, con un intenso recital. Russell estuvo cercano, comentando las obras y algunas anécdotas muy curiosas.

Comenzó el concierto con la 'Introducción y Polonesa' -de Napoleón Coste, compositor y guitarrista francés del siglo XIX-, tocada con limpieza, una pulsación clara.

Transcribir para la guitarra composiciones escritas para otros instrumentos constituye todo un arte compositivo que exige hacer de la necesidad virtud, para transcender las limitaciones del instrumento, sin que se altere la musicalidad intrínseca de la obra. Eso es los que hizo Russell en las versiones de los corales de Bach 140 ('Despertad, nos llama la voz') y 147, ('Jesús Alegría de la humanidad') y la 'Suite N.7' original para clave, de Händel. Frente a un Bach muy esencial, rigurosamente contrapuntístico, nos ofreció un Händel muy adornado, de una gran ligereza y precisión rítmica, especialmente el pasacalles final, que es un poco vicioso.

El compositor y guitarrista galés Sthephen Gos escribió para David Russell 'Cantigas de Santiago', suite sobre temas extraídos de las cantigas de Alfonso X, el Códice Calixtinus y el trovador Martín Codax. Es una obra muy evocativa, de sonoridades medievales, que la guitarra recrea con un caracter ensoñador.

De Enrique Granados fue bellísima la versión de la 'Danza española N.5 Andaluza', plena de matices y sutilezas tímbricas.

Russell obtuvo un Grammy por la interpretación de la música iberoamericana, recogida en su CD 'Aire latino'. Excelente intérprete del guitarrista y compositor paraguayo Agustín Barrios, nos ofreció una hermosa selección de sus composiones. La versión de 'Un sueño en la floresta' es el trémolo más fascinante de la historia de la guitarra, sobre todo en unas manos como las de Russell. Para muchos fue el punto culminante.

Como propina, interpretó la monumental 'Gran jota' de Tárrega, con virtuosismo y, sobre todo, con alma.