Idilio entre el chapapote

Rodrigo Estévez y Carmen Romeu, durante la representación de 'Maruxa' en el Campoamor. /alfonso suárez
Rodrigo Estévez y Carmen Romeu, durante la representación de 'Maruxa' en el Campoamor. / alfonso suárez

El Campoamor recibe con frialdad la 'Maruxa' nada pastoril de Paco Azorín

RAMÓN AVELLO

'Maruxa' no es, en la nueva producción del Teatro de la Zarzuela que ayer llegó al Campoamor, la 'égloga lírica' ideada por Amadeo Vives. Los inocentes pastorcillos, Pablo y Maruxa, son dos comprometidos ecologistas del 'Nunca Máis'; los primos hacendados, Rosa y Antonio, dos ambiciosos plutócratas navieros, responsables del hundimiento del 'Urquiola' que produjo una catástrofe medioambiental. La dulce y melancólica Galicia se transforma, aliñada por versos de la gran Rosalía, en la Galicia trágica, negra. Sobre la música bellísima de Amadeo Vives, se superpone una 'Maruxa' telúrica del director de escena Paco Azorín que nada tiene de pastoril. El público apludió con cortesía y cierta frialdad ante un montaje que no llegó a convencer.

Paco Azorín superpone otra 'Maruxa', y aunque nada tenga que ver con la ópera de Vives, hay que reconocer que la versión tiene fuerza dramática y cierto virtuosismo escénico. La escena más conflictiva y desatinada es el preludio del segundo acto, en la que transforma una romería gallega en una tragedia ecológica con cubos en la escena, gente del coro saliendo a recoger el chapapote y un humo que tenía a parte del público ahogado. En esta versión cobra una importancia simbólica la bailarina María Cabeza de Vaca, que representa esta Galicia oprimida y destrozada. A la pobre la retuercen, la riegan con un líquido que imaginamos que es petróleo, la cubren con una piel de oveja, pero con todo se mueve bien y da una imagen de una Galicia tensa. Aunque la escena de la romería no ha sido muy afortunada, con el coro recogiendo chapapote, sí estuvo muy atinada musicalmente la breve muñeira tocada a la gaita por Vicente Prado Suárez, 'El Pravianu', un toque de color astur-gallego.

'Maruxa' es, por la continuidad musical y por la propia estructura vocal y sinfónica, una ópera española a caballo entre el verismo y el regionalismo musical. Esa fuerza de la partitura la recrea con acierto y profundidad el director José Miguel Pérez-Sierra al frente de Oviedo Filarmonía. Hizo una labor muy atinada, subrayando esos dos motivos, 'Alma mía, tu eres mi alegría', que simboliza a la figura de Rosa, y 'Si es amor el mirarte en tus ojos', verdadero 'leitmotiv' a la manera wagneriana que recorre la obra.

El público llenó el coliseo ovetense.
El público llenó el coliseo ovetense. / Pablo Lorenzana

Entre los solistas, Carmen Romeu hizo una Maruxa vocalmente muy sólida, una voz de soprano de timbre muy bello y potencia. A Rodriguo Estévez, como Pablo, le faltó un poco de cuerpo, especialmente en las notas medias de barítono. Sin embargo, cantó bien su romanza 'Aquí en este sitio', uno de los pocos momentos apludidos por el público. Miguel Zabala, sin voz. El papel de Rufo es para bajo cómico y requiere un intérprete con una mayor vis cómica y potencia vocal. De ambas cosas careció ayer este barítono bajo.

A Svetla Krasteva, como Rosa, se le puede achacar cierto problema en la vocalización, en las frases a veces se comía las sílabas no acentuadas, pero salvo eso hizo un papel correcto. Como actor y cantante gustó mucho el tenero asturiano Jorge Rodríguez Norton, como Antonio. A veces exageraba un poco la concepción del papel como un malo de opereta, pero siempre bien cantado y con una voz bien proyectada. 'Maruxa' es una ópera con fragmentos que recuerdan a la opereta vienesa, a la música gallega, a la zarzuela nacionalista, que se basa en un libreto totalmente 'naif' y que es francamente malo. Sin embargo, Paco Azorín, cambiando todo el drama, tampoco lo mejora. Le da fuerza dramática pero no tiene nada que ver con la 'Maruxa' de Vives.