Intensidad grave

Keith Flint, de The Prodigy, sobre el escenario del Tsunami. / FOTOS: TSUNAMI XIXÓN

Bailes salvajes cerraron la jornada del viernes a cargo de unos descontrolados The Prodigy, con un brutal espectáculo digno de una rave

JORGE ALONSO

El Tsunami Xixón se ha abonado a los días cálidos de sol sin fisuras, tal vez por ese espíritu de ola refrescante e inapelable que lleva por nombre. A lo largo de la jornada del viernes, los alrededores de la Universidad Laboral se fueron convirtiendo en una acampada civilizada y, cuando el sol se ha ido y los estómagos se han reforzado, no hay nada que impida sentirse dentro de un festival a la manera clásica, con grupos que no se superponen, escenarios bien diferenciados y barras abundantes con precios controlados. Súmenle la orgía pangeática de Gogol Bordello y tienen una fiesta para los sentidos, una amalgama de punk gitano y desprejuiciado, un híbrido entre Goran Breovic, Emir Kusturika y los Mano Negra, menos ornamentales, quizás, pero tienen la fórmula Bordello para ser imprescindibles en lo suyo. Como lo son Dead Bronco, directamente desde el pantano más pintón que un caimán pudiera desear, entran como el whisky, te mueven como el ron bebido de la botella, 'bluegrass' para el siglo que viene desde los que se fueron, sin alharacas ni fisuras.

Afortunadamente, es un decir, el plato más fuerte de la noche se haría esperar. De lo contrario, el tránsito de la tierra porosa al estallido rabioso del breakbeat hubiera sido bastante traumático. Porque The Prodigy tardó una media hora en salir a escena sobre el horario previsto, y lo hizo entre un haz de luces cegadoras que se disponían a una hora larga de espasmos y giros imposibles, mientras los británicos se armaban de unos instrumentos improbables y una serie de jaleos para su 'fuckin spanish people', sobrados de tanta fuerza como descontrol sonoro, graves dignos de la rave más canalla y pocos matices para un repertorio, eso sí, lleno de clásicos como 'Breathe', 'Firestarter' o la apoteósica 'Smack My bitch Up'.

Se echaron en falta esquemas menos obvios y trabajados, y se agradeció la fuerza descontrolada de una banda que se dejaba caer en demasiadas ocasiones en los trucos del colchón místico, el silencio y las paradas abruptas para estallar de nuevo. ¿Impidió eso el baile y las pulsiones eléctricas? En absoluto, esto es lo que The Prodigy da en directo, bastante más crudo y desmangado que en sus discos, y eso es lo que cabía esperar. Un primer día deliciosamente agotador que dio paso a otro igualmente intenso. Esta ola no trae basura, esta ola es pura fuerza bien organizada. Que siga.

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