Javier Ruibal, Premio Nacional de Músicas Actuales en 2017, presenta su nuevo disco, 'Paraísos mejores', este sábado en el Jovellanos

M. A. FERNÁNDEZ

Afirman algunos que es, después de Serrat, el cantautor más importante, carismático y especial que hay en España. A pesar de ello no es un conocido del gran público, aunque ha sido merecedor de galardones como el Premio Nacional de las Músicas Actuales en 2017 y la Medalla de Andalucía en 2007. Cuando una legión de creadores musicales en España habla de la belleza de las canciones-joya de este gaditano, por algo será. Este sábado, Javier Ruibal (El Puerto de Santa María, 1955) estará sobre las tablas del Teatro Jovellanos de Gijón (20.30 horas) presentando su nuevo disco, 'Paraísos Mejores'.

-Para algún despistado, ayúdele definiendo cuál es su estilo.

-Pues quisiera tener las palabras exactas. Sé lo que ando buscando, pero cómo bautizar al chiquillo ya es otra cosa. Busco una música singular que tenga que ver con la tradición y con el avance. Quiero que tenga sintonía con la buena poesía y que sea leal con el buen gusto, trabajarla con esmero, dedicación, conectando con el público.

«Del paraíso de la infancia pasamos al de la adolescencia, y así siempre»

-¿Los ingredientes?

-Pues desde el flamenco, que es mi música natal, hasta, no sé, la música electrónica. Yo trabajo con todo tipo de músicas según lo que vaya buscando en cada momento y lo que me pida el texto. Y así voy montando una paleta de colores con los que conformar cada pieza. Al final, siendo leal, pero con apertura para tener una vocación planetaria. Hacer música de aquí, pero de todas partes, porque en realidad todas las partes son aquí.

-Y Cádiz.

-Evidentemente, uno es hijo del lugar donde nace. Y Cádiz tiene cosas muy singulares: primero un sentido del vivir y estar aquí -que no sabemos lo que es ni lo sabremos nunca-, pero llevándolo con alegría, con estímulo, mirándose a uno mismo con el rabillo del ojo. Sin creerse nada. Está muy bien quererse, pero no creerse. Y musicalmente es especial. Si se hace flamenco, se hace con una peculiaridad muy de allí. Con el carnaval es lo mismo, somos muy singulares.

-Por cierto, el carnaval.

-Soy muy de la chirigota. Solamente estar vivo ya es bastante serio y trascendente. Sobrecoge. La chirigota implica tomarse las cosas -y a ti mismo- a cuchufleta. La comparsa es más seria y la chirigota me libera de ese tipo de corsés.

-Suele tender puentes entre mundos. La música andalusí, sonidos árabes, flamenco...

-Salen de una mezcla de intuición y azar. Claro que soy un músico mediterráneo, con todo ese poso de culturas. Pero me da reparo hablar en términos trascendentes y eruditos. Se trata de canciones, de comunicación. Con brevedad, inmediatez, que diviertan, que emocionen. Pero no dejan de ser pequeñas piezas lúdicas. Me gusta esa idea de lo efímero de las canciones y al tiempo que se queden en la memoria emocional de la gente.

-Nuevo disco, 'Paraísos mejores'. Siempre buscando paraísos.

-Igual es una deformación judeocristiana. La idea de la existencia, mejorar lo que tienes y convertirlo en un paraíso. Ganárselo. Pero sí como vocación de lograr cosas mejores. Es un derecho del ser humano.

-Ahora son 'Paraísos mejores'. ¿Los anteriores fueron fallidos, desilusionantes?

-Al final es un deseo, una ambición de culminar algo sobre lo que uno sostiene su vida. Mejores porque también tienen algo de hipérbole. Y luego los paraísos caducan, o se superan, o se caen por causa nuestra u otros nos hacen caer. Pero como se suele decir... 'el show debe continuar'. La vida tiene que continuar. Del paraíso de la infancia pasamos al de la adolescencia y así siempre. Yo sueño con seguir buscando un paraíso mejor siempre.

-Supongo que sueña con eso y con la manera que tiene en sus letras de conquistar y decir cosas de la mujer que muchos poetas envidiarán...

-Bueno, quizá uno se extiende hablando de aquello que le resulta más indescifrable y enigmático. De alguna forma ese sentimiento que provoca en mí la mujer lo voy resolviendo canción a canción. También las músicas que manejo tienen mucho de lirismo, de fantasía, de fábula. Puede ser por eso.

-Un disco heterodoxo con invitados muy variados y diferentes.

-Pues fue por la vía de la amistad. Por un sentimiento latente desde que nos conocimos. Todos me caen muy bien y cuando he tenido la oportunidad y la canción adecuada para hacerla juntos ha sido fácil. No fue una estrategia discográfica al uso.

-Los grandes galardones como el Premio Nacional de las Músicas Actuales, ¿ayudan?

-Es un guiño bonito que te hacen. Se está siempre en una soledad. Todos estamos solos. Y si desde algún lugar hay una posibilidad de señalar tu trayectoria y tu trascendencia, pues es halagador y reconfortante. Pero no ha sido un espaldarazo, tal vez un trato más respetuoso. Ya se supone que uno no está dando palos de ciego, aunque también creo que puede ser porque ya voy teniendo una edad. Yo creo que siempre hice una música que no iba por la autopista, sino por la vía de servicio. Se va más despacio y se puede mirar el campo. Aunque tampoco es ir andando. Es otra velocidad. Se hace camino al andar y lo importante es el tránsito, el viaje, como decía Kavafis.

-Decía en una célebre canción suya que el cante grande es lo que vale. ¿Cómo va su cante?

-Pues yo creo que mi música tiene un punto de candidez que igual está lejos del concepto de cante grande. Pero un 'puñaíto' de canciones a veces pueden contener una cierta filosofía, para vivir y sobrevivir aquí.