El Jovellanos vive una apoteosis celta

El Jovellanos vive una apoteosis celta
Carlos Núñez, ayer, en pleno éxtasis sobre las tablas del coliseo gijonés. / FOTOS: JOAQUÍN PAÑEDA

Carlos Núñez embrujó al público en el teatro gijonés con su último trabajo

PABLO A. MARÍN ESTRADAGIJÓN.

«¿Dónde estáis, Broceliande, Viviana, Merlín? Sueños lejanos y maravillosos», recitaba el mítico Alan Stivell en uno de sus primeros temas: 'The Wind of Keltia'. Ahora, su aventajado discípulo, el gallego Carlos Núñez, trae de gira todos esos vientos metidos en el fuelle de su gaita para convocar de nuevo a la fiesta a la muy diversa fraternidad céltica. Así ha titulado el libro que lo acompaña en este tour: 'La hermandad de los celtas'. Y en su concierto de anoche en el Teatro Jovellanos de Gijón, casi lleno, pudimos asistir a una magnífica muestra de esa complicidad entre el gaiteiro y su público astur. Una noche en la que estuvo acompañado, además, por la Coral Polifónica Gijonesa y la Banda de Gaites Villa de Xixón.

En realidad, meterse a la gente en el bolsillo y arrastrarla a la 'foliada' que Núñez y sus músicos se montan en cada directo sobre el escenario es especialidad de la casa. Más que un bardo de la corte del rey Arturo, el gallego se mueve sobre las tablas con su arsenal de flautas y el versátil puntero de su gaita como un auténtico saltimbanqui de plaza y pista. Más cerca del Flautista de Hamelin que de Merlín. Y ayer volvió a dar una buena lección de ello.

Flanqueado por sus inseparables Pancho Álvarez a la guitarra y Xurxo Núñez a las percusiones, más sus nuevas cómplices de esta gira (Tara Breen al violín e Itsaso Elizagoien a la trikitixa), abrió con unos reels que desataron las primeras palmas y de la mano de Itsaso -tras saludar con un 'Buenas noches, Xixón'- siguió con un fandango vasco y, casi sin respiro, atacó con su puntero mágico el mismísimo 'Bolero de Ravel'.

El Jovellanos se llenó de público para escuchar al gallego.
El Jovellanos se llenó de público para escuchar al gallego. / Joaquín Pañeda

El repertorio de Carlos Núñez y su concepción de la música son fieles herederos de las raíces celtas: es decir, proclives al mestizaje y a la promiscuidad. Al Hamelin de Vigo le va esa marcha: enredarse por bulerías, revisitar un An Dro bretón, brasilear, popear o irse requinteando de los Jardines de Aranjuez.

Algunos de esos palos inspiradamente mixtos sonarían en su fiesta gijonesa. Y, así, tras un paseo irlandés con la Breen exhibiendo su virtuosismo y con propina de zapateado, la invitación a la fiesta se prolongaría con 'Costa de Galicia', antes de sumergirnos en un remanso de memoria al viejo pasado celta con dos hermosas piezas del mítico O'Carolans. Al arpa, Ciara Taaffe y Núñez, al whistle.

Luego, viaje aún mas lejos a las cantigas medievales con réplicas de instrumentos del Pórtico de la Gloria y al 'Lamento de Tristán', otra joya rescatada del celtismo hispánico. Y, de ahí, salto al 'Cancionero de Palacio', «donde hay melodías que suenan muy asturianas y gallegas».

Y es que el concierto tuvo mucho de lección didáctica, a la que se sumaron la Coral Polifónica y el Coro Joven de Gijón para cantar 'María Soliña'. Fue uno de los momentos más memorables de la noche, solo superado por la irrupción de la Banda Villa de Xixón para unirse a la celebración coral con 'Amazing Grace'.

Pero todavía quedaba lo mejor de la fiesta. Un brinco a América con 'Guadalupe' y 'Xotes' (con guiño a Brasil), con el público bailando en pie, para después fundirse en un An Dro con la Banda de Gaites y atacar 'Mambo', 'Greenlands' y despedirse con una promesa de volver pronto a Gijón a los sones de 'Aires de Pontevedra'. Una auténtica apoteosis celta de más de dos horas.