Leiva vuela libre en Gijón

El madrileño y su banda congregaron a cerca de 5.000 fieles en el Recinto Ferial Luis Adaro con un espectáculo que derrochó honestidad y empatía

Leiva, durante su concierto en Gijón. Arriba, el público en el recinto ferial. / FOTOS: CAROLINA SANTOS
Leiva, durante su concierto en Gijón. Arriba, el público en el recinto ferial. / FOTOS: CAROLINA SANTOS
PABLO SUÁREZGIJÓN

Dicen los argentinos que la virtud de un canchero (como se conoce a los jugadores de barrio) reside en la habilidad innata de convertir cualquier estadio en un potrero, un barro donde pese más el corazón que el cartel. José Miguel Conejo Torres, Leiva, (mirada kilométrica, sombrero Nick Fouquet y pendientes de corsario) reivindica este arte en cada show. Ayer tocó Gijón. En un espacio con mucho nombre como es el recinto ferial Luis Adaro, el tour 'Nuclear' prendió la llama del verano con un bolo de aroma a sudor y garito.

El madrileño se presentó elegante, con disco nuevo, guitarras afiladas, un trabajo gráfico de altura y la misma esencia de siempre. Da igual que ponga una pantalla gigante con su imagen rotando de forma constante, da igual que aumente aforos en cada gira y da igual que vaya secando taquillas por todo el país. La sensación es que Leiva nunca sonará como un músico que llena estadios. Y esa es, tanto para su público -cerca de 5.000 personas anoche- como para él, la mejor noticia. Leiva y su banda son rock and roll por la misma razón que Maradona es puro fútbol. Lo que otros fuerzan hasta el ridículo, a ellos les sale casi sin querer.

El madrileño mantuvo ayer su idilio con una ciudad que a lo largo de su carrera ha visitado mucho y le ha fallado muy poco. Es cierto que no colgó el cartel de 'no hay billetes' en taquilla, pero hay sensaciones para un músico que superan con creces cualquier 'soldout'. El público gijonés acudió ayer al concierto con la ansiedad de una primera cita y la devoción de una relación consolidada, y, a cambio, se llevó para casa dos horas de intensidad y honestidad salvaje. No había acabado de romper la grada con 'Expertos' y la Leiband repetía conjuro con 'Animales'. Estaban finos. Si a una banda con seis músicos de extrema garantía y autenticidad se añade la voz de Patricia Lázaro, el cóctel roza la embriaguez perfecta. Resulta curioso, incluso emocionante, cómo, pese a sumar alguien nuevo en cada gira, la banda va haciéndose más compacta, más exacta, más brillante. La alineación se completa a base de un repertorio sin fallas (valgan aquí todas las acepciones del término). Leiva maneja una serie de canciones que, bien disparadas, perforan como balas de sal. Rompen hondo y escuecen de forma adictiva.

Repertorio variado

El de la Alameda de Osuna combinó ayer trucos menos rodados, algo faltos todavía de carretera, con algunos clásicos de discos anteriores. 'Estrella Polar', 'Terriblemente Cruel' y 'Vis a Vis' pasearon anoche por la ciudad sus encantos atemporales ante un público que no dejó de agitar sus joyas, entregado por completo a las artes del cantante y su grupo de amigos. Hay algo conmovedor en el comportamiento de la banda durante el show. Manejan un movimiento y una personalidad casi teatral, como sombras bailando una especie de ritual conocido por todos, pero no por ello menos íntimo. Un gambeteo continuo, como el de un mediapunta con espacios que no se cansa de servir pases de gol.

Se asomaba la meseta del espectáculo sin nadie dispuesto a abandonar el barco. Hay un pacto no escrito entre el madrileño y su público. El partido no termina hasta que suena 'Lady Madrid'. «Más bonita que ninguna / ponía a la peña de pie. / Con más noches que la luna / estaba todo bien». Gijón, una barra delirante ya en noche cerrada, entonó el cántico.

Fueron las postrimerías de un concierto con previsión de rozar las dos horas y que fue dejando una sensación general de júbilo. Una especie de viaje espacial a lugares donde la pasión y el buen toque siguen cobrando los mejores goles. Solo era cuestión de sentimiento y barro. Sin pirotecnias innecesarias. Sin ataduras a lo espontáneo. Rock and roll en su variante salvaje, imperfecta. Porque Leiva es siempre sinónimo de libertad. Y anoche voló libre en Gijón.