«Estoy muy lejos de la industria que no se sabe si vende música o ropa interior»

Carlos Mena, ayer, en el Auditorio Príncipe de Oviedo.
/P. LORENZANA
Carlos Mena, ayer, en el Auditorio Príncipe de Oviedo. / P. LORENZANA

Este viernes dirigirá el concierto de Navidad de la OSPA y el Coro de la Fundación Princesa en el Auditorio de Oviedo Carlos Mena. Cantante y director de orquesta

A. VILLACORTA OVIEDO.

Carlos Mena (Vitoria, 1971) dirigirá el viernes (20 horas), en el Auditorio Príncipe, al Coro de la Fundación Princesa de Asturias y a la Orquesta Sinfónica del Principado en el tradicional concierto de Navidad en el que sonará 'El Mesías' de Haendel. Un recital que contará con la participación de la soprano María Espada, la mezzosoprano Cristina Faus, el tenor Juan Antonio Sanabria y el bajo Josep-Miquel Ramón y que será el primero en el que el reconocido contratenor alavés se ponga a los mandos de esta obra en Oviedo, pasando del canto a la dirección.

-¿Qué papel encarna con más gusto, el de cantante o el de maestro?

-Son cosas distintas en algún sentido, pero que tienen lugares comunes como la honestidad. Es necesario ser bastante honesto en las dos cosas. Y ambas necesitan trabajo: preparar y estudiar mucho y ser muy consciente. Evidentemente, llevo más tiempo cantando que dirigiendo y, por lo tanto, la afinidad es mayor con el canto, pero estoy muy a gusto en los dos terrenos.

-Sostiene que, para los cantantes, es fundamental la psicología.

-Sí. Yo trabajo con mis propios demonios y virtudes. Intento que la psicología sea siempre una herramienta para poder sacar lo mejor y no un fin en sí misma. En eso consiste: en comprender a los cantantes, a la orquesta, al coro, porque cada formación tiene su personalidad y sus necesidades.

-¿Le puedo preguntar cuáles son esos demonios suyos?

-Sí, claro. No tengo ningún problema en hablar de mis debilidades. Uno de mis demonios es que no llevo mucho tiempo dirigiendo. Por lo tanto, no tengo la habilidad que poseo como cantante y estoy muy atento a eso. Y otro es cómo manejo mi corporalidad. Es decir: todo mi cuerpo puede estar influenciado por un gesto. En ese sentido, intento que no tenga bloqueos o tics de cantante.

-Ha cantado con tres de los solistas de este recital. Pensarán que se las sabe todas...

-(Ríe) Pues creo que sí, pero intento establecer un vínculo de confianza para que no se sientan amenazados. Al ser cantante, conozco los entresijos de la voz, pero también pueden sentirse comprendidos y eso es lo que intento: ayudarles al máximo y no ser el gran ojo que todo lo ve.

-¿Dirigir 'El Mesías' es especial?

-Supongo que para el público sí que hay una expectativa especial por las fechas en las que estamos. Y, evidentemente, es una obra muy conocida, con un gran éxito mediático, muy expresiva y muy redonda.

-¿Para entenderla en toda su complejidad hace falta ser creyente?

-Influye tener cierta inquietud o vivencia espiritual. La música y los textos no están hablando de algo que uno pueda tocar, así que, para entenderlos, quizá hacerlo desde un punto de vista estético se quede un poquito corto. Al menos, el director debe ponerse en la carne de un creyente.

-¿Este oratorio pierde magia en el Auditorio respecto a la Catedral?

-Se gana en temperatura (Risas). Yo recuerdo cantar en la Catedral con el abrigo puesto y eso influye mucho no solamente en la voz y en la comodidad, sino también en la musculatura, que se endurece. Con el frío, es muy difícil que la voz suene elástica. Evidentemente, la acústica es mucho más definida, más clara, en el Auditorio que en la Catedral. Y, aunque el entorno es mucho más inspirador en la Catedral para una obra así, hay que compensarlo con la interpretación. Todo tiene su equilibrio.

-¿Es este un mundo de grandes egos y poca espiritualidad?

-En mi caso, todo el que me conoce sabe que estoy muy alejado de los egos y de la figura del músico que la industria impulsa, con esas webs y esas fotografías en las que uno no sabe si te venden un músico, ropa interior o perfume; muy lejos de esa imagen o de esa tendencia que, para mí, es totalmente comercial, vacía, frívola, equivocada, interesada...

-Quizá por eso no es muy activo en las redes sociales...

-Mi visión de eso es que ya estoy lo suficientemente expuesto como para exponerme más. El que me quiere encontrar me encuentra y no me hace falta una página web ni comunicarme con miles de seguidores como, a veces, veo a gente, diciendo: «Acabo de cantar en París. Qué bien me trata esta ciudad». Y eso, mientras esperan las maletas, que tardan 47 minutos en llegar. No estoy dispuesto a ese tipo de cosas. Cuando tengo que transmitir algo en las redes, lo hago. Es muy fácil. Lo difícil es controlar eso y que la fuerza que uno utiliza en internet no le reste energía a la vida real, la del cuerpo a cuerpo, el trabajo y el contacto humano directo.

-Descubrió la pasión por la música junto a su hermano Juanjo, también director. ¿Monopolizan la charla en la cena de Nochebuena?

- (Ríe) No. Hablamos algo de música, pero no monopoliza la cena. Supongo que, si fuésemos endogámicos, nos haríamos muy pobres y la riqueza de ser músico consiste en no cerrarse. Además, tenemos gente muy interesante en nuestra casa como una hermana, la mayor, que vive en Alemania y que es una eminencia en física cuántica. Así que también hay muchos otros temas apasionantes.

-¿Sabe que Forma Antiqva, una formación que conoce bien, ha tenido que abandonar el Auditorio?

-No lo sabía, pero es una pena. Realmente, para alguien de fuera es algo incomprensible. Si es por falta de apoyo institucional, no lo puedo entender. El Principado y la ciudad de Oviedo deberían estar orgullosos de un grupo como Forma Antiqva, que lleva por los escenarios del mundo el nombre de Asturias.