Una melena y una stratocaster

Rosendo, sobre el escenario en Gijón, durante su gira de despedida. :: FOTOS: JOAQUÍN PAÑEDA/
Rosendo, sobre el escenario en Gijón, durante su gira de despedida. :: FOTOS: JOAQUÍN PAÑEDA

Rosendo, el legendario rockero de Carabanchel, ofreció anoche en Gijón el único concierto asturiano de su gira de despedida, 'Mi tiempo, señorías'

M. ROJO / G. MARTÍN

Ni quemarse ni desvanecerse, dejarlo en lo más alto. Rosendo Mercado (Madrid, 1954), el gran patriarca del rock urbano español, lleva desde marzo inmerso en su gira de despedida de los escenarios, que tituló con un escueto 'Mi tiempo, señorías'. Desde que encabezase al frente de Leño la revolución del rock&roll en castellano, Rosendo se ha forjado una leyenda de músico carismático e insobornable, autor de un cancionero que han coreado ya varias generaciones. Contemplar su sombra, o su silueta, la de una melena, un cuerpo delgado y una stratocaster colgada, hace que su nombre venga a la cabeza de cualquier aficionado a la música de este país. Pero tras 45 años en el oficio, Rosendo dice que se toma un respiro, y anoche ofreció el que podría ser su último concierto en Asturias. Al menos, por ahora es el único de esta gira y los que lo conocen aseguran que es un tipo de palabra, y que aunque esté aún loco por incordiar, no se ve arrastrándose por los escenarios con interminables autoconciertos de homenaje, como otros.

Anoche desembarcó en Metrópoli puntual, a las 23 horas, con su guitarra, bajo y batería, su formación habitual, para entonar un título acorde al momento profesional que vive: 'Aguanta el tipo'. Le siguieron algunos de sus temas más cañeros: 'Por meter entre mis cosas la nariz', 'Cada día' y 'Muela la muela'. Tímido como siempre, saludó y dio las gracias. Su discurso son las canciones. Eligió 'Cosita', 'Deja que les diga que no', 'Si pudiera' (versión cañera de la canción de Antonio Flores) y muchas otras.

Rosendo, con vaqueros y camiseta negra, lo dio todo. Un recinto ferial lleno y entregado, con palmas en alto después de cada canción le despidió -quien sabe si para siempre de un escenario asturiano- como se merece, por todo lo alto.

Antes, en el festival, como cada día, hubo de todo. Desde hordas de chavales disfrazados de personajes de Harry Potter a una demostración de 'body painting' y la presentación del libro 'Mil maneras de llegar al hotel', de Rafa J. Vegas, bajista de Rosendo. Un no parar.

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