Monumental cosmovisión

Jonathan Nott y la Joven Orquesta Gustav Mahler, ayer, en un Auditorio Príncipe abarrotado. /  HUGO ÁLVAREZ
Jonathan Nott y la Joven Orquesta Gustav Mahler, ayer, en un Auditorio Príncipe abarrotado. / HUGO ÁLVAREZ

Jonathan Nott y la Joven Orquesta Gustav Mahler encandilan en Oviedo con la 'Tercera Sinfonía', el gran fresco del compositor sobre la naturaleza y la vida

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

Jonathan Nott es uno de los grandes directores mahlerianos de nuestro tiempo. Su grabación integral de las diez sinfonías de Mahler al frente de la Sinfónica de Bamberg es una referencia absoluta en la música del compositor austriaco.

A Nott le escuchamos hace dos años en Oviedo, con la Orquesta de la Suisse Romande, su versión de la 'Sinfonía Titán'. Y la Joven Orquesta Gustav Mahler, el proyecto educativo y musical más querido por Claudio Abbado y actual vivero de las grandes orquestas del mundo, tampoco es nueva en los conciertos del auditorio. La hemos escuchado dirigida por Harding, interpretando a Beethoven, y por la delicada Mitsuko Uchida, a Mozart. Es una orquesta moldeable, hasta extremos plásticos, tal y como comprobamos ayer en un auditorio lleno, con una versión felizmente 'Nottiana' de la extensa y dilatada 'Tercera Sinfonía' de Mahler.

Nott dirigió de memoria, con una gran fluidez en los tiempos, variedad en las dinámicas y claridad en los gestos. Hizo que esa versión suya tan interiorizada traspasase a los jóvenes músicos y al público que abarrotaba la sala y que salió encantado por la profundidad de la interpretación.

La 'Tercera' de Mahler se podría haber llamado, en el buen sentido de la palabra, la sinfonía del cuento. Salvo el primer movimiento, una epopeya sobre el despertar de la naturaleza, los otros cinco llevan un pequeño subtítulo sobre el arte de contar: 'Lo que me cuentan las flores', 'lo que me cuentan los animales del bosque', 'lo que me cuenta la noche'; 'lo que me cuentan las campanas de la madrugada', 'lo que me cuenta el amor'. En este 'lo que me cuentan' está contenida, más que un programa poético, la creación de un inmenso himno sobre la naturaleza, el arte y la humanidad. Un himno muy bien contado por Jonathan Nott y los jóvenes de la Mahler, en el que, a través de los seis movimientos, se simboliza la evolución creadora del mundo.

El primer movimiento se concibió como contrastes abruptos entre unas sonoridades estáticas y orgánicas y otra muy movida y dinámica que cristaliza en una marcha arrebatada. Es 'El despertar de Pan', que simboliza el despertar de la naturaleza. El movimiento es el más extenso de Mahler -dura 45 minutos-, pero a la mayor parte del público se le hizo corto.

El segundo movimiento fue interpretado con ligereza -«despreocupación» pedía Mahler- y del tercero hay que destacar el solo de trompeta fuera de escena apoyado por los violines y en el que el trompetista, Víctor Bouzas, recrea como un eco lejano de la sonoridad orquestal.

El cuarto movimiento es un lied interpretado magistralmente por Elena Zhidkova, la mezzosoprano que cantó en la Ópera de Oviedo en 'El oro del Rhin'. Fue una versión muy densa, ligada y con un enorme sentido de lo atemporal, de lo estático.

El quinto movimiento, ligado al anterior, nos da a través del canto de los niños, interpretado por el Coro de Voces Blancas y el Coro Infantil de la Fundación Princesa de Asturias, una visión ingenua del paraíso.

Gran ovación

Los niños cantaron desde un palco el 'ding dong' de las campanas, siempre muy afinados, al igual que las mujeres.

Y la sinfonía termina en uno de esos adagios sublimes de Mahler, melodías que van sacando músculo, que se van combinando entre sí, que van creciendo hasta llegar a ese éxtasis final con el que termina la 'Tercera'.

Muchísimos aplausos, más de cinco minutos. Pero los más intensos, los que los jóvenes músicos dedicaron al gran maestro Jonathan Nott.