Mundo interior sobre las dos grandes 'Bes'

Sobre estas líneas, Nikita Mndoyants. Abajo, el público aplaude al pianista ruso. /  CAROLINA SANTOS
Sobre estas líneas, Nikita Mndoyants. Abajo, el público aplaude al pianista ruso. / CAROLINA SANTOS

El pianista ruso debutó con éxito en Gijón en el marco del XX Festival Internacional Jesús González Alonso Nikita Mndoyants interpretó en el Jovellanos versiones muy contenidas de Beethoven y Brahms

RAMÓN AVELLOGIJÓN.

Aunque ruso de nacimiento y formación, el gran espaldarazo pianístico internacional le llegó a Nikita Mndoyants en Estados Unidos, en 2016, con el primer premio en el Concurso Internacional de Piano de Cleveland. Ayer, en el Teatro Jovellanos, este compositor y pianista interpretó con solvencia en los dedos y contención en el corazón un repertorio de honduras y fuerzas expresivas.

En el programa, dos grandes 'Bes' de la música: Beethoven y Brahms. Nada menos que la 'Sonata n.º 17 en re menor (Opus 31, n.º 2)' y la 'Sonata n.º 18, en mi bemol mayor (Opus. 31, n.º 3)', de Beethoven, la 'Sonata en fa menor, n.º 3', de Brahms y una obra del propio Nikita: 'Intermezzo', un programa que se amplió con tres propinas: un arreglo del coral de una cantanta, la 238 de Bach, 'La Bagatela n.º 4' de Beethoven y la danza 'Los Salvajes' de 'Las indias galantes', de Rameau.

Los pianistas rusos suelen tener un plus de vitalidad, y Mndoyants es un buen ejemplo de ello, pero los rasgos fundamentales son un sentido muy polifónico del teclado, con lo cual va destacando siempre con mucha claridad los diferentes cantos simultáneos, y, por otra parte, una fantasía tímbrica que da color y relieve. Es un pianista comedido, muy elegante, pero con una expresividad interna que refuerza el carácter íntimo de las obras.

La 'Sonata n.º 17 en re menor', subtitulada 'La Tempestad' por cierta alusión a la obra de Shakespeare sugerido, probablemente un poco a la ligera, por Beethoven. Más que tempestad teatral, estamos ante una tempestad interior, que expresa las ansias de liberación formal de la música beethoveniana.

Ya en el movimiento inicial, largo-allegro, la libre alternancia de los tiempos sugiere esa lucha tortuosa de elementos antagónicos. El último movimiento, muy rítmico, se asocia tradicionalmente al galopar de un caballo. Es un movimiento perpetuo de gran vivacidad.

Frente a la tortuosa 'Sonata en re menor Op. 17', la 'Sonata Op.18' es como una amable pastoral. De hecho, a esta obra también se la llamó 'El canto de la codorniz', por el trino del primer movimiento, que recuerda en su ritmo y melodía al canto de este pájaro. Fue una versión muy plácida, muy agradable de escuchar y muy elegante.

La segunda parte se abrió con una obra del propio Nikita Mndoyants que es 'Intermezzo', una composición en un movimiento, muy breve, que se estructura sobre un intervalo de cuarta ascendente. Ese intervalo va generando diferentes intensidades sonoras, motivos arpegiados y breves melodías que nunca ocultan el intervalo original. Es una obra muy comprensible para una primera audición.

Cerró el programa la tercera y última sonata que compuso Brahms para el piano: la 'Sonata en fa menor, Opus 5'. Considerada una de las cimas del piano romántico, esta sonata en cinco movimientos combina una sólida estructura musical con esa fantasía crepuscular tan característica de Brahms.

Lo más característico fue la relación entre el segundo y el cuarto movimientos. El segundo es un lied con varicaciones, muy poético, muy lírico, y el cuarto retoma elementos de este lied pero dándole un sentido macabro o tétrico. Fundamentalmente, por el batir de los bajos. Versión de gran fuerza expresiva, muy interiorizada y con gran capacidad comunicativa.

Tras eso, las propinas descubrieron a un pianista con una carrera muy interesante y que ayer debutó con éxito en Gijón en el marco del XX Festival Internacional de Piano Jesús González Alonso.