Ocho cuerdas bajo las rocas

Un aspecto general de la cueva que cada verano acoge los conciertos riosellanos. :: FOTOS: XUAN CUETO/
Un aspecto general de la cueva que cada verano acoge los conciertos riosellanos. :: FOTOS: XUAN CUETO

El dúo de violín y violonchelo de Makhtin y Atapine abre el ciclo anual de conciertos de la Cuevona de Ardines en Ribadesella

X. C. / R. M

La entrada del público a la Cuevona de Ardines, en Ribadesella, para asistir a los conciertos que cada verano inundan de música clásica esa oquedad monumental de más de cuarenta metros de altura, suele ser parsimoniosa. Los que se adentran en el improvisado auditorio suelen quedarse mirando ese gran salón natural y tardan unos segundos en volver a mirar al suelo para alcanzar sus asientos. Cada verano se ponen a escuchar musica estas vetustas paredes en las que el arte, mucho antes de que los instrumentos musicales fuesen inventados, se ejecutaba en forma de sombras e historias a la luz de la hoguera, o como en la vecina cueva de Tito Bustillo, en base a manos impresas en la pared, vulvas o imágenes de animales pintadas por los artistas prehistóricos.

Dos solitarios instrumentistas hicieron ayer su aparición para inaugurar los conciertos. Dmitri Makhtin, al violín, y Dmitri Atapine, alma de este festival al violonchelo, protagonizarían dos de los grandes dúos para esos instrumentos. La 'Sonata para violín y violonchelo', de Ravel, y el dúo para esos mismos instrumentos de Kodaly resonaron bajo los siglos anoche en Ribadesella, concitando los aplausos del respetable. El festival seguirá hoy, con la voz de Alfredo García y el piano de Yelizaveta Tomchuk, que interpretarán arias, canciones y romances de Beethoven, Strauss, Albéniz, Granados, Fabini, Gustavino,López Buchardo...

El sábado actuará el quinteto compuesto por Dmitri Makhtin (violín), Mikhail Spivak (violín), Timur Sadykov (viola), Vladimir Atapin (chelo) y Franscisco Mestre (contrabajo). El domingo ofrecerá un recital Cinthya Zebaze.