«Tienes que parecer honrado hasta que te pillen robando»

Lecter Bukosky, de birra en birra. :: ARNALDO GARCÍA/
Lecter Bukosky, de birra en birra. :: ARNALDO GARCÍA

Al músico Lecter Bukosky lo que más le gusta en verano es ir con su chica y su perro a hacer un picnic. Lo que más odia, que haga sol si tiene que lavar el coche

Lecter Bukosky, alter ego del músico, escritor y promotor avilesino Valentín Cañibano (1977), es de esos tipos imprevisibles. Tanto, que una de sus últimas propuestas ha sido grabar una única copia de un disco para un solo comprador, que fue subastada y que no podrá ser difundida hasta 2043. Estos días, lo encontrarán en Metrópoli. O, si no, compartiendo vida con su chica, Ana, y su perro, Chico, que lo tienen loco perdido. -¿Qué hará este verano?

-Grabar el tercer disco e intentar disfrutar de todas las actividades que tenemos en Asturias, que son increíbles.

-¿No se va?

«Cuando se murió mi perro, lloré más que por familiares directos»

-En septiembre. A Venecia y Florencia, que las tengo pendientes.

-Con ese nombre de asesino en serie, es todo un romántico.

-En este mundo, tiene que parecer que eres honrado hasta que te pillen robando en un Mercadona o en un Eroski unas cremas (Ríe).

-¿Usted ha robado algo?

-He robado gominolas y chicles y no tengo ningún sentimiento de culpa porque me parecía que eran muy caros y que estaban muy altos. Solo por el ejercicio de ponerme de puntillas merecía la pena.

-Además, le pidió matrimonio a su chica con la anilla de una lata de cerveza.

-Sí. Me la bebí por la mañana y me acordé de una historia que me había contado ella.

-Cuente, cuente.

-Los soldados, en la Primera Guerra Mundial, cuando estaban en el frente, cogían la anilla de la lata o de la ración que les daban, la tallaban y se la mandaban por correo a sus novias. Me pareció muy bonito, porque ellas aceptaban en matrimonio a alguien que no sabían si iba a volver o no. Ese es el mejor anillo. Uno que diga: «No sé si voy a vivir mucho o poco, pero lo que me quede quiero estar comprometido contigo».

-¿Y ella qué dijo?

-Que sí. No le gustan las joyas. Prefiere unos buenos zapatos o buena bisutería que un diamante. En eso tengo suerte (Risas).

-¿Son de los que discuten por ir a la playa o a la montaña?

-La verdad es que no. Un día vamos a un sitio y otro, a otro. Y, además, no somos ambiciosos. Vamos siguiendo las estrellas, que nos sirven para encontrar el camino. -¿Folixas imprescindibles?

-La Semana Grande de Gijón es sacrosanta y los Fuegos, también. Y, San Agustín, claro.

-¿Y su plan preferido?

-Coger al perro y una cesta de picnic superprofesional que Ana encargó a Inglaterra y que le costó ciento y pico euros. Ir a poner la mantina a un sitio donde no haya gente y tomar un bien vino o una sidrina con un queso asturiano.

-¿Encuentran sitios desiertos?

-Cada vez menos. Lo bueno de la globalización es que te encuentran con el móvil. Lo malo, que ya no te puedes perder.

-¿Piensa liarla parda en algún momento?

-Pienso liarla parda muchas veces porque acabo de sacar una marca de cerveza que se llama Lecter Bukosky con el dinero del disco que subastamos y está muy buena. Nos lo hemos gastado todo en alcohol y voy a hacer tres o cuatro fiestas para derrocharlo.

-¿Es ave nocturna o diurna?

-Soy de madrugar y de cerrar los bares. Lo que no soy es de dormir. Ayer me acosté a las cinco de la mañana y a las seis ya estaba haciendo cosas. Mi cuerpo va a así. Ana siempre me dice: «Parece que vas puesto». Pero no.

-¿Algo que no soporte de esta época?

-El sol y el calor cuando tengo que lavar el coche. Lo odio.

-¿Su mejor verano?

-Hace cuatro años, cuando fui a recoger a una chica a Gijón y empezó a vivir conmigo hasta el día de hoy.

-¿Y el peor?

-Cuando se murió un perro que llevaba conmigo veinte años. Lo pasé mal. De hecho, lloré más por ese animal que por familiares directos. Suena mal, pero es así.

-¿Y su abuela Olvido qué opina de todo esto?

-Es mi mayor fan. Una vez me enteré de que estaba sonando en Radio 3 porque me avisó ella.

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